
Tras un shock, el organismo humano vuelve a la calma de forma gradual. Los niveles de adrenalina y cortisol van bajando mientras se va tomando conciencia de lo presentado. No significa esto de ningún modo que las cosas se detengan, sino que en ese proceso se va asimilando y comprendiendo la magnitud de lo presenciado. No necesariamente dándole un sentido, que es por definición subjetivo, sino apreciando los distintos elementos y matices que presenta lo que ha provocado lo revelado. En el caso de la serie de James Tynion IV y Martin Simmonds, “El Departamento de la Verdad» en su cuarto volumen, “El Ministerio de la Mentira” (“The Department of Truth, Vol. 4: The Ministry of Lies”) ocurre algo similar.
Tras las sacudidas conceptuales provocadas en el arco principal de la serie, “El Fin del mundo” y “La ciudad sobre la colina” y los apuntes contextuales que supusieron “Un país libre”, da la sensación de que Tynion IV levanta aquí el pie del acelerador. Como si tuviera claro que, hasta aquí, ya ha vertido suficientes conceptos en la serie como para dar un respiro al lector en ese aspecto. Es momento entonces de dejar que la trama discurra por parametros, digamos, más convencionales, pero igualmente efectivos. En esas coordenadas se va a ir asentando lo anteriormente expuesto, mientras se deja espacio al lector. Y eso es lo que ocurre en esta cuarta entrega, que comprende los números #18 al #22 de la serie publicada por Image en Estados Unidos.

Al fin y al cabo, este delicioso horror en viñetas entre lo político y sobrenatural necesita, como una buena canción, espacios en silencio para que resuenen sus “acordes conceptuales”. De esa manera, se amplifica más la esencia misma de la propuesto. Y ese es el camino que toma este volumen. Uno en el que quizá no aparezca ningún concepto adicional en la trama ya planteada, pero ésta crece a hombros de lo ha introducido con anterioridad, fructificando un conjunto más robusto y firme.
Así se compone “El Ministerio de la Mentira”, donde se nos va a presentar a la contrapartida comunista de “El Departamento de la Verdad” durante la época de la Guerra Fría, en una suerte de acertada metáfora de la guerra propagandística entre dos bloques antagónicos en cuanto a la concepción de la sociedad y el relato que propagan en sus áreas de influencia y control. Pero eso solo es uno de los manantiales sobre los que beben estas páginas. El otro es el camino de manipulación y ansiedad en los que se ve envuelto el protagonista de la serie, al que su situación “laboral” va alterar hasta sus relaciones de pareja. Mientras tanto, el pasado de la Guerra Fría convive con un presente desnortado, donde la propia agencia de propaganda tiene el enemigo en su propio país, “El Sombrero Negro”. Una organización con la misma capacidad para materializar creencias en la sociedad norteamericana y llegar a poner en jaque al estado profundo que controla las creencias populares.

En esa amalgama es donde va madurando el corpus argumental de la serie. De forma orgánica. Simplemente dejando fluir todos los potentes conceptos expuestos previamente. Haciendo que crezcan mientras el guion avanza. Sin grandes golpes de efecto, pero con la consistencia que hace germine lo ya sembrado. Y es que, para que el viaje sea más efectivo, Tynion acertadamente ha levantado en esta entrega el pie del acelerador. Sabiendo que, del mismo modo que hay momentos en los que hay que sorprender, hay otros en los que hay que dejar que el terreno libre de nuevas siembras para que lo que se ha plantado antes crezca de forma sólida.
Ese es el momento que comprende “El Ministerio de las Mentiras”. Un terreno en el que Martin Simmonds vuelve ha asumir la totalidad del arte del volumen para seguir cohesionando la personal identidad gráfica de esta fábula entre lo terrorífico y lo conspirativo. Esta metáfora sobre la propaganda institucional y el control del relato. Del poder de la fe, si se alimenta y se sugestiona lo suficiente. También del misticismo, con las tulpas como ejemplo, y lo de maquiavélico que puede implicar la manipulación de las corrientes de opinión. De las leyendas urbanas convertidas en creencias populares situadas en los márgenes, pero convenientemente alimentadas por intereses oscuros.

De todo ello se nutre el guion que plasma con eficaz maestría Simmonds en las páginas de “El Departamento de la Verdad 4. El Ministerio de la Mentira”. Páginas traducidas y rotuladas por El Torres en la edición en castellano de Norma, y que siguen construyendo una lectura tan inquietante como sublime. Una en la que en este volumen no espera ninguna sorpresa adicional, pero si la solidez de una trama compacta que crece a paso firme. Una suerte de falsa calma tras los shocks previos, gustosa de recorrer en cada uno de sus siniestros recovecos.
