
Proveniente del misticismo budista, “tulpa” designa una manifestación que se encarna de forma tangible a partir de que alguien piense o crea en el. De ese concepto etéreo parte hacia lo físico, a través de la fe de quien cree en su existencia. Si esa creencia, sea de cual tipo, es compartida por varios sujetos, ésta se hará tangible. Sea una leyenda urbana, una teoría conspirativa o cualquier mito rural que acompaña a la sociedad, la posibilidad de hacerlos reales es una cuestión de fe.
Si a eso le sumamos, en esta época oscura donde vivimos, donde la desinformación corre a sus anchas por la red de redes y se procura pastorear al personal desde diversas ideologías políticas e intereses políticos, el resultado obtenido es uno muy potente. Por todo lo que implica. Y de eso se nutre la celebrada serie de James Tynion IV y Martin Simmonds: “El Departamento de la Verdad” (“The Department of Truth”), cuyo segundo TPB, “La ciudad sobre la colina” (“The city over the hill”) es objeto de nuestra atención hoy.

Editado en castellano por Norma y con traducción y realización técnica a cargo de El Torres, este segundo arco argumental, que incluye las entregas #8 a #13 de la serie publicada por Image. Los números #6 y #7 se han reservado para incluirse en otro volumen, en una sabia decisión conceptual, pues redunda en beneficio del lector continuar la lectura por esta senda tras “El fin del mundo” (“The Department of Truth vol. 1. The End of the World”), su primer tomo. Aquí, tras haber descubierto el poder del relato, ahondaremos en el rico contexto que maneja Tynion en esta obra. Uno que siempre tiene un pie en lo fantástico, pero otro en una zona mucho más estimulante, compuesta de elementos propios de la antropología, la sociología, la política y los mitos populares. Como son aquellos que navegan por los vertederos que muchas redes sociales se han convertido, presa de incautos necesitados de creer en un mal mayor que justifique sus posicionamientos políticos o su razón de existencia.
De esas leyendas, rumores, mitos y demás armas de propaganda masiva se nutre el Departamento de la Verdad. Tanto la serie, conceptualmente, como la organización que da título a la obra. Pues ellos son los encargados de manejar el relato y las creencias populares, para potenciar las que les interesa y silenciar las que no proceden. Se hayan “manifestado” o no, ese es su trabajo. Uno de despacho, pero también de campo. Con una alta dosis de trabajos sucios en aras de mantener limpio el status quo oficial. En frente, su némesis, el «Sombrero Negro«, la organización clandestina destinada a ser el contrapoder en el control del relato.

Con esa premisa, la meramente política y conspirativa, la serie ya sería, de por sí, interesante. Pero Tynion no se ha conformado con eso. A la mezcla le ha añadido una buena dosis de antropología sobre mitos, creencias y religiones, junto a una parte sobrenatural que solidifica el mosaico. Uno que, lejos de abrumar, absorbe al lector, por lo bien cohesionadas que están las partes que arman este “Departamento de la Verdad”. Donde todo cabe de estos ámbitos, desde evocar la gran tragedia americana que fue el asesinato de Kennedy hasta citar (y dibujarlo como icono político representando una era) a Ronald Reagan en el título del segundo TPB, pues el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos utilizó el símil de una ciudad sobre la colina para referirse a su país.

En esa amalgama sigue creciendo este relato, con un Martin Simmonds pletórico, en páginas que captan la esencia conceptual que supone todo lo que envuelve a la trama, en una amalgama entre política de despacho, control del relato, manipulación de masas, leyendas urbanas y teorías conspirativas. Bien sazonada con unos diálogos sólidos, que elevan el interés conforme se desarrollan y hacen que, cuando uno acabe de recorrer “La ciudad sobre la colina” quede tan satisfecho de lo leído como ávido por continuar la trama. Señal de que la mayor verdad que tiene este departamento es su sólida construcción conceptual, bien anclada en muchos aspectos de la vida occidental de las últimas décadas. Tanto a nivel político como en lo popular y conspiranoico . Y es ahí, en la conjunción de esos elementos, donde se manifiesta el poderío de esta serie. Donde las creencias encarnadas son un arma sobrenatural y propagandística de primer orden. Donde la información, más que poder, es un arma de destrucción masiva, si está bien dirigida hacia la masa crédula. Esos mimbres, y la metáfora obvia que se desprende, hacen de esta serie una de las más interesantes, no solo de las que ha escrito James Tynion IV, sino de todo lo que han publicado en Estados Unidos en los últimos años.
