Green Lantern de Geoff Johns 5. Se busca: Hal Jordan. Ascendente año dos

Ivan Reis, Dave Gibbons y Daniel Acuña. Esos fueron los socios gráficos que tuvo Geoff Johns durante más de la mitad del segundo año de la cabecera regular del centinela esmeralda. Una vez hecho lo más dificil, despertar el interés en la figura de Hal Jordan con la miniserie de su renacimiento y el espectacular comienzo de la serie junto a Carlos Pacheco, Jesús Merino y Ethan Van Sciver, le tocaba a Geoff Johns demostrar que lo que tenía en mente con la franquicia de centinelas intergalácticos no iba ser flor de un día. Y lo hizo con creces, como muestra, las siete grapas que se incluyen en esta “Biblioteca Green Lantern de Geoff Johns 5: Se busca: Hal Jordan”, con traducción de Bárbara Azagra y prologado por David Hernández, recuperado por Panini en su acertada biblioteca dedicada a la mejor época del personaje creado por John Broome y Gil Kane.

Si bien Hal Jordan nació en plena “silver age” como una recreación del original Green Lantern de 1940, Alan Scott, de Martin Nodell y Bill Finger , no fue hasta entrado en el siglo XXI cuando conocería su etapa dorada. La definitiva y la que lo hizo crecer, tanto a el como a todos los elementos y personajes de su entorno conceptual. Y el responsable de ello no es otro que Geoff Johns, rodeado además de artistas de primer nivel que perfilaron páginas gloriosas de épica interestelar.

Con un pie en lo humano y otro en lo divino, Geoff Johns ya había dotado de coherencia y remendado todos los rotos conceptuales perpetrados una década atrás en aquella DC comics de finales del siglo XX que no sabía que hacer con muchos de sus personajes de catálogo. Corría 2006 y el volumen 4 de Green Lantern, con solo un año de recorrido, ya era una de las cabeceras más excitantes de la Distinguida Competencia. Quedaba no solo mantener lo conseguido, sino elevarlo. Y vaya si se elevó entre 2006 y 2007.

El verano de 2006 dio el pistoletazo el nuevo arco argumental de la serie, “Se busca: Hal Jordan”. Repartido en los números #14 a #17”, Johns explotaba la idea de que Jordan fuera acusado de un crimen que no había cometido, mientras un montón de mercenarios galácticos iban tras el. Esa idea principal se aderezaba con el problema terrenal del terrorismo internacional (visto ahora quizá resulta una visión simplista) y el peligro que corría “cowgirl”, su compañera en las fuerzas aéreas y nuevo interés romántico de Hal. Así compuso Johns una aventura en cuatro partes en la que harían acto de presencia tanto los Rocket Reds como los Guardianes Globales y la Liga de la Justicia. Una aventura por momentos deslavazada, pues parece una colección de giros y apariciones efectistas que se suceden, y que al final resultaron ser los fuegos fatuos que preceden a la verdadera munición. La que se comenzaría a servir en los números #18 a #20, preparandonos para lo mejor que estaba por venir.

Pero no adelantemos acontecimientos y centrémonos en “Se busca: Hal Jordan”, arco que sirvió para que Ivan Reis exhibiera una rotunda espectacularidad con su arte, haciéndose ya desde ese momento como uno de los mejores dibujantes que han contribuido a las páginas más brillantes que haya protagonizado Jordan. Entintado por Oclair Albert y coloreado por Moose Bauman, Reis supo sacar todo el partido al guion de Johns, haciendo brillar al máximo las posibilidades que ofrecía esta aventura: un auténtico blockbuster superheroico en viñetas. Uno que se advertía una falta de profundidad en muchos aspectos y con una infrautilización de muchos de los secundarios que aparecieron en sus páginas (quizá demasiados para el peso real que tenían en la trama), pero que sirvió para asentar algún concepto de los que vendrían a desarrollarse antes de que acabase el segundo año de la cabecera.

Antes de llegar a uno de los hitos de esta serie, quedaba la vuelta al primer plano de Carol Ferris. Justo cuando Daniel Acuña dibujó la historia principal del siguiente arco que compone los siguientes tres números. Uno en el que conceptos clásicos como el “Zafiro Estelar” vuelven retomados por Johns. En este caso de una forma sólida y que sirven, además para comenzar a componer el mosaico del espectro emocional de colores que vendría posteriormente a expandir los conceptos de los corps de forma rotunda.

Volver a recorrer estas páginas es encontrarnos a un Acuña casi novel en el mercado estadounidense y a años luz de la grandeza que exhiben sus páginas actuales (vease “Escape” para ello), pero con altas dosis de espectacularidad y efectividad. Viendo su contribución en Green Lantern ya se aprecian muchos de los elementos de su magnetico estilo, de su capacidad para componer secuencias y páginas colosales y su seductor color. Todo eso ya está, de forma primigenia quizá, en estas páginas. Un estilo que ya era de por si personal, fruto de un talento y una visión especial para la composición, narrativa y color. Una manera de narrar y dibujar que ya destacaba por aquel entonces y que, con los años, ha ido en línea ascendente hasta una madurez que lo convierte en uno de los más grandes dibujantes españoles que haya dibujado cómics en Estados Unidos. Esa grandeza quizá comienza en estas páginas y en las que hizo para el Flash de Mark Waid. Dos décadas despues, con la distancia de los años, sigue siendo una gozada verlas. Por lo que suponen como primeros pasos en un mercado tan difícil y exigente como el estadounidense. Aún a años luz del nivel que posee Acuña hoy, siguen siendo páginas y viñetas que conviene degustar y recorrer.

Para esas tres entregas, no obstante, Johns repartió esfuerzos y, junto a la historia a cargo de Acuña, había espacio para un pequeño relato donde Dave Gibbons dibujó algunos orígenes de los Sinestro Corps que tanta importancia iban a cobrar de forma inminente. Gibbons, que ya se encargó en los ochenta de la serie de Green Lantern, estaba por aquella época desarrollando los guiones de la serie de los “Green Lantern Corps” sobre las ideas maestras de Johns y estos pequeños relatos le ofrecieron volver a dibujar a algunos de los seres que iban a conformar la mayor amenaza que se enfrentarían en breve los centinelas esmeralda. Junto al siempre efectivo arte del dibujante de “Watchmen”, el color de Moose Baumann hacía el resto para ir sumando un peldaño más a lo que iba a venir, quizá la mejor manera de culminar el segundo año de nueva vida de la franquicia. Pero de eso ya hablaremos en otra ocasión, con la dedicación que sin duda merece.

Así se culminaba ese camino ascendente de esas grapas que nos llevaban hacia el primer evento de gran envergadura que iban a protagonizar Hal Jordan y el resto de Green Lantern Corps. Por aquel entonces pocos intuían que lo mejor estaba por llegar, pues la serie marcaba un tono ascendente a cada entrega. Desde las portadas, a cargo en estos números de Ethan Van Sciver y el propio Ivan Reis, hasta los concepto que hábilmente comenzaba a reintroducir Johns. Visto en perspectiva, había muchos golpes de efecto (sobre todo en el primer arco), pero de lo que se sembró aquí nació la mejor época que jamás haya vivido Hal Jordan en viñetas.

Veinte años después de que estas aventuras vieran la luz, su lectura sigue siendo vigorosa y espectacular, pues la luz de este Green Lantern resiste con solvencia el paso del tiempo. Una luz, que, como ya hemos dicho, comenzó a brillar a partir de estos números con una mayor intensidad. Que aún perdura en la memoria de muchos y en el agradable encuentro que les supondrá a otros cuando descubran este “Green Lantern de Geoff Johns 5. Se busca: Hal Jordan”. Al fin y al cabo, estás páginas suponen constatar el rumbo ascendente que comenzaba a tomar la serie de Geoff Johns. Uno que, sin duda, supuso un hito en la historia de Green Lantern.

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