Escape: El desafío superado de Águilas

Águilas, Murcia. Primavera de 2019. “Hemos estado hablando de la posibilidad de hacer algo juntos”. Eso es lo que nos comentó Daniel Acuña en petit comité mientras tomábamos un café al lado de la playa. Rick Remender, con quien tan buenos resultados habían logrado juntos en “Imposibles Vengadores”, le había comentado la posibilidad de hacer conjuntamente un proyecto propio, en el que pudieran explorar terrenos creativos más fértiles. En ese momento, el artista aguileño se encontraba al cargo del arte de Pantera Negra, actividad a la que dedicaba cuerpo y alma, consiguiendo levantar los guiones de un Ta-Nehisi Coates en horas bajas. Un trabajo que, si merece recordarse, es por lo mucho de bueno que tiene en términos artísticos y plásticos, pues Acuña se encontraba en plena efervescencia creativa, experimentando con colores y propuestas cromáticas que hacían de sus páginas algo siempre refrescante.

El tiempo pasó, y por el camino quedó el solvente debut como autor completo del artista aguileño en la serie «Marvel» que dirigía Alex Ross. Como broche se preparaba la culminación de su etapa como artista en exclusiva de Marvel con “Vengadores: Crepusculo” junto a Chip Zdarsky, quizá de lo más selecto que ha editado “La Casa de las Ideas” en mucho tiempo. Después, era el momento de iniciar una nueva etapa. De recoger la propuesta de Remender y llevar a término el nuevo proyecto conjunto. Uno donde tanto guionista como dibujante sacudirían el mercado estadounidense el año pasado – cuatro reimpresiones del primera grapa de Image, sin ir mas lejos – y que, por fin ha visto la luz en España de la mano de Norma Editorial. Nos referimos a “Escape”, cuyo primer TPB ya está disponible en castellano, con traducción de Hernán Migoya.


Al abrir “Escape” y comenzar a leerlo, nos asaltan muchas sensaciones. La primera: recorrer un buen relato donde Rick Remender coje lo mejor de las historias bélicas y, subido a lomos de gigantes, brinda una solvente trama llena de oficio, donde lo humano y lo dantesco se encuentran. Conforme se avanza, el argumento se va despojando de dicotomías simplistas y se van mostrando matices que enriquecen el contexto bélico que se muestra. Hecho que a todas luces lo enriquece, revistiendo al personaje principal, Milton Shaw, de una tridimensionalidad muy pegada al suelo, que lo hace creíble por lo que cuenta y por lo que calla. Por su pasado, que se nos muestra mientras se haya en territorio enemigo, y por el presente donde se desarrolla la acción.


Para crear al personaje, Remender se inspiró en su abuelo, con la Segunda Guerra Mundial y el conflicto que se desarrolló en Europa siempre presentes. Pues ahí es donde se desarrolla esta historia, si bien se ha plasmado en una suerte de fantástico universo en el que los personajes son perros antropomorfos. Un recurso que, en manos de Acuña, ha sido una oportunidad bien aprovechada para poder dotar a cada uno de los caninos personajes de una personalidad rotunda, donde cada gesto facial lo expresa todo, representando y caracterizando nítidamente a cada uno de los integrantes de esta odisea bélica. Entroncada, como bien se puede deducir en estas líneas, en la tradición de la mejor ficción bélica que ha crecido al calor de la Segunda Guerra Mundial. Esa que renuncia al simplismo dicotómico para aportar la complejidad que esconden los horrores de la guerra. El terreno donde crecen los verdaderos héroes. Los que lo tienen todo en contra y se saben peones de un juego mayor, pero siguen adelante porque “alguien tiene que hacerlo”. Porque saben que, de no llevarlo a cabo, las consecuencias serán peores. Por eso siguen adelante, aunque el precio a pagar sea el más coste personal conlleve.

De eso se nutre “Escape”. Un relato que, de haberse representado con personajes humanos, hubiera sido ya solvente. Pero esto es mejor: por el exitoso salto sin red que ha sido representarlo con animales antropomorfos, perros en este caso. Con ellos, Acuña ha logrado unos resultados dramáticos y plásticos notables, impregnados con un sello propio que hacen de la obra algo singular, que la distingue del resto. Baste para ello ver cualquier gesto de Milton o de cualquier otro de los personajes que pueblan estas páginas.

Capítulo aparte merece el color. Acuña ha demostrado sobradamente que es mucho más que un excelente dibujante, pues su habilidad y sentido plástico con el color y la luz es notable. Hecho que hasta el propio Alex Ross ha reconocido. Acuña enriquece sus páginas cuando las colorea, pues con los caminos cromáticos que elige dota de mayor fuerza lo que cuenta en viñetas. Una fuerza característica de su obra y que, vista la evolución de las últimas décadas, siempre está en ascenso. Se le nota, en esta faceta, una madurez llena de esplendor, una en la que cada línea aporta, cada encuadre potencia y cada color aplicado es un catalizador para potenciar lo que se quiere contar.

Todo eso está en las seis primeras grapas de “Escape”. Las cuales podemos disfrutar en castellano ahora en las 168 páginas que ha editado en cartoné Norma. Tebeo que sirve para un reencuentro artístico también, pues está traducido por Hernán Migoya, el que fuera el primer editor de Dani cuando creó junto a Santi ArcasClaus & Simon”. Tebeo que si el mundo fuera perfecto debería tener una reedición que le hiciera justicia.

Volviendo al tebeo que nos ocupa, he de decir que ha pasado mucho tiempo desde aquella conversación del 2019 en Águilas. Siete años después, los frutos de aquellos primeros contactos entre Remender y Acuña los tenemos en este tebeo que marca la diferencia. La que separa lo cotidiano de lo excepcional. Ha valido la pena, pues, la espera. Quizá por eso, por haber sido conocedor el arriba firmante de la gestación de esta obra cuando solo era un esbozo en el aire en la localidad murciana, se ha decidido titular esta reseña jugando con el título de un clásico del cine bélico (“El Desafío de las Águilas”, de Brian G. Hutton). Al fin y al cabo, que «Escape» sea una realidad es como un desafío plástico y narrativo superado con notable excelencia. Así que elijan su lugar preferido para leer y abran este volumen. Posiblemente no lo suelten hasta llegar al final. Tanto por el solvente relato bélico que cuenta como por el festival artístico que supone. Aquí “comienza el baile”. Y tenemos la suerte de estar en primera fila presenciándolo.

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