El Departamento de la Verdad 1. El fin del mundo. El control del “relato”

El relato. Es lo que ha sustituido a los hechos en la última década. Ya no se trata de informar, sino de persuadir. De servirse de lo ocurrido para construir un mensaje interesado. Sin dejar espacio para que el receptor pueda analizar y tomar sus propias decisiones. La persuasión es la consigna. Y la forma de conseguirla es mediante lo que antes se llamaba propaganda: controlar la información con una finalidad especifica. Para ello, en un alarde de cinismo, utilizan el nombre con el que se ha designado habitualmente las narraciones breveS. Suponemos que así es más sutil que decir directamente “vender la moto” para pastorear a la ciudadanía.

Este fenómeno no solo se da desde las instancias poderosas hacia un determinado electorado. También ocurre a otros niveles, pues es multidireccional. Desde los departamentos de “comunicación” de partidos políticos de cualquier ideología hasta grupos económicos, empresas u organizaciones. Se decía que la información era poder. Ahora quien lo ostenta es quien controla el mal llamado “relato”, más cercano al marketing que a la comunicación política o la información entendida como suministro neutro de hechos y datos. Frente a este fenómeno, la difusión de teorías conspiratorias no ha dejado de crecer las últimas décadas. Algunas más disparatadas que otras, todas encuentran su público. Aunque falten datos que las respalden, siempre hay receptores que quieren creer, como creyentes frente a la evidencia empírica.

Baste ver las redes sociales y lo que vierten cada día para corroborar lo expuesto. O los medios generalistas de información, más preocupados de audiencias, clickbaits y difusión que de proporcionar noticias sólidas. Ese es el mundo que vivimos, que nos rodea. Y de ese mundo bebe el cómic que hoy nos ocupa: El Departamento de la Verdad” (“The Department of Truth”), de James Tynion IV y Martin Simmonds. Todo un clásico moderno sobre las teorías conspirativas y los mecanismos gubernamentales de desinformación que procuran controlar la opinión general.

De ahí parte James Tynion IV («W0rldtr33«, «Cadáveres Exquisitos«, «Spectregrahp» o, entre otros, «The Nice House on the Lake«) en el primer volumen de la serie que hoy nos ocupa: “El fin del mundo” (“The End of the World”). Toda una notable presentación de la serie donde se juegan con muchos de los fantasmas que pueblan por el imaginario popular estadounidense. Desde la herida que produjo el asesinato de John Fitzgerald Kennedy en 1963 hasta los miedos populares a las sectas satánicas, pasando por las creencias más terraplanistas. Con esos mimbres, Tynion IV nos recuerda que no hay nada más férrero que una creencia, por mucho que los hechos digan lo contrario. De hecho, la verdad, es lo de menos. Lo importante es controlar lo que percibe la gran mayoría.

A eso se dedica “el Departamento de la Verdad”, el organismo secreto del gobierno estadounidense donde Cole Turner, el protagonista del cómic, comienza a trabajar. Turner, estudioso de las teorías de conspiración, va a descubrir que, más allá de la verdad o la mentira, está el control de esa información y el poder que trae eso consigo. Teniendo eso en cuenta aparece una pregunta en el horizonte: ¿y si, en un alarde de metáfora máxima, la determinación de creer en algo implica que se materialice? Más allá de la parte fantástica subyace una reflexión más incómoda, pero muy lúcida, que no es otra de que la veracidad sobre un hecho se de en función de que la mayoría de la sociedad lo crea.

Así comienza Tynion IV uno de sus mejores guiones. Con un pie en las leyendas urbanas y otro en las conspiraciones que circulan a nivel popular. A su lado, Martin Simmonds (“Punks not dead”) plasma en certeras páginas la trama de este thirller sobre secretos y manipulación. Con ese personal estilo que bebe de la estética de Bill Sienkiewicz y Dave Mckean, posee un efectivo sentido del color que refuerza el tono e intensidad de cada una de sus páginas. En simbiosis perfecta para un relato de estas características. Entendiéndose como tal el de «narración». Que desde aquí nos apetece devolverle el noble significado a esa noble palabra tan manoseada últimamente por los medios de comunicación.

Editada en castellano por Norma, con rotulación y traducción de El Torres, “El fin del mundo” supone así el principo de una serie a tener muy en cuenta. Una de las más sólidas de las que lleva a cabo Tynion. Siniestra y con un pie en lo conspirativo. Ideal para un mundo donde cada vez se cree más y se analiza menos. El germen perfecto para que “El Departamento de la Verdad” sea muy inquietante.

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