Biblioteca Marvel Namor El Hombre Submarino 7: alianza con Muerte

Hay personajes que protegen a la humanidad porque creen en ella. Otros porque tienen un gran sentido de la responsabilidad. Y luego está Namor, que lleva décadas salvando el mundo con la misma alegría con la que uno baja la basura un domingo por la noche. Si por él fuera, la superficie tendría que haber sido desalojada hace años por incompetentes, contaminantes y, sobre todo, por gente que no sabe respetar los océanos. Así que aquí tenemos el séptimo volumen de Biblioteca Marvel: Namor, el Hombre Submarino, publicado por Panini Comics, una nueva excursión al fondo del mar donde nuestro príncipe atlante vuelve a demostrar que puede estar enfadado con prácticamente todo lo que tenga pulso.

El tomo recopila Namor, The Sub-Mariner 15-20, con Roy Thomas a los guiones y una estupenda nómina artística encabezada por Marie Severin, con la aparición, además, de John Buscema, Vinnie Colletta o Joe Sinnott. Es decir, tenemos talento suficiente para levantar una catedral, pero ellos decidieron levantar a un tipo con calzoncillos verdes que se pasa el día gritando «¡por Atlantis!» mientras amenaza a medio planeta. Y qué maravilla.

El volumen empieza con el Hombre Dragón, que aparece dispuesto a repartir mamporros como si estuviera cobrando por ello. Es un comienzo bastante discreto, pero no hay que preocuparse. Namor tiene una especialidad que consiste en convertir cualquier problema relativamente pequeño en una crisis internacional. Dale un monstruo y acabará implicando a Atlantis. Dale un barco y tendremos una conspiración. Dale un charco y probablemente declarará la guerra a alguien. Y entonces llegamos a los Sargazos, donde la cosa empieza a ponerse realmente divertida. Aquí Roy Thomas se mete de lleno en la aventura fantástica con barcos fantasma, leyendas antiguas, misterios marinos y Tiburón-Tigre, que vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: intentar fastidiarle la existencia a Namor.

También vuelve a aparecer Walter Newell, un científico que pronto va a descubrir que trabajar tranquilamente en un laboratorio es una actividad sobrevalorada. Porque en Marvel, cuando tienes la mala suerte de ser inteligente, tarde o temprano alguien te proporciona un traje ridículo y te obliga a combatir el crimen. Y así nace Manta Raya. El diseño de Marie Severin es estupendo y consigue que el personaje tenga una personalidad visual propia. Aunque también hay que decir que el Universo Marvel de esta época tiene una relación bastante peculiar con la moda. Los señores se ponen unas mallas, una capa, un casco o cualquier cosa que encuentren por casa y, mágicamente, ya están preparados para salvar el planeta. Manta Raya, además, empieza enfrentándose a Namor porque los humanos están convencidos de que el atlante es culpable de todos sus problemas. Y aquí tenemos una de las grandes bromas involuntarias de la historia. Los extraterrestres están intentando robarse toda el agua de la Tierra y los humanos sospechan de Namor. Sí. Namor, príncipe de Atlantis, señor de los océanos, gobernante de una civilización que vive literalmente dentro del agua, es acusado de estar detrás de un plan para quitarle el agua al planeta. Es como acusar a un esquimal de provocar una invasión de pingüinos para quedarse con el hielo.

El pobre Namor debe de estar pensando: «¿Pero vosotros sois idiotas o simplemente trabajáis por turnos?». Porque, además, los alienígenas no quieren una botella. No quieren un par de depósitos. Quieren toda el agua del planeta. Un plan ecológico de una sutileza extraordinaria: vaciar la Tierra como quien vacía una bañera. Y mientras tanto, la humanidad, que podría preguntarse quién demonios está intentando chupar los océanos mediante una tecnología extraterrestre, decide mirar a Namor y decir: «Seguro que ha sido este». La diplomacia entre Atlantis y la superficie, en definitiva, está en su mejor momento.

En medio de este follón aparece Tritón, que siempre viene bien porque parece ser uno de los pocos personajes capaces de hablar con Namor sin terminar inmediatamente envuelto en una guerra. Tritón aporta ese toque de los Inhumanos que le viene muy bien a la historia y, además, ayuda a recordar que Namor no está completamente solo en este mundo de locos. Bueno, solo sentimentalmente sí. Porque aquí también tenemos a Diane Arliss, que empieza a adquirir mayor importancia y amenaza con convertir la vida amorosa de Namor en otra batalla naval. Diane y Dorma rivalizando por el corazón del atlante, mientras él probablemente considera que tomar decisiones sentimentales es una actividad para débiles.

Finalmente, como si todo lo anterior fuera poca fiesta, llega el Doctor Muerte. Porque claro. Si tienes un reino submarino amenazado, un gobierno terrestre paranoico, extraterrestres robando océanos, un nuevo superhéroe, un triángulo amoroso y un príncipe sin branquias, lo único que falta es Victor von Muerte. La alianza entre Namor y Muerte es uno de esos momentos gloriosos del cómic Marvel clásico. Dos egos del tamaño de un portaaviones intentando colaborar sin asesinarse mutuamente. Muerte tiene sus propios planes, naturalmente, porque Victor no hace nada gratis ni aunque esté de oferta. Si Muerte te dice «vamos a ayudarte», lo prudente es comprobar dónde está la trampa, dónde está la segunda trampa y dónde ha escondido la tercera. Y Namor tampoco es precisamente conocido por su capacidad para confiar en los demás. Así que la alianza promete ser más estable que una mesa con tres patas rotas.

Visualmente, Marie Severin se lleva buena parte de los aplausos. Su trabajo tiene una enorme personalidad y consigue que estas aventuras tengan ese sabor fantástico y ligeramente psicodélico que tan bien funcionaba en el Marvel de la época. Monstruos, criaturas marinas, extraterrestres y superhéroes tienen una presencia estupenda, y además Severin demuestra que puede manejar a Namor sin convertirlo en un simple cachas enfadado. Aunque, admitámoslo, ser un cachas enfadado forma parte de su encanto. Y después tenemos a John Buscema, que aparece para recordarnos que cuando él se pone a dibujar personajes Marvel, el resto del universo debería apartarse un momento y mirar. Su Namor tiene una fuerza espectacular. El tipo parece capaz de atravesar una pared simplemente porque la pared le ha mirado mal.

Este séptimo tomo de Biblioteca Marvel: Namor, el Hombre Submarino es, por tanto, una estupenda ración de Marvel clásico: imaginativa, disparatada, aventurera y con suficiente mala leche como para que el agua del océano empiece a hervir. Barcos fantasma, alienígenas con sed, científicos convertidos en superhéroes, gobiernos paranoicos, princesas enfrentadas por amor y un Doctor Muerte que aparece para demostrar que siempre se puede añadir una capa más de problemas a cualquier situación. Y si después de leerlo alguien decide que quiere vivir en Atlantis, que se lo piense dos veces. Porque con Namor como jefe, hasta pedir vacaciones debe de considerarse un acto de traición. Y probablemente acabe en guerra con Latveria.

Deja un comentario