
“Por el día, el hambre…
Por la noche, el miedo…”
Con muchos autores célebres ocurre: Al referirse a ellos se suele hacerlo citando su obra más reconocida y al hacerlo, se deja de lado una buena cantidad de trabajos notables impregnados de su buen hacer. Esa es la sensación que tenemos cuando se habla de Carlos Giménez, que muchas personas, traspasado el círculo de los aficionados, lo citan junto a “Paracuellos”, su obra más célebre. Junto a ella, sin embargo, existen una serie de trabajos más que interesantes. Cómics en los que Giménez abordó el siglo XX español desde una perspectiva costumbrista, donde de forma nítida sus viñetas capturaron esos días. Ya fuera en términos más generales, como en “Barrio” o poniendo el foco en su profesión, véase “Los Profesionales” o su excelente “Pepe”, Carlos Giménez capturó en muchas páginas el pulso de la realidad. Ficcionada en historietas, por supuesto, pero con la capacidad de transmitir hechos ciertos, anécdotas ocurridas y vivencias propias y ajenas. De plasmarlas en viñetas para impregnar de realismo cada obra que ha ido acometiendo de este estilo. No hay que olvidar su faceta más lúdica, que también la cultivó, (“Dani Futuro”, “Gringo” o sus versiones gráficas de “La Máquina del Tiempo”, “Cementerio estelar”, o, entre otras, “Una voz en la noche”, donde adaptó de forma magistral dos relatos de William Hope Hodgson), pero donde más han brillado sus viñetas es cuando ha plasmado en ellas su mirada costumbrista sobre hechos reales.

Ejemplo de ello es “36-39: Malos Tiempos”, la obra con la que el historietista madrileño abordó la Guerra Civil española. Su acercamiento no fue contando los hechos oficiales y políticos del conflicto, ni siquiera mostrando las batallas importantes de la contienda. Giménez centro su mirada en la población civil, aquella que se vió metida de lleno en la guerra y la sufrió en sus carnes. La que padeció los abusos de poder y represiones varias, la que es “el daño colateral” de cualquier bombardeo. La que pasa hambre mientras la vida (que bien pudiera considerarse normal) se va carcomiendo por los embistes bélicos.
Esos son los protagonistas de “36-39: Malos Tiempos”: La gente a pie de calle que más suele sufrir las guerras. Esas personas que están abocadas a la escasez de bienes básicos conforme los conflictos bélicos avanzan. Las que se van acostumbrando a las purgas ideológicas en función de quien tiene el poder. La que sufre los asedios, las derrotas y las victorias. Si, porque una victoria también puede sufrirse. Y más cuando el vencedor es el supuesto bando contrario que no buscó la concordia sino la imposición de su triunfo sobre los vencidos. Y eso queda bien retratado en esta obra.

Desde una honradez artística notable, Carlos Giménez ya advertía en el prólogo del tercer volumen de esta serie que no era neutral en este tema. Pero si se puede comprobar que fue muy fiel a las vivencias que recopiló en estas páginas, alumbrando relatos testimoniales ambientados en ese Madrid asediado. Donde primero se sufrieron las represalias de algunos bandos defensores de la República y después el yugo opresor del bando rebelde que ganó la contienda. Y por el camino de una situación a otra, la falta de recursos materiales conforme el cerco sobre Madrid se estrechaba. La escasez de alimentación, los bombardeos nocturnos y convivir con la miseria se hicieron compañeros de viaje de los asediados. El frente estaba relativamente cerca, pero la penuria era una constante en cada calle de Madrid.

Todo eso lo retrata Giménez de forma muy nítida en los cuatro volúmenes de “36-39: Malos Tiempos”. Con Marcelinito y su familia como protagonistas, que nos sirven como instrumento para mostrar esos “días peores” cuando todo se degrada en un conflicto bélico. Giménez, de forma muy acertada, además, retrata las calamidades y miserias de ambos bandos, que las hubo. También muestra la cruel represión que comenzó cuando Madrid fue ya tomado. Porque no llegó la paz, sino la victoria. Y con ella las calamidades de mucha gente humilde que se quedó, por ejemplo, sin ahorros porque los billetes que tenían ya no eran de curso legal “por decreto”. Hecho que ilustra de forma notable lo que vino despues de que los fusiles callaron y aún quedaban cadáveres por recoger en los campos cercanos a la capital. Y que sirve de muestra de lo que supusieron esos años difíciles para muchos ciudadanos a pie de calle.

No era, en consecuencia, “36-39: Malos Tiempos” un tebeo complaciente, pero si honesto. Necesario por lo que muestra, abarca y sintetiza: la crónica del infierno que vivieron muchos civiles aquellos cuatro funestos años del siglo XX español. Donde, más allá de los hechos militares y políticos, el foco se pone en las víctimas que sufrieron esos días de pólvora y escasez. Donde, cuando hay hambre, de poco sirve la dignidad. Donde una bomba cae de forma aleatoria, matando por azar a unos u otros. Donde la humanidad se va enterrando entre las ruinas de un edificio derribado. Todo eso está en las 268 páginas de este integral: la obra completa y, como extras, una selección de dibujos, portadas de otras ediciones, estudios de personajes a lápiz que son una delicia y textos del propio Giménez y Carlos González Pérez. Releída la obra en pleno 2026, cuando a punto se cumplirán veinte años de su estreno y ya hay noventa de distancia respecto a La Guerra Civil, “36-39: Malos Tiempos” sigue siendo necesaria. Como recordatorio. Pero también como advertencia de lo que es realmente una guerra. Donde no hay épica en las batallas, sino miseria y horror.
