
El momento de escribir estas líneas coincide con la noticia de la concesión de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio a Carlos Giménez. Una dulce sincronicidad ha sido acabar de leer “El Debutante” y saber que el Consejo de Ministros del Gobierno de España, a propuesta de la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, haya distinguido al autor madrileño. Quizá ésta sea la mayor condecoración en material cultural que se pueda otorgar a alguien en este país. Este galardón hacia Carlos Giménez no solo supone una merecida distinción a su esplendida trayectoria, sino que, por fin, se pone en justo valor al cómic como medio de expresión cultural. Algo que era una cuenta pendiente y que, con esta condecoración, queda definitivamente saldada.
La trayectoria de Carlos Giménez es de sobra conocida por todos. Muchas de sus obras (“Paracuellos”, “Los Profesionales”, “España: una grande y libre” o, entre otras, “Malos Tiempos” ) han servido de crónica de la España del siglo XX. Retratando esa realidad social pegada al suelo de la calle, de los vaivenes políticos y sociales. Todo desde una nítida y acertada cercanía en la que ha ido atrapando a varias generaciones de lectores.

Ejemplo de ello es el tebeo que hoy nos ocupa. “El Debutante”, el quinto y último tomo de “Barrio”, otra de las series icónicas de Giménez. En ella Carlos Giménez retrató la España de los ’50 desde la perspectiva de un chaval que pasa de la infancia a la vida adulta. Basado en vivencias personales, pero con la suficiente habilidad para que el relato no fuera solo una historia autobiográfica para devenirse en un retrato social de un tiempo y un país.
Así se vuelve a comprobar en el quinto y último volumen de esta saga que Reservoir Books ha editado este año. Giménez lleva estos últimos de madurez cerrando sus series más icónicas. Del mismo modo que antes lo hizo con “Paracuellos” o los “Profesionales” lo ha hecho con “Barrio”, mostrando el final del camino de la adolescencia en “El debutante”, donde el personaje llega a la vida adulta plenamente.

Desde que “Barrio” se comenzó a publicar en El Papus en 1977 hasta ahora las décadas han pasado. Y esa España de la transición cada vez se parece menos a la actual, aunque queden rasgos constantes. Sin embargo, “Barrio”, como la mayoría de obras de Giménez, mantiene tono y fuerza y los años, lejos de envejecerla, demuestran que sus crónicas en viñetas son atemporales. Siempre vigentes, con un tono cercano al lector y una nitidez absoluta en lo que muestran y cuentas. Retratos en viñetas de un país que nos dan la justa medida de lo que fue este pedazo de tierra en otro tiempo no tan lejano y que conviene recordar.
Por este, entre otros motivos, es de justicia el máximo galardón que acaban de conceder a Carlos Giménez. Uno que se suma a una larga lista de premios obtenidos en su carrera: Medalla al Mérito de las Bellas Artes en su categoría de Oro (2003), el Gran Premio del Saló del Còmic de Barcelona (2005), el Premio del Patrimonio del Festival Internacional de la Historieta de Angoulême por Paracuellos (2010), el Premio del Gremio de Libreros de Madrid por Crisálida (2016) o el Premio Acero de la Fundación Domingo Malagón (2017). A ellos se suma ahora la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio.

Desde estas líneas, como lectores de su obra, le damos la enhorabuena y nos quedamos con el premio que supone poder leer sus cómics. Tebeos como “Paracuellos”, “Pepe”, “Los Profesionales”, “Dani Futuro” y, entre otros, “Barrio”. Tebeos que nos han acompañado de por vida ofreciendo crónicas cercanas y certeras. Como “El Debutante”, el cierre de ciclo de otra serie icónica de Carlos Giménez. Un cierre a la altura del conjunto de la obra. Una crónica nítida de aquel país que fue y del que venimos. Un ejemplo más, de porque Carlos Giménez es justo merecedor de obtener la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. En el mundillo del tebeo español es un día para celebrar. Y nada mejor para hacerlo que leer cualquiera de sus obras. Como este cierre por todo lo alto de «Barrio» que supone “El debutante”.
