
«Predicador» supuso un antes y un después para sus autores. Tanto para Steve Dillon como para Garth Ennis, esa cabecera les colocó en un peldaño privilegiado como autores de cómics. En el caso del guionista irlandés, le otorgaba la posibilidad de poder abordar cualquier proyecto. Y lo aprovechó con creces, retornando a aquel género que leyó desde niño y que, si bien había abordado de forma soterrada en muchos cómics de ficción o superhéroes que había llevado a cabo, ahora se presentaba el momento de abordarlo y hacerlo en las mejores condiciones. Si. Por fin se presentaba la oportunidad en Vertigo de capitanear una cabecera donde desarrollar historias bélicas bajo un prisma realista, sin necesidad de disfrazarlas entre pijamas de superhéroes o ambientarlas en extraños futuros imaginados. Y Garth Ennis la aprovechó en «Historias de Guerra» («War Stories«) comandando con sus guiones a un batallón de autores excepcionales como Chris Weston, John Higgins, Dave Gibbons, David Lloyd, Cam Kennedy, Carlos Ezquerra y Gary Erskine.
Fueron apenas ocho entregas. Pero sirvieron para revelar al guionista irlandés como uno de los mejores para escribir sobre la guerra. Con unos guiones totalmente alejados de lo artificioso, con la sobriedad como bandera. Apoyado en una excelente documentación, Ennis alcanzó su madurez como escritor de cómics con relatos pegados al barro de la trinchera y al aire que golpea el caza de guerra. Esos ocho relatos supusieron, en 2002 y 2003, conocer a un Garth Ennis menos gamberro, pero más incisivo. Desde entonces hasta ahora, Ennis ha escrito varios relatos bélicos consagrándose como uno de los mejores a la hora de abordar un tebeo bélico. Ahí están sus «Battlefields«, «The Stringbags» o, entre otras, «Johnny Red: El Hurricane«. En un nivel superior deberíamos situar sus «Historias de la Guerra». No por nada seguimos hablando de ellas dos décadas después. No por nada, Aleta las ha recuperado en una edición integral en dos entregas. La última, «Historias de la Guerra volumen 2«, recién estrenada en castellano este verano para disfrute de los amantes del mejor cómic bélico.

Aunque vieran la luz con Vertigo en el mercado estadounidense, estos relatos beben de la mejor tradición realista de los tebeos de guerra británicos. La que se desarrolló en «Battle Action» y encontró en «La Guerra de Charley» su mayor exponente. Su legado es uno en el que no queda espacio para épica, pues el áspero realismo lo impregna todo. Esos son los tebeos de los que bebió Ennis cuando era un joven lector. Una influencia que no solo asimiló, sino que le sirvió de motor para ir más allá con lo que quizá sea, visto en perspectiva, los relatos que le han consagrado como uno de los mejores a la hora de abordar un relato bélico en cómic.
Basta recorrer las cuatro «historias de guerra» de este segundo volumen para corroborar estas afirmaciones. Donde lo misero, lo brutal y lo cruel nos esperan en situaciones límite. Donde la condición humana se muestra en situaciones extremas. Donde el sinsentido de la guerra toma cuerpo mientras los soldados caen en combate. Donde las victimas civiles son algo más que daños colaterales. Donde, en definitiva, no queda nada de épica y si una amarga verdad. La de la condición humana.

Como muestras, estas cuatro compactas piezas de relatos bélicos. La primera, «Los Incursores» («The Reivers»), donde Cam Kennedy ilustra las incursiones de un batallón de las SAS británicas en la zona dominada por los Afrika Korps en el frente de África oriental. La misión que nos describe la historia revela el carácter del líder del batallón: tan siniestro como la Segunda Guerra Mundial en la que participan.
Tras el desierto africano, volamos a los cielos europeos con David Lloyd y «J de Jenny» («J for Jenny»), para contarlos las peripecias de los integrantes de uno de los bombarderos de la RAF que cada noche se alzaba por los aires para causar el mayor daño posible a las filas alemanas, con independencia de que las bombas no solo cayeran en objetivos militares. En constante equilibrio entre soberbias páginas que retratan las pericecias por los cielos queda perfilado el retrato psicológico de aquellos hombres a los que mandaron a hacer el mayor daño posible, dejando así el relato excelentes puntos para un reflexión postlectura.

Lo mismo se puede decir de «Cóndores» («Condors»). Quizá el mejor de esta cabecera. Con color de Moose Baumann (que también se hace cargo de pintar «Los Incursores») e ilustrado por el gran Carlos Ezquerra, Ennis nos presenta un curioso encuentro en una trinchera en la batalla del Ebro de la guerra civil española. El de cuatro soldados de los dos bandos y con diferentes sesgos ideológicos y carácter. Ese será el lugar, mientras cae la metralla, donde los combatientes confrontaran sus diferentes visiones de la vida e ideologías, en una suerte de tensa tregua mientras sus bandos se siguen masacrando. Así se fragua uno de los mejores relatos bélicos que ha escrito Ennis en toda su carrera. Tan humano como inmisericorde. Tan revelador como adictivo. Donde Ezquerra brilló maximizando todas las posiblidades que le daba este sólido y sobrio guion. Sin duda, «Condores», es la mayor joya que alberga este volumen. Una que conviene atesorar.
Cierra el tomo «Arcángel» («Archangel»), donde Paul Mounts pinta los cielos que Gary Erskine ilustra. Que sirven de escenario para que el protagonista, un piloto, se adiestre en el lanzamiento con catapulta de cazas Hawker Hurricane. Algo a priori muy absurdo, pero que resultó muy efectivo para el ejército británico en la Segunda Guerra Mundial.

Estos son los cuatro ases que esperan en «Historias de la Guerra. Integral volumen 2«. Cuatro relatos de una pieza. De los que no dejan indiferente. Que nos rebelan lo cruel y miserable de la guerra y ponen de relieve la condición humana, con todas sus luces y sombras. Cuatro muestras del mejor Ennis arropadas por un brillante escuadrón de dibujantes. En definitiva, todo un clásico del cómic bélico: quizá la mejor serie de este género que se ha publicado en Estados Unidos.
