
“Neko es un hombre tierno de sensibilidades extremas enfrentado a un terrible drama. Incapaz de superar la muerte de su mentor, vaga por el mundo tratando de desentrañar el sentido de la vida y buscando ese sentimiento puro y lleno de amor que le redima de todo el dolor y la rabia que siente y no sabe gestionar.”
Estas líneas aparecen en la contraportada del tebeo que tratamos hoy: “Apocalipsis Yokai«”, de Javier Marquina, UVE, Héctor Marper y Romina Molist. Tras leerlas quien conozca como las gastan los guiones de Marquina no hará otra cosa que “afilar el colmillo” mientras una mueca aparece en su rostro advirtiendo una sonrisa. Conforme avance en el texto, la carcajada irrumpirá ya que el sentido irónico de ese texto de presentación cumple con su cometido, entendiéndose como lo que es realmente esta historia de “amor y sentimientos”.
Así se presenta esta dulce transgresión: una divertida macarrada perpetrada por unos gamberros que seguro han disfrutado haciendo el tebeo tanto como lo harán los lectores que se adentren en su interior, donde lo zen se alcanzará a hostia limpia y con mucha mala leche. Marquina, que ya posee una obra notable en un periodo relativamente corto de tiempo (“Abraxas”, “Progenie» o “La Tercera Ley de Newton”), sigue trabajando con conceptos y elementos que ya son una constante y sello de su obra, solo que en este caso lleva al extremo el exceso que nos propone.

El protagonista, Neko (denótese el toque cuqui de la felina denominación) nos va a pasear por los infiernos en esta catártica y divertida odisea de violencia. Un paseo ya conocido por muchos pero, si se acompaña de buen humor, como el que sazona acertadamente Marquina este guion, es más que reconfortante recorrerlo. Aquí no encontraremos la épica del héroe de forma pura e idealizada. Este cómic es un espacio para el deliro de la transgresión, para retorcer esos mitos y referencias y llevarlos cargados de adrenalina a un relato que no se toma en serio… y cuyo único objetivo es hacer disfrutar a quien lo recorra.
Amor hay en estas páginas, y mucho, pero no en lo que cuenta, sino en cómo se cuenta y en las referencias que aparecen, explícitas e implícitas, hacia un medio como el noveno arte. “El Puño de la Estrella del Norte” y “Dragon Ball” planean en esta obra gamberra: Homenajes que, de la misma manera que rinden tributo, retuercen el concepto original para exprimir todo el jugo que puede dar de sí bajo la premisa de partida de este apocalipsis. Cabe destacar que hay más «huevos de pascua«, pero preferimos dejarlos todos ellos para que cada uno de los lectores se sorprenda al encontrarlos mientras lee el tebeo.

No esperen pues escenas de pasión desgarradora; en todo caso algún que otro miembro desgarrado en esta “aventura lírica”. Una aventura en la que Marquina se acompaña de viejos conocidos: UVE (“Balas de Punta Hueca”) y Héctor Marper (“Alien Albion”). y Ronina Molist («Whope y los señores de la plaga«). Todos ellos perpetran esta obra macarra y desvergonzada aportando, cada uno, saber hacer en la tarea que desarrollan.
UVE, alias de Víctor Camacho, nos sigue narrando gráficamente con la personalidad propia que le caracteriza, dando ese punto visual que necesita este relato extremo: entre lo ultraviolento y lo grotesco, lo delirante y lo humorístico. Hecho que queda reforzado por los colores empleados por Marper y Molist dando a este “camino al infierno” tonalidades que refuerzan la personalidad del resultado final.
La edición corre a cargo de la independiente Inuit Ediciones, sello fundado por Marquina que en un corto periodo de tiempo ya se ha hecho un hueco en el panorama del tebeo español. Prueba de ello es que en la actualidad ya cuenta con un acuerdo de distribución con ECC Ediciones, hecho que permite que esta delicatessen outlaw pueda llegar a cualquier punto de venta del estado en las mejores condiciones logísticas.

Así que dispónganse a coger el cómic y elijan su mejor sillón. Posiblemente no lo suelten hasta que lleguen a la última página. Quizá hasta se olviden de la ración diaria de malas noticias que brindan los medios de comunicación. Lo que quizá no puedan evitar será reírse a carcajada limpia mientras contemplan esta senda de violencia surreal y absurda. Y es que este “camino del macarra” reconforta tanto que al acabarlo uno se queda en paz con el universo, por el buen rato que ha pasado al leerlo.
El arriba firmante no puede dejar de imaginarse a Candy Candy (la legendaria creación de Keiko Nagita y Yumiko Igarashi) bailando temas de Obituary. Quizá sea el subsconsciente que está pidiendo una continuación a esta divertida gamberrada… Es lo que tiene “la paz interior” que deja tras su paso “Apocalipsis Yokai”: Un buen antídoto contra el tedio.

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