Los llamaban Junior & Senior: el buen sabor del western cómico

No hay nada como el humor y la comedía para desgarrar las costuras del telón de lo solemne. Y muestras de ello las hay sobradas a lo largo de la Historia. Baste con citar a los cómicos y bufones, capaces de poner en evidencia a los poderosos en las Edad Antigua y Media, así como nuestro “Quijote” de Miguel de Cervantes, que no es otra cosa que una parodia de la literatura caballeresca realizada con abundantes dosis de sarcasmo e ingenio. La lista sería interminable y posiblemente podríamos encontrar muestras en todas y cada una de las épocas en las que la humanidad conserva documentos o restos. Y es que al lado de lo solemne, siempre ha germinado su reverso cómico.

No ha habido género o estilo que se haya escapado de ello. Y el Western no ha sido excepción. Con toda la épica y mítica que implicaban los relatos de frontera, su reverso paródico siempre ha estado ahí. Baste corroborarlo tanto en relatos, películas o cómics. Como ejemplos, y citaremos solo dos que nos llevan al cómic que hoy nos ocupa, baste recordar las divertidas películas protagonizadas por Bud Spencer y Terence Hill o la gran época de Lucky Lucke que llevaron a cabo Morris y Goscinny. Refererencias que están presentes de forma inéquivoca en “Los llamaban Junior & Senior” (“On les appelle Junior & Senior”) de Jean-Baptiste Hostache y Robin Recht, recién editado en castellano por Nuevo Nueve con traducción de Lorenzo F. Díaz.

Puede que a muchos los nombres de Carlo Pedersoli (1929-2016) y Mario Girotti (1939) no les suenen mucho. Pero si decimos los nombres artísticos con los que conquistaron las salas de cine de los años 70 la cosa cambia: Bud Spencer y Terence Hill. Ellos forman la pareja artística que fue el máximo exponente del spaghetti western cómico, a través de películas llenas de gags, mamporros. Desde “Dios perdona… ¡Yo no!» (“Dio perdona… Io no!”), rodada en el desierto de Tabernas y títulada en España (cosas de la censura de la época) como “Tu perdonas ¡Yo no!”; hasta 1994 con “Y en Nochebuena se armó el Belén” (“Botte di Natale”), protagonizaron numerosas películas en las que los encarnaron a esos arquetipos que entraron en el Olimpo del cine popular. Hill como el avispado e ingenioso personaje, mientras que Spencer era el rudo y bruto socio, parco en palabras y de buen corazón. No solo ambientaron sus comedias de mamporros en el lejano oeste, sino que otras temáticas sirvieron de escenario para sus películas, si bien, con el paso de los años, su imagen como pícaro dúo imposible repartiendo leña entre forajidos y polvo del desierto es la que más huella ha dejado.

Prueba de ello son estos “Junior” y “Senior”, cuya imagen nos remite a la pareja de actores italianos. Y su caracterización igual: el “listo” y el “bruto” son las características que les podrían definir en una palabra a cada uno de los dos. Además de forajidos fuera de la ley con buen corazón. Pícaros que resuelven los entuertos a base de ingenio y mamporros, que por mucho que no acaten la ley si que tienen un marcado sentido de la justicia. Una suerte de “ley natural” por encima de las normas impuestas por los poderosos de la sociedad. Una especie de rebeldía que no impide robar a los poderosos y a la vez combatir las injusticias. Y todo, como no podía ser de otra manera, a través de golpes. De humor y físicos. Revistiendo los mamporros de la mayor bis cómica, cual teatro popular de guiñol.

Esa es, pues, una de las bases de este delicioso cómic. La otra viene del mismo noveno arte: Lucky Luke, el mayor personaje del western cómico que han dado las viñetas europeas. Pues aunque el personaje que creo Morris sea “más rápido que su propia sombra”, ésta sigue siendo alargada (sobre todo la época en la que Goscinny llevó a cabo los guiones) si hablamos de humor en el lejano Oeste. Y una eterna comparación para cualquier cómic que surja en este subgénero. Si bien, “Los llamaban Junior y Senior” la resiste con eficaz oficio porque no esconde sus referencias. Al contrario, las usa y explota en pos de crear un relato que cumple su función con eficaz maestría, despertando las carcajadas a la menor ocasión.

La formula para llevarlo a cabo es lograr un guion como el de Robin Recht, que “camina a hombros de gigantes” para bordar una trama que, si bien, no presenta novedad en planteamiento si aporta con oficio los suficientes elementos de interés para que no dejemos de leer las peripecias de dos presidiarios que, a cambio de su libertad, tienen que hacer el trabajo sucio que les encarga un Senador. Y ese trabajo no es otro que secuestrar a una niña, hija natural de un rival político. Los forajidos, que no son otros que Junior y Senior, comenzarán una peripecia ambientada en plena guerra de secesión, en la que un inicial secuestro se convertirá en una odisea, con el ejercito sudista pisándoles los talones y una suerte de personajes secundarios más que funcional. Que están dentro del parámetro estándar del género, pero útiles para que el ritmo y tono no decaiga a lo largo de las 104 páginas que comprende la aventura.

Para que ello funcione, Jean-Baptsite Hostache se revela como elemento fundamental, pues sabe sacar con su trazo todo el partido posible tanto a Junior y Senior como a cada escena que cuenta la aventura. Al igual que la ambientación, que remite a los Spaghetti westerns rodados en Tabernas más que a los cómics. Si bien con estos comparte, como es obvio, los recursos propios del medio, que Hostache utiliza con notable oficio para que el divertido relato tenga el ritmo que precisa una comedia en viñetas de estas características.

Queda así conformada una divertida “comedia del oeste” que obviamente no defraudará a nadie que conozca las referencias de las que bebe. Pero que también sorprenderá, por su buen hacer, a aquellos que no se hayan reído con los tebeos de Lucky Luke o las películas de Bud Spencer y Terence Hill. Porque si algo es efectivo no hace falta saber nada previamente para disfrutarlo, solo prestarle atención y en unas pocas páginas, sorprenderse disfrutando por lo bien hilado y dibujado que está. Y eso es lo que ocurre con «Los llamaban Junior & Senior«.

Deja una respuesta