Lemóniz: el peligro nuclear y la amenaza terrorista

Nunca llegó a ponerse en funcionamiento pero si dejó huella por todo lo que conllevó a su alrededor. Nos referimos a la central nuclear de Lemóniz que tuvo la oposición de gran parte de la sociedad vasca, incluida la de ETA en los años en los que la banda terrorista cometía más atentados. Incluida en el plan de nuclearización de la costa vasca, su construcción comenzó en 1971 para nunca ver la luz. De estos hechos históricos nace el nuevo cómic de Florentino Flórez y Guillermo Sanna que acaba de editar Norma: «Lemóniz. ETA y el movimiento antinuclear«.

Bien documentado y vertebrado en un relato coral, «Lemóniz» se presenta como el recuerdo de una de las consecuencias del conflicto vivido en Euskadi y el resto de España en aquellos años de incertidumbre en los que el país paso de la dictadura a la democracia. Una época que ya queda lejana pero que merece la pena no olvidar. Y este tebeo recoge un hecho para recordar y, visto ya desde la distancia que otorgan las décadas que han pasado, poder reflexionar sobre lo ocurrido.

Para ello, Florentino Flórez ha construido un relato sobrio. Asentado en los hechos que ocurrieron y con un pulso narrativo firme. Que nos lleva a los hechos protagonizados por un reparto coral. Con algunos personajes reales y otros ficticios, todos al servicio de un guion bien cohesionado que va atrapando desde la verdad de los hechos y revela la verdadera dimensión de todo lo acaecido en torno a «Lemóniz».

Como todo buen cómic que se base en hechos reales, «Lemóniz» abarca una inteligente escala de grises entre sus páginas. Aquí no hay dicotomías sino una serie de hechos ocurridos y dos conflictos entrelazados. Por un lado, el que ETA desencadenó con sus atentados. Por otro, la apuesta por la energía nuclear que encontró oposición en gran parte de la sociedad. Todo ello desarrollado en un contexto en el que la violencia era una medida de presión más. Donde, en ocasiones, nadie garantizaba los derechos fundamentales en una detención. Donde los abusos de poder seguían siendo una constante heredada de la dictadura. En un territorio en el que el silencio de muchos dejaba desamparadas a las víctimas del terrorismo. Donde «la lucha armada» se llevó a cabo para impedir el funcionamiento de Lemóniz, cobrándose a nueve victimas mortales en sus atentados. Nueve empleados de Iberduero, empresa que llevaba a cabo el proyecto, fueron asesinados. Algunos de forma colateral, simplemente por estar en su puesto de trabajo cuando estallaban las bombas. Otros directamente secuestrados y «ajusticiados».

De plasmarlo se encarga Guillermo Sanna («Camisa de Fuerza«) en unas páginas dinámicas donde el blanco y negro aporta mayor fuerza a lo contado. Con una robusta fluidez, Sanna nos mete de lleno en el relato. Manejando muy bien el reparto coral de la historia y con un tempo narrativo notable, que beneficia este recorrido por unos hechos que merece la pena no olvidar. Donde se advierte la erótica de esa violencia que sedujo a muchos jóvenes. También la de algunos de los abusos de poder de aquellos que debían estar para proteger a la ciudadanía. Sin dicotomías. Pues aunque estas páginas estén en blanco y negro, desprenden en su recorrido una gran escala de grises que dotan al resultado de elementos para la reflexión sobre la complejidad de aquella época y lugar, que puede parecer muy lejana pero es de la que viene la sociedad actual. Y conviene no olvidar. Para ello Sanna ha elegido plasmarlo de forma efectiva, siendo sutil en algunos pasajes, pero no por ello menos revelador. Pues la síntesis gráfica que ofrece es tan contundente como efectiva.

El cómic se acompaña de un dosier en el que se da mayor información de los hechos narrados y que permite, tras su lectura, complementar las viñetas previas y tener una mayor dimensión de lo que ocurrió en torno a la central nuclear vizcaína que nunca funcionó. A lo largo de las 120 páginas de «Lemóniz» se encierra la dura verdad de aquellos hechos. Servida con sobriedad y sin maniqueísmos, en el justo punto de equilibrio para ilustrar y, a la vez, proporcionar elementos para la reflexión. Desarrollando una perspectiva poliédrica que aporta una mejor definición a las diferentes posturas que adoptaron muchos de los protagonistas. Dando mayor fuerza a lo contado. Quizá por ello esta lectura atrapa tanto: por lo que muestra y la forma en que es desplegada, esta historia es para no olvidar.

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