Hilma af Klint. La voz en el templo: pionera de vanguardia

1906 fue el año donde lo abstracto llegó a la pintura. Cuatro años antes de que Wassily Kandinsky llevara a cabo la acuarela que erróneamente se consideró por mucho tiempo la primera obra de arte abstracto, ya existía “Primordial Chaos”, la serie de 26 óleos realizada por Hilma af Klint (Solna, 26 de octubre de 1862-Danderyd, 21 de octubre de 1944). Ella fue la primera, aunque su obra, por decisión propia, permaneciera oculta durante veinte años tras su muerte. Así lo dejó escrito la artista en su testamento pues creyó que el mundo no estaba aún preparado para su arte mientras ella vivió.

Intuición no le faltó a Hilma af Klint. Pues no fue realmente descubierta y reconocida hasta que en 2013 el Moderna Museet de Estocolmo presentara una gran retrospectiva de su obra. Ese fue el momento en el que realmente se puso en valor el valor artístico de su arte. Antes hubo intentos, como la inclusión de algunos de sus piezas en la exposición “The Spiritual in art” que organizó el LACMA (Los Angeles County Museum of Art) en la ciudad californiana, obteniendo un tibio recibimiento por parte de la crítica. Veintisiete años después en la capital sueca su legado se reveló ante muchos como una epifanía.

Esa es la historia de un legado pictorico avanzado a su tiempo. Las piezas con las que el arte abstracto comenzó a andar a comienzos del siglo XX. Su autora, la verdadera pionera de esta corriente artística, no solo planteaba en sus obras una mirada conceptual sobre el arte y la representación pictórica. Iba más lejos, pues su abstracción se anclaba en lo espiritual, dejando cada obra impregnada de un cierto misticismo que apelaba al subconsciente, que dialogaba con el yo interior de todo aquel que contemplara un cuadro suyo. No eran “diagramas coloreados”, sino estados de percepción plasmados que dialogaban con quien los mirase, replanteando a la vez la mirada de la representación pictórica. Apelando a nuevos territorios por explorar en el arte.

Ese fue el paso que dio Hilma af Klint en vida. Una exploración artística y conceptual, incluso mística, que transgredió los límites de la pintura. Tambien es la base para que Cesar Herce y Manuel Romero hayan alumbrado un cómic sobre su persona: “Hilma af Klint. La voz en el templo”, recién editado por Norma. Un elegante trabajo que ahonda en la biografía de la artista sueca con un enfoque literario y gráfico tan nítido como revelador.

En lo literario y conceptual, Herce ha armado un robusto guion de fácil digestión y gran calado tras su paso. No solo nos cuenta los hechos más importantes de su vida sino que retrata a grandes rasgos el carácter de la pintora, poniendo gran énfasis en el proceso de crecimiento y descubrimiento que llevó a Hilma af Klint a tomar muchas de las decisiones de su vida. Desde las de decidir pintar este tipo de obras hasta la de ocultar su legado dos décadas tras su muerte. Quedando estos hechos contados de forma orgánica, pues Herce ha sembrado previamente los hechos, traumas y motivaciones que llevaron a la pintora sueca a tomar esos caminos vitales.

Junto a Herce, el arte de Manuel Romero se pone al servicio del relato para dotar de un autentico peso propio al cómic en términos artísticos. Ya demostró Romero con “Goya. Saturnalia” sus habilidades para alumbrar páginas que se quedan en la retina de los lectores y en “Hilma af Klint. La voz en el templo”, lo vuelve a lograr: colores sugestivos que potencian el estado emocional de cada punto del relato; hábiles secuenciaciones que no solo elevan lo que cuentan, sino que se convierten en páginas para atesorar. En las viñetas, planea un simbolismo que sugiere y muestra al lector de forma evocadora, jugando con los significantes y significados, estimulando el resultado final para hacerlo singular.

Cuando se trata de una obra de expresión, llegar a ser singular es lo máximo a lo que se puede aspirar. A que lo que se haga sea personal y propio. Que se distinga del resto. Como le ocurrió a la primera pintora abstracta de la Historia. Como le ocurre al tebeo que protagoniza “Hilma af Klint. La voz en el templo”. Una voz que merece ser “escuchada” en estas páginas por la rotunda fuerza de lo que dicen sus viñetas. Una voz donde palabra y dibujo no solo nos cuentan la historia de Af Klint sino que logran una autentico deleite narrativo de los que dejan eco y poso tras su lectura. Una que no solo entretiene, sino que revela e ilustra en el sentido más amplio del término, donde ética y estética quedan profundamente entrelazados.

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