El Conjurador de Tormentas Integral 1: Crónicas del Tempestario

“Tente nublo, tente nú,
que Dios puede más que tú”

En estos lares siempre nos habíamos sorprendido de la paradoja que se presenta en relación al rico folclore que anida en la Península Ibérica. Un lugar en el que, a lo largo de los siglos, ha cobijado usos, costumbres, leyendas y mitos populares, ya relegados en muchos casos al olvido por la tragedia de la inmediatez. Sin embargo, muchos de esos elementos han perdurado a lo largo de siglos, mutándose en relatos orales trasmitidos entre generaciones, deformados por el tiempo y la tradición oral. Como aquellos oficios perdidos de los que en la actualidad solo cabe evocarlos en el recuerdo, como bien ha hecho Eugenio Monesma en sus documentales centrados en profesiones del Alto Aragón, ya desaparecidas mientras convierten nuestras montañas en parques temáticos para turistas, que no viajeros.

Entre esos oficios, muchos de ellos quedan fuera del campo de la modernidad del pensamiento racional. Profesiones cercanas a lo sobrenatural, ancladas en esos saberes populares que, sin conocimientos científicos, daban servicio a sus semejantes en tiempos donde lo mágico convivía con lo natural, pues ambas cosas servían a un mismo fin: explicar lo que rodeaba al ser humano. Saberes y conocimientos que, en muchos casos, se perdían en el pasado de la Humanidad. Más añejos que la cristianiación de estas tierras, y aun con todo, considerados paganos, fueron “habilidades” que perduraron e incluso mutaron bajo la religión de Cristo. Es el caso del Conjurador de Tormentas.

También llamado por toda la península Tempestero, Tempesteri,Nubeiro, Ventero, Troneiro o, entre otras, Exconjurador, este oficio, entre lo natural y lo mágico, era el designado aquel que se dedicada bien a convocar a la lluvia en casos de sequía, bien a proteger cosechas, tierras y casas del granizo o vendavales. Habilidad cuyas raíces se hundían en saberes ancerstraoles al margen de lo civilizado y cuyas ramas llegaron hasta el cristianismo, pues no hubo pocos párrocos rurales que sacaban vírgenes, santos o cristos para que cayera agua del cielo. Como ejemplo de “cura exconjurador” tenemos a toda una leyenda del Sobrarbe oscense: Mosen Bruno Fierro, célebre no solo por esas habilidades y cuya figura a día de hoy ha quedado como un elemento moderno de las ricas historias que guardan las montañas del Pirneo.

Es pues el concepto del Conjurador toda un diamante en bruto para poder ficcionar relatos, con esa mezcla de saber empírico y magia, las posibilidades de un personaje así en buenas manos bien pudieran servir para hacer relatos que entroncaran con las historias propias de los populares pulps estadounidenses de la primera mitad del siglo XX. Al fin y al cabo, comparten no pocos elementos si analizamos su esencia, con la diferencia que, en el caso del Conjurador, muchos tienen base histórica y folclórica nacional.

«Tente nublo redoblado,
que Dios puede más que el diablo.»

Quizá César Hercé tuviera eso en mente cuando alumbro su “Conjurador de Tormentas” en su primera aparición en 2014 en el “Especial terror Ibérico” de Cthulhu con “El castigo de Duranguesado”, dibujado por Mauro Vargas. En ella está ya está la base de este personaje que, sin renunciar a lo fantástico y terrorífico, tienen un pie en lo folclórico y otro en los histórico. Así se puede comprobar en el integral que acabamos de degustar antes de escribir estas líneas.

En lugar de “leer” utilizamos “degustar” porque ciertamente es un deleite recorrer las 104 páginas de “El Conjurador de Tormentas. Integral 1”, editado por Maldragón. Un volumen que no solo reune algunas de las historias del personaje que vieron la luz en Cthulhu, sino que se completa con un nuevo relato a color “La saya de la Loba”, dibujado por Óscar Pérez y coloreado por Boris Ramirez. Historia de una extensión mayor que permite a Hercé adentrarnos en los mitos y leyendas sobre hombres lobro cantabros, gallegos y asturianos. Y todo con una maestría propia de un relato sobrenatural protagonizado por, por poner un ejemplo que sirva para un entendimiento inmediato, Solomon Kane, por lo bien dispuesto de los elementos y ritmos en la aventura sobrenatural que protagoniza su tempestario.

Junto a ella, y además de la primera historia del personaje dibujada por Mario Vargas, aparecen otras dibujadas por un elenco tan potente como Paco Zarco («La promesa del Señor de Cameros«), Sal Donaire («La Campana de los Prodigios«) y María Pesado («El secreto de Can Prat»). Todos en glorioso blanco y negro, potenciando tanto lo mágico y sobrenatural como los elementos folcloricos. Consiguiendo así el justo equilibrio entre los mitos transmitidos de forma oral y el sabor pulp de lo sobrenatural. Calando, y nunca mejor dicho, en el lector un personaje que, tras conocerlo, deja huella.

Como extras, esta antología nos premia con textos del propio Hercé donde contextualiza en lo histórico y folclórico cada uno de los relatos, ayudando de este modo a aportar una visión mayor de cada historia. Relatos sobrenaturales que ya funcionan de por sí. Pero que con estos textos permiten al lector ver que la aventura solo es la punta del iceberg de un gran trabajo de investigación previo, que posibilita la potencia conceptual de lo narrado.

Una potencia, todo sea dicho, catalizada en el trazo de Mario Vargas, Óscar Pérez, Paco Zarco, Sal Donaire y Marina Pesado, que nos llevan a los mundos rurales de finales del siglo XVI español, desde Galicia a Barcelona. Siempre en montañas y en terrenos agrestes, donde el analfabetismo se suplía con saberes ancestrales y supersticiones. Donde los elementos sobrenaturales bien pudieran ser las causas de desgracias de la comunidad. Donde los seres mágicos bien pudieran ser amenaza para los humanos, o también verse amenazados. Ese es el terreno por el que vaga “El Conjurador de Tormentas” de Hercé, con aventuras que nos retrotraen a mitos de la Euskadi prerromana, la Catalunya rural o la magia de la campana de Velilla en Aragón. Esas, entre otras, funcionan como los gigantes sobre los que camina “El Conjurador de Tormentas”. Haciendo de su paso uno firme, anclado en una tradición folclórica casi perdida en el pasado rural, pero bien solidificada en estas páginas con altas dosis de oficio.

Puede que cuando editara este volumen Maldragón “El Conjurador de Tormentas. Integral 1” no hiciera ruido, pero desde estas líneas podemos afirmar que, tras su lectura, deja huella. Y eso, en un mundo de absurda inmediatez es lo mejor que puede lograr una obra. Dicho lo cual, esperamos que haya un “2” que acompañe a este “Integral 1” y, ya que estamos, que las aventuras de otro genial personaje de Hercé, “El Conde de Cabreras” ( dibujado en este caso por Jesus C. Gan en «Dread comics«) vea también compiladas sus aventuras también en un futuro cercano. Y es que, personajes así demuestran lo rico que es nuestro pasado y folclore como materia prima para crear buenos relatos sobrenaturales. Capaces de mirar de tu a tu a cualquier mito moderno que nos llegue del celuloide. Y sin pestañear. Solo hace falta dejarlos en buenas manos. Como ha ocurrido con este tempestario.

«Tente nublo, tente en tí,
Dios lo quiere y manda así.”

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