Matar superhéroes está muy bien, pero matarlos de verdad, sin que al cabo de seis meses regresen de entre los muertos con un nuevo traje y una colección de portadas alternativas, ya sería demasiado pedirle a Marvel. Por eso, cuando aparece un cómic que promete pasar por la picadora a todo su universo de personajes, uno se frota las manos y prepara las palomitas. Por fin, alguien dispuesto a solucionar el problema de la superpoblación superheroica sin recurrir a los personajes de siempre. Y si los encargados de la limpieza son los Depredadores, esos simpáticos turistas intergalácticos que viajan armados hasta los dientes para practicar el noble arte de destripar seres vivos, mejor que mejor. Lástima que, cuando llega la hora de la verdad, la carnicería tenga más letra pequeña que un contrato de Vodafone.

«Predator mata al Universo Marvel», publicado por Panini Comics, recopila los cinco números estadounidenses de «Predator Kills the Marvel Universe«, una miniserie escrita por Benjamin Percy y dibujada por Daniel Picciotto, Marcelo Ferreira y Brent Peeples, con Frank D’Armata al color. La propuesta es sencilla: un Rey Depredador, equipado con vibránium y acompañado por un aliado humano, decide convertir la Tierra en su coto de caza particular. Los Vengadores, la Patrulla-X y el resto de la fauna superheroica pasan a formar parte de un menú degustación en el que nadie parece haber consultado las alergias alimentarias. La idea tiene su gracia. Después de enfrentarse a Lobezno, Pantera Negra y Spiderman en anteriores miniseries, los Yautja amplían sus horizontes y deciden que cazar superhéroes de uno en uno está muy bien, pero exterminarlos en masa debe de ser una experiencia mucho más enriquecedora. Algo así como pasar de pescar en un estanque a dinamitar el acuario de un centro comercial. Benjamin Percy, responsable de esos anteriores encuentros, aprovecha los acontecimientos ya narrados para construir una historia que no empieza exactamente desde cero. Y eso se agradece, porque descubrir que los cómics anteriores servían para algo más que vaciar nuestra cartera siempre es motivo de celebración.
Uno de los elementos más interesantes es la participación de Kraven. Después de ganarse el respeto de los Depredadores, el cazador ruso decide colaborar con ellos y señalar a los mejores objetivos de la Tierra. Eso sí, deja muy claro que nuestro querido Peter es exclusivamente suyo. Hay amistades que se demuestran compartiendo experiencias, otras compartiendo gastos y luego está Kraven, que acepta participar en una masacre intergaláctica siempre que nadie le toque el juguete favorito. La solidaridad entre cazadores tiene sus límites, especialmente cuando uno lleva décadas intentando demostrar que puede matar a un señor con pijama rojo y azul.

La continuidad con los cruces anteriores también permite recuperar elementos como el vibránium, que convierte a los Yautja en adversarios todavía más peligrosos. Sobre el papel, Percy dispone de suficientes ingredientes para cocinar un auténtico desastre cósmico. El problema es que confunde en demasiadas ocasiones la cantidad de cadáveres con la calidad de la historia. Colocar veinte superhéroes muertos en una página no equivale automáticamente a construir una narración impactante. Aunque reconozco que, desde el punto de vista de la gestión de personal, el método resulta bastante expeditivo. El principal inconveniente de la miniserie es que, para que los Depredadores parezcan una amenaza creíble, buena parte de los héroes tiene que sufrir una repentina e inexplicable pérdida de facultades. Los personajes que habitualmente se enfrentan a dioses, demonios, invasiones alienígenas y amenazas capaces de destruir realidades parecen haber olvidado cómo funcionan sus propios poderes. De pronto, algunos de los mayores héroes de la Tierra se comportan como extras de una película de terror que deciden investigar el sótano después de escuchar ruidos sospechosos. Naturalmente, todos sabemos cómo termina eso.
El espectáculo necesita víctimas, desde luego. Nadie compra un cómic con semejante título esperando que los protagonistas se sienten alrededor de una mesa para resolver sus diferencias mediante el diálogo y la escucha activa. Pero existe una diferencia entre sorprender al lector con una derrota inesperada y despachar a un personaje poderoso porque al guion le viene fenomenal despejar la página para el siguiente combate. Por ejemplo, La Cosa que se enfrentó a Galactus, pero aquí dura menos que un telediario y eso da bastante pena. Y no es un caso aislado. La historia sacrifica personajes de enorme poder sin dedicarles siempre un enfrentamiento digno de su trayectoria.

En el apartado gráfico, Daniel Picciotto, Marcelo Ferreira y Brent Peeples se reparten las labores de dibujo, mientras Frank D’Armata aporta el color. Tres dibujantes para cinco números: una auténtica reunión de vecinos en la que cada uno pinta la fachada de su casa con una brocha distinta. No es que trabajar con varios artistas sea necesariamente un problema, pero aquí se perciben diferencias de acabado y una irregularidad que perjudica la lectura. Algunas escenas resultan dinámicas y contundentes; otras tienen un nivel de detalle bastante más discreto y transmiten cierta sensación de urgencia. El dibujo cumple razonablemente en las secuencias de acción, que constituyen el corazón del cómic, aunque el conjunto no siempre mantiene la consistencia necesaria para que el espectáculo termine de despegar. El color de D’Armata contribuye a dar ambiente mediante los contrastes de luz y sombra, reforzando el tono violento de la historia. Sin embargo, ni siquiera una buena paleta puede convertir una muerte precipitada en un acontecimiento memorable. Si un personaje desaparece antes de que nos dé tiempo a recordar qué poderes tenía, la tragedia deja paso a una pregunta mucho más prosaica: ¿pero este quién era y por qué no ha hecho nada?
Entonces llega el desenlace, la guinda de este pastel de vísceras. Después de anunciar que los Depredadores van a acabar con todo el Universo Marvel, resulta que no lo hacen. Spiderman, Lobezno e Iron Man continúan resistiendo, Sue Storm consigue protagonizar un momento especialmente relevante y el Depredador X sigue dando guerra. La historia termina con un «por ahora» que convierte la promesa inicial en una oferta comercial con condiciones ocultas. Es como comprar una novela titulada El último día de la humanidad y descubrir que al final solo se ha destruido una rotonda. El problema no es que todos los héroes tengan que morir necesariamente, sino que el relato no desarrolla con suficiente profundidad la resistencia ni prepara adecuadamente la resolución del conflicto. La derrota de los invasores llega con demasiada rapidez, como si alguien hubiese comunicado a Percy que el plazo de entrega terminaba en cinco minutos y todavía quedaban tres páginas por entintar. La miniserie necesitaba más espacio para desarrollar las consecuencias de las muertes, construir los enfrentamientos y justificar el desenlace. Cinco números pueden ser suficientes para una buena historia de acción, pero quizá no para liquidar a media editorial, presentar una amenaza global y cerrar el chiringuito sin dejar la sensación de que alguien ha apagado las luces antes de terminar la fiesta.

La edición de Panini Comics permite leer los cinco números seguidos, una ventaja evidente para una historia que vive de la acumulación de acontecimientos. Como continuación de los anteriores cruces de Percy, tiene cierto interés para quienes han seguido las aventuras de los Yautja en el universo Marvel. Como obra independiente, en cambio, resulta bastante menos satisfactoria. No hace falta haber leído todo lo anterior para disfrutar de la carnicería, aunque conocer el recorrido de Kraven y los enfrentamientos previos ayuda a comprender mejor algunas decisiones.
Al final este tomito de «Predator mata al Universo Marvel» es un cómic entretenido, violento y con una premisa estupenda que termina conformándose con bastante menos de lo que promete. Es recomendable para quienes disfruten con las historias alternativas y la posibilidad de ver a personajes intocables convertidos en comida para extraterrestres. Quienes busquen una reflexión profunda sobre las consecuencias de una invasión o una matanza superheroica realmente bien construida deberían moderar sus expectativas. Aquí hay mucha sangre, bastantes ideas llamativas y una preocupante escasez de tiempo para desarrollarlas. Lo mejor es que los Depredadores tienen trabajo de sobra. Lo peor es que, después de anunciar el exterminio definitivo, Marvel sigue teniendo suficientes héroes para llenar varias estanterías. Eso sí, la próxima vez podrían titularlo Predator intenta matar al Universo Marvel, pero se queda sin páginas. Sería menos espectacular, desde luego, pero bastante más honesto.
