Marvel Must-Have Spiderman: Un nuevo día

Marvel decidió que Peter Parker tenía un problema gravísimo: estaba casado. Sí, después de décadas de aventuras, tragedias, enemigos con complejo de superioridad y suficientes desgracias como para llenar varias consultas de psicología, resulta que el auténtico peligro para Peter era tener una relación estable. Menos mal que alguien en las oficinas de la editorial supo detectar semejante amenaza y encontró la solución definitiva. Hacer un pacto con Mefisto, cargarse el matrimonio y vender la operación como una maravillosa oportunidad para empezar de nuevo. Si esto no es gestionar una crisis con elegancia, que venga el Doctor Extraño y nos explique qué demonios está pasando.

De las cenizas de Un día más nace «Spider-Man: Un nuevo día», un tomo Marvel Must-Have publicado por Panini Comics que recopila los números 546 a 551 de The Amazing Spider-Man. Seis entregas que pretenden recuperar al Peter Parker de toda la vida, aunque para ello haya que fingir que una parte importante de su evolución personal ha sido poco más que un error administrativo. Porque en Marvel puedes destruir universos, resucitar personajes y reescribir la historia, pero permitir que Spiderman madure parece una línea roja que nadie se atreve a cruzar (bueno Jonathan Hickman si que lo hizo en Ultimate)

La nueva situación devuelve a Peter a un escenario familiar: soltero, con problemas económicos, una vida sentimental bastante lamentable y esa habilidad especial para complicarse la existencia incluso cuando intenta hacer algo tan sencillo como quedar con alguien. Harry Osborn vuelve a formar parte de su círculo, aparecen nuevas caras y la colección promete enemigos inéditos. En otras palabras, Marvel pulsa el botón de reinicio y espera que los lectores aplaudan el milagro tecnológico. Publicada originalmente en 2008, esta etapa también respondía a una estrategia editorial ambiciosa. Amazing Spider-Man se convirtió en la cabecera principal del personaje y pasó a publicarse tres veces al mes. Tres entregas mensuales, porque aparentemente un solo hombre araña no bastaba para satisfacer las necesidades de una industria que había descubierto que la mejor manera de vender más cómics era publicar más cómics. La calidad ya se discutiría después, probablemente durante una reunión con café y una presentación de PowerPoint.

Dan Slott se ocupa de los tres primeros números y demuestra que, pese a las polémicas que puedan rodear su trabajo, entiende bastante bien al trepamuros. Peter Parker funciona cuando sus problemas personales tienen tanta importancia como sus enfrentamientos con villanos. No necesitamos verlo detener una invasión alienígena cada cinco páginas. A veces resulta mucho más entretenido contemplar cómo intenta pagar el alquiler, conservar un empleo o evitar que una cita termine convertida en una catástrofe nacional. Slott recupera el humor y la energía cotidiana del personaje. Peter vuelve a ser ese tipo que puede salvar a media ciudad y terminar la jornada preguntándose por qué nadie quiere contratarlo. Su vida es un desastre, pero al menos es un desastre divertido. El guionista sabe combinar la acción con las pequeñas miserias de un protagonista que nunca parece tener dinero suficiente, tiempo suficiente ni suficientes amigos dispuestos a soportar sus excusas. El inconveniente es que esa recuperación de la esencia clásica viene acompañada de una regresión bastante sospechosa. Peter vuelve a estar soltero y a comportarse como si la madurez fuera una enfermedad contagiosa. No es que el personaje tenga que convertirse en un señor respetable que habla de hipotecas y fondos de pensiones, pero tampoco hacía falta borrar parte de su evolución para devolverle la capacidad de contar chistes mientras recibe una paliza. La diferencia entre hacer sufrir a un personaje y mantenerlo eternamente estancado debería ser evidente.

El número inicial cuenta con Steve McNiven al dibujo, una elección acertada para presentar el nuevo escenario. Su estilo detallado aporta espectacularidad y ayuda a que el comienzo tenga la presencia necesaria. McNiven sabe construir escenas de acción contundentes y dotar a los personajes de una expresividad que refuerza el relato. Al menos, el reinicio viene envuelto en un apartado visual capaz de disimular durante un rato las costuras del experimento. Después llegan John Romita Jr., Greg Land, Phil Winslade, Mike Deodato Jr. y Salvador Larroca, entre otros artistas. El despliegue de nombres es considerable y permite disfrutar de diferentes aproximaciones gráficas al personaje. Sin embargo, tantos cambios de estilo también hacen que el conjunto pierda cierta uniformidad. Uno pasa de una estética a otra con la sensación de que Peter Parker ha contratado a varios fotógrafos para documentar sus desgracias. Los entintadores y coloristas, entre ellos Dexter Vines, Klaus Janson, Dean White, Justin Ponsor y Dave Stewart, contribuyen a definir el aspecto de cada episodio. El resultado encaja con el cómic de aquella época: figuras espectaculares, escenas dinámicas y colores que parecen anunciar que algo importantísimo va a suceder en cualquier momento. Todo es intensidad, dramatismo y músculos perfectamente iluminados. Hasta una conversación sobre las facturas de Peter parece estar a punto de convertirse en el clímax de una película de acción.

Afortunadamente, entre tanta operación de maquillaje editorial aparece una idea realmente interesante: el Señor Negativo. Martin Li es una incorporación atractiva al universo de Peter Parker, con una identidad visual potente y vínculos con el crimen organizado que encajan en las historias urbanas del personaje. No necesita conquistar la galaxia ni destruir el continuo espacio-tiempo. Le basta con resultar inquietante y demostrar que puede ser una amenaza seria para nuestro protagonista. Su aparición es uno de los puntos fuertes del tomo. El personaje amplía el repertorio de enemigos del trepamuros y ofrece posibilidades sin recurrir a la nostalgia automática. Crear nuevos villanos siempre es más complicado que resucitar al enésimo enemigo clásico, así que conviene reconocer el mérito cuando Marvel consigue incorporar una figura con personalidad propia. Si la editorial hubiera dedicado a las relaciones sentimentales de Peter la mitad de la imaginación que dedica a sus enemigos, quizá no habríamos terminado negociando con Mefisto.

En los números 549-551, Marc Guggenheim toma el relevo en los guiones y Salvador Larroca se encarga del dibujo. El tono se desplaza hacia las investigaciones, las persecuciones y los conflictos policiales, con Amenaza y Jackpot como piezas importantes de la trama. Guggenheim ofrece una narración dinámica y prepara el terreno para futuras aventuras, aunque estos episodios siguen teniendo cierto aroma a presentación de catálogo. Hay que introducir personajes, establecer relaciones y dejar claro que el nuevo escenario está lleno de posibilidades.

La edición de Panini Comics permite recuperar cómodamente estos números y acercarse a una etapa fundamental para entender la evolución moderna del personaje. Es una buena puerta de entrada para nuevos lectores y una oportunidad de revisar el inicio de una época que generó opiniones muy distintas. Eso sí, lo de considerar imprescindible una historia nacida de semejante terremoto editorial queda a criterio de cada lector. En definitiva, este tebeo demuestra que Spiderman puede sobrevivir a casi cualquier cosa, incluso a las decisiones de quienes controlan su destino. Peter vuelve a lanzar telarañas, a soltar chistes y a meterse en problemas, mientras Marvel intenta convencernos de que borrar su matrimonio era una brillante estrategia creativa. Y funciona, al menos lo suficiente para que queramos seguir leyendo. Pero no nos engañemos. Una cosa es recuperar al Spiderman de toda la vida y otra muy distinta fingir que para hacerlo era necesario pasar por Mefisto. Si la próxima vez quieren rejuvenecer al personaje, quizá baste con cambiarle el peinado y ahorrarnos el apocalipsis. Aunque, visto lo visto, seguramente acabarán vendiéndonos otra cosa diferente con una portada alternativa que nos hará deshacernos en elogios.

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