Knull: entre la oscuridad y la luz

«Knull» ha vuelto. Otra vez. Porque en Marvel los villanos cósmicos pueden ser derrotados, descuartizados, lanzados al vacío, privados de sus poderes y encerrados en una prisión de máxima seguridad, pero jamás están realmente muertos. Como mucho están esperando a que alguien vuelva a necesitarles para el siguiente evento. Y Knull, después de haber sido el Rey de Negro, de enfrentarse a medio universo Marvel y de poner patas arriba el mundo de los simbiontes, regresa en este tomito recopilatorio de cinco números publicado por Panini Comics con una misión aparentemente sencilla. Demostrar que incluso un dios del vacío puede tener un día de mierda.

La historia comienza con Knull en una situación bastante poco digna para alguien que se supone que es una entidad cósmica todopoderosa. Está encerrado, debilitado y prácticamente despojado de sus poderes. Su captora es Hela, que ha decidido que apropiarse de las habilidades del antiguo Rey de Negro puede ser una manera estupenda de mejorar su currículum. Porque si algo hemos aprendido es que cuando alguien ve un poder cósmico abandonado encima de una mesa, lo normal es que intente quedárselo. Luego ya veremos qué hacemos con las consecuencias. El planteamiento tiene su gracia. Knull, acostumbrado a presentarse como una especie de pesadilla con patas, dientes, espada y ejército de simbiontes, tiene que sobrevivir sin prácticamente ninguno de sus juguetes habituales. Ya no dispone de su ejército, no controla la oscuridad como antes y, por si fuera poco, está encerrado mientras Hela se dedica a absorber lo que queda de su poder. El antiguo dios tiene que aprender a sobrevivir con las migajas que le quedan y, sobre todo, a utilizar armas y recursos que en otro momento habría considerado indignos de alguien de su categoría.

Por eso, Al Ewing y Tom Waltz parten de una idea bastante interesante. Le quitan a Knull aquello que hacía que cualquier enfrentamiento contra él pareciera una competición entre un dios y una mosca con licencia para pegarle. El problema es que la miniserie tiene cinco números para desarrollar la idea y, cuando uno empieza a entrar en materia, descubre que buena parte del recorrido consiste en preparar la siguiente parada del tren Marvel. El billete, por supuesto, se llama Reina de Negro (Queen in Black). Y aquí aparece uno de los principales problemas del tomo. Knull funciona mejor como prólogo que como historia independiente. Es como si Marvel hubiera encargado cinco números para explicar qué estaba haciendo el personaje entre dos eventos y, a mitad del trabajo, alguien hubiera dicho: «Oye, ya que estamos, vamos dejando preparadas unas cuantas cosas para el próximo sarao». Y allá que vamos.

La sensación de estar leyendo una pieza de transición resulta especialmente evidente al llegar al final. Se producen acontecimientos importantes, Knull experimenta una transformación bastante llamativa y Hela adquiere una posición todavía más peligrosa, pero la historia no termina realmente. Simplemente llega al punto en el que otra historia podrá continuarla. Es el equivalente a ver una película y descubrir que dura dos horas y media, pero termina justo cuando empiezan los créditos de la siguiente. Eso no significa que el concepto sea malo. De hecho, la transformación de Knull resulta bastante curiosa. El personaje asociado tradicionalmente con la oscuridad, el vacío y la destrucción termina teniendo que abrazar precisamente lo contrario. La luz se convierte en su nueva herramienta y lo que podría parecer una broma conceptual termina teniendo cierta lógica dentro de la mitología del personaje. Si Knull representa el vacío, tampoco parece demasiado descabellado que pueda existir un vacío de luz. Al menos aquí Ewing y Waltz intentan jugar con las ideas del personaje en lugar de limitarse a ponerle delante otro ejército de monstruos para que los despedace.

El problema es que, cuando tienes a Knull, Hela y Thanos compartiendo páginas, uno espera que la cosa vaya a ser poco menos que una guerra civil entre dioses con problemas de gestión emocional. Y ahí es donde el cómic empieza a patinar. Porque sí, tenemos a Thanos. El Thanos. El señor de las Gemas del Infinito, el tipo que ha puesto en jaque al universo Marvel más veces de las que probablemente pueda recordar y uno de los personajes que, cuando aparece en una historia, suele provocar que los demás empiecen a mirar alrededor buscando una salida de emergencia. Aquí, sin embargo, ejerce básicamente de matón de Hela. Y eso duele un poquito.

Thanos aparece para perseguir a Knull y acabar con él, pero su papel queda bastante reducido al de grandullón al que el protagonista tiene que superar. El enfrentamiento es espectacular, sí, pero también tiene algo de combate de videojuego en el que el jefe final parece imponente hasta que descubres que el protagonista ha guardado tres pociones, dos vidas extra y un botón secreto para darle la vuelta a la partida. Knull está debilitado, pero siempre encuentra algún recurso inesperado. Una habilidad que no conocíamos, un truco que convenientemente aparece cuando hace falta o una nueva forma de utilizar sus poderes. Y eso resta bastante tensión. Si el protagonista puede sacar una solución milagrosa del bolsillo cada vez que la situación se pone fea, resulta complicado preocuparse demasiado por su destino.

Además, los combates prometen más de lo que terminan ofreciendo. La pelea contra Thanos tiene momentos espectaculares y Juanan Ramírez consigue que cada golpe parezca capaz de partir un planeta en dos, pero el guion no siempre sabe cómo mantener esa intensidad. Hay enfrentamientos que comienzan como si fueran a cambiar la historia del universo y terminan con la sensación de que simplemente había que llenar unas cuantas páginas antes de llegar al siguiente giro. También tenemos un encuentro con otra versión de Eddie Brock. Multiverso mediante, porque si existe una regla sagrada en Marvel además de «nadie permanece muerto», es que siempre podemos sacar otra versión de un personaje. El enfrentamiento tiene su interés, pero vuelve a ocurrir lo mismo. Knull parece tener siempre un as bajo la manga. Y cuando el protagonista dispone de una colección de ases suficiente para montar una baraja entera, la tensión se resiente.

Donde el cómic sí da la talla de manera contundente es en el apartado gráfico. Juanan Ramírez realiza un trabajo extraordinario (magnifico, soberbio, que se te cae la baba) y probablemente sea la principal razón para que este tomo resulte más disfrutable de lo que su argumento permite. Su Knull es espectacular. Tiene presencia, amenaza y una apariencia que consigue que el personaje parezca realmente una criatura salida de una pesadilla, en algunos momentos me recuerda a Freddy Krueger pero sin el guante y mejor cara. Ramírez se mueve especialmente bien en las escenas de horror y acción. Las criaturas, los cuerpos, las sombras y los efectos de los poderes tienen una fuerza considerable. Hay momentos en los que el cómic parece querer convertirse directamente en una historia de terror cósmico y es entonces cuando mejor funciona. Knull puede estar pensando sus planes de dominación universal, pero visualmente parece mucho más interesado en arrancarle la columna vertebral a alguien. Y oye, cada uno tiene sus aficiones. Además, la transformación del personaje al pasar de la oscuridad a la luz permite que Ramírez juegue con registros diferentes. El Knull oscuro es amenazante y monstruoso; el nuevo Knull luminoso resulta extraño precisamente porque contradice todo lo que asociamos con él. La iluminación y el color realizado por Erick Arciniega ayudan mucho a remarcar ese contraste y hacen que algunas páginas tengan auténtica espectacularidad.

También Al Ewing y Tom Waltz consiguen que Knull tenga algo más de personalidad cuando está contra las cuerdas. Sigue siendo un personaje bastante más cercano a una entidad que a una persona con la que podamos empatizar, pero quitarle temporalmente sus poderes permite descubrir una versión algo más interesante del villano. Por una vez no puede solucionarlo todo haciendo aparecer un ejército de simbiontes y tragándose media galaxia. La cuestión es que esa buena idea no termina de aprovecharse del todo. La miniserie empieza planteando una especie de reconstrucción del personaje, pero acaba funcionando sobre todo como puente hacia algo mayor. Y cuando llegamos al último número, las cinco últimas páginas prácticamente están señalando con el dedo hacia el próximo evento y diciendo: «¿Veis aquello de allí? Pues comprad el siguiente cómic».

Panini Comics recopila esos cinco números estadounidenses en un único tomito de tapa blanda con traducción de Santiago García y portada de Ryan Stegman junto a Frank Martin, una opción lógica para una miniserie que, aunque tiene ambiciones cósmicas, tampoco necesita ocupar media estantería. La edición cumple su función y permite leer la historia de una tacada, algo que incluso beneficia a una trama que probablemente resulte algo más entretenida seguida que esperando un mes entre cada episodio.

Este tomito de «Knull» es, en definitiva, un cómic extraño. Tiene una premisa bastante buena, unos autores capaces de sacar petróleo de un personaje que corre el riesgo de ser simplemente «el dios oscuro que es muy malo» y un dibujante, Juanan Ramírez, que se marca un trabajo espectacular. Pero también tiene un problema bastante grande. Parece más preocupado por preparar la siguiente fiesta que por conseguir que esta tenga un final satisfactorio. Como historia independiente, se queda corta. Como capítulo intermedio del gran culebrón de Marvel, cumple bastante mejor. Si vienes siguiendo todo lo relacionado con Veneno, Knull, Hela y los eventos que rodean a los simbiontes, probablemente quieras saber qué demonios ha estado haciendo el Rey de Negro después de su última derrota. Si llegas aquí buscando una historia cerrada que justifique por sí sola cinco números, quizá termines preguntándote por qué has pagado entrada para una película cuyo argumento empieza realmente cuando aparecen los créditos. Lo más irónico es que Knull empieza el tomo encerrado y sin poderes y termina convertido en algo diferente. El problema es que el lector también puede acabar un poco encerrado: concretamente, dentro de la obligación de comprar el siguiente evento para saber cómo continúa todo. Eso sí, si Marvel pretende venderme cinco números de Juanan Ramírez dibujando monstruos cósmicos, Thanos recibiendo golpes y Knull convertido en una especie de mesías luminoso con cara de haber desayunado clavos, probablemente vuelva a picar. Porque una cosa es que el argumento sea un puente y otra que el puente tenga unas vistas acojonantes.

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