La Imposible Patrulla-X 17: refugio para mutantes

En la grapa número 17 de La Imposible Patrulla-X nos marcamos un viaje al pasado para contarnos la historia de los Custodios y, de paso, ampliar la mitología de Casa Haven en Nueva Orleans. Gail Simone y Mikki Kendall retroceden más de un siglo para enseñarnos que la casa ya era entonces un refugio para quienes tenían la mala suerte de ser diferentes en una época en la que la tolerancia no cotizaba precisamente al alza. Y, como suele ocurrir en estas historias, basta con juntar racismo, prejuicios, violencia y mutantes para que la convivencia se vaya a la porra en tiempo récord.

El protagonista de esta historia es Slaughter Freedman, un antiguo soldado y marshal que llega al lugar con pinta de haber salido directamente de un western mutante. Sombrero, poncho, pistolas y, porque una sola pareja de brazos debía de parecerles demasiado convencional, un segundo par escondido bajo la ropa. El hombre viene con sus propios problemas, pero acaba encontrándose con un Lobezno joven, herido y todavía sin el adamantium que convertiría su esqueleto en una inversión bastante cara. Porque sí, resulta que Logan ya tenía la costumbre de meterse en líos incluso antes de convertirse en una máquina canadiense de hacer agujeros.

La gracia del asunto está en cómo Simone y Kendall conectan pasado y presente sin convertir el episodio en una simple excursión turística por la nostalgia mutante. El lugar no es solamente un edificio donde los personajes actuales pueden esconderse cuando el mundo vuelve a recordar que odia a los mutantes. Es un lugar con memoria. Un refugio construido a base de historias, muertos, heridas y personas que encontraron allí un poco de paz cuando fuera todo era bastante menos acogedor. Y eso permite que la historia tenga un componente bastante más humano de lo que uno podría esperar de una grapa donde aparecen tipos con cuatro brazos, criaturas de obsidiana y un Lobezno recién sacado de una tumba. Simone y Kendall hablan de discriminación y odio sin necesidad de convertir cada página en un cartel luminoso de “esto es importante”». Los conflictos entre los habitantes de Haven y quienes los consideran monstruos funcionan porque forman parte del mundo y de los personajes, no porque el guion tenga que detenerse cada cinco minutos para explicarnos lo que deberíamos pensar.

Uno de los mayores aciertos es precisamente esa sensación de comunidad. Ese lugar es un hogar para quienes no tienen demasiados sitios donde ir. Allí pueden coincidir mutantes perseguidos, personas marginadas y hasta algún canadiense malhumorado que aparece medio muerto en una tumba. Porque si algo tienen los X-Men es una capacidad extraordinaria para convertir cualquier casa de acogida en el escenario de una guerra. La aparición de Lady Henrietta termina de darle al asunto ese toque sobrenatural que necesita la serie. Sus criaturas de obsidiana y su aspecto casi espectral convierten la protección de Casa Haven en algo bastante más inquietante que un simple grupo de vecinos haciendo guardia. Aquí hay poderes antiguos, muertos que no terminan de marcharse y una historia enterrada literalmente bajo los cimientos. Todo muy acogedor. Ideal para comprar una vivienda.

La estructura temporal funciona bastante bien. El pasado ocupa buena parte del relato, mientras que el presente sirve para recordarnos que los problemas no han desaparecido, simplemente han cambiado de ropa. El contraste entre ambas épocas está bien llevado y permite que el lector comprenda que el refugio no se ha convertido en importante porque sí. Lleva más de un siglo acumulando historias de gente que necesitaba un lugar seguro. Y en medio de todo está Lobezno, que funciona como puente entre las dos épocas. Logan tiene aquí ese sentido del honor que tantas veces le ha definido, aunque todavía sea una versión más salvaje y primitiva del personaje. Su relación con los acontecimientos del pasado sirve además para cerrar una deuda que llevaba demasiado tiempo pendiente. Todo termina con ese tipo de resolución emotiva que pretende tocarte la patata.

En el apartado gráfico, Francesco Mortarino, Elisabetta D’Amico y Mattia Iacono hacen un trabajo especialmente adecuado para una historia que necesita diferenciar dos épocas. Mortarino construye personajes con mucha personalidad, desde el aspecto de pistolero de Freedman hasta las distintas encarnaciones de Lady Henrietta. D’Amico aporta unas tintas que sacan mucho partido de los escenarios, especialmente de los árboles, el musgo y ese ambiente pantanoso de Luisiana que hace que uno casi pueda notar la humedad pegándose a la piel. Iacono, por su parte, evita que el pasado parezca simplemente una sucesión de páginas pintadas de sepia porque, aparentemente, alguien decidió hace tiempo que toda historia antigua debía tener el aspecto de una fotografía que lleva cien años dentro de una caja de zapatos. Aquí hay color y vida incluso en las escenas históricas, con tonalidades más apagadas que contrastan con las escenas contemporáneas.

El resultado es una grapa que apuesta más por la atmósfera, los personajes y la construcción de mitología que por ir a toda velocidad de mamporro en mamporro. Acción hay, por supuesto. Estamos hablando de los mutantes, no de un club de lectura. Pero la violencia está integrada en una historia que pretende explicar por qué Casa Haven es lo que es y por qué sigue teniendo importancia en el presente. También ayuda que la historia tenga un cierto sabor a leyenda local. Es casi un cuento de fantasmas mutante, con pistoleros, criaturas sobrenaturales, cadáveres, casas encantadas y un Lobezno que aparece cuando menos te lo esperas. Si en algún momento entra un vendedor de elixires milagrosos, ya tendremos el western completo.

Esta grapa editada por Panini Comics funciona excepcionalmente bien como complemento, pero también se entiende como historia independiente ya que este X-Men Annual #1 se enfoca de esa manera. Se limita a contar una historia sobre una casa y las personas que encontraron refugio en ella. Y resulta que eso basta para construir una pequeña pieza de historia mutante bastante más emotiva de lo que cabría esperar. Gail Simone y Mikki Kendall consiguen ampliar el pasado sin que parezca un simple trámite de continuidad, mientras Mortarino, D’Amico e Iacono convierten Luisiana en un escenario con personalidad propia. Y entre todos consiguen algo que la Imposible Patrulla X lleva haciendo desde hace décadas. Hablar de quienes son rechazados y encuentran una familia entre otros rechazados. Solo que aquí, además, hay un marshal con cuatro brazos, una mujer de obsidiana y un Lobezno enterrado vivo. Porque una casa segura para mutantes nunca puede ser simplemente una casa segura. Faltaría más.

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