Nos aproximamos al decimocuarto tomo de la Biblioteca Marvel dedicada a Thor y uno podría pensar que a estas alturas Stan Lee y Jack Kirby ya tenían perfectamente controlado el invento. Siete años de aventuras, dioses nórdicos, villanos cósmicos, identidades secretas, malentendidos amorosos y martillazos capaces de arreglar prácticamente cualquier problema. ¿Qué podía salir mal? Pues, como suele ocurrir en cualquier empresa que empieza a crecer, absolutamente todo lo que no dependa de los superhéroes. Porque mientras Thor seguía repartiendo mamporros entre dioses, monstruos y amenazas cósmicas, Marvel estaba descubriendo que aquello de construir un universo compartido era estupendo hasta que llegaba la vida cotidiana y te arrollaba como un tren. Y en esta Biblioteca Marvel es un magnífico documento de esa época en la que la Casa de las Ideas empezaba a descubrir que mantener una maquinaria editorial cada vez más grande tenía aproximadamente la misma dificultad que mantener contentos a todos los dioses de Asgard simultáneamente.

El tomo recopila The Mighty Thor #168-173, con Stan Lee al guion y Jack Kirby a los lápices, aunque el equipo artístico ya empieza a parecer una alineación de emergencia. George Klein se ocupa de las tintas, hasta que Bill Everett tiene que tomar el relevo debido al fallecimiento de Klein. Y aquí empieza precisamente uno de los líos del asunto. El cambio de equipo creativo no responde únicamente a cuestiones artísticas, sino a circunstancias editoriales y personales que convierten estos números en una especie de puente entre dos épocas.
Así que toca reducir la continuidad y apostar por historias más autocontenidas. Una idea estupenda para el kiosco, aunque ligeramente menos estupenda para Lee y Kirby, que precisamente estaban disfrutando de la posibilidad de construir historias algo más largas. Es decir, cuando por fin los autores empiezan a decir “vamos a contar esto con calma”, desde arriba alguien responde: “Muy bonito, pero terminadlo ya, que este número tiene que poder comprarlo el señor que pasaba por aquí a por tabaco”. Y eso se nota especialmente en los primeros episodios del tomo, dedicados a Galactus. La historia comienza con intención de desarrollar con cierta calma el origen del devorador de mundos y construir una mitología alrededor del personaje. Kirby, además, tenía una visión particularmente interesante para Galactus, hasta el punto de plantearlo como una figura que podía alejarse del concepto de simple villano. Pero las circunstancias editoriales obligan a acelerar y cerrar el asunto antes de tiempo. El resultado es bastante curioso. Tenemos los ingredientes para una historia cósmica importante, pero el cocinero recibe una llamada diciendo que la cocina cierra en diez minutos. Así que donde podría haber habido una evolución más pausada del personaje terminamos encontrándonos con un relato que tiene que meter el turbo.

Después de eso, el tomo cambia considerablemente de ritmo. Thor se enfrenta a un villano diferente prácticamente en cada número: el Destructor, Kronin Krask, el Jefe de Pista o Ulik. Hay subtramas relacionadas con Loki, Karnilla y Balder que proporcionan cierta continuidad, pero tampoco estamos ante una epopeya que exija llevar un cuaderno de notas para recordar quién le debe qué a quién. Son historias diseñadas para funcionar por separado y, aunque eso las hace accesibles, también provoca que la colección pierda parte de esa sensación de estar construyendo algo grande. Y aquí aparece una de las contradicciones más interesantes del volumen. Por un lado, tenemos a Lee y Kirby trabajando sobre conceptos enormes, personajes mitológicos y amenazas capaces de poner patas arriba el Universo Marvel. Por otro, la estructura obliga a que buena parte de esas historias se resuelvan con bastante rapidez. Es como contratar a una orquesta sinfónica para tocar un jingle de quince segundos. Por eso resulta especialmente interesante leerlo teniendo presente lo que está ocurriendo alrededor. No es uno de esos volúmenes que puedan presumir de ser el más redondo de la colección, porque precisamente está atrapado entre dos maneras de entender la serie. Lee y Kirby todavía están ahí, pero el sistema que les permitía desarrollar sus historias está cambiando. La editorial necesita más independencia entre episodios, los equipos creativos empiezan a moverse y la serie se encamina hacia una nueva etapa.
Panini Comics presenta el material en su habitual formato de Biblioteca Marvel, con 160 páginas en rústica con solapas y edición a color, incluyendo una introducción de Pedro Monje que ayuda bastante a comprender todo este contexto editorial. Además, el material adicional relacionado con Galactus y la concepción que tenía Kirby del personaje aporta una dimensión especialmente interesante al conjunto. A veces las páginas que no llegaron a publicarse cuentan casi tanto como las que sí llegaron a las estanterías.

Al final, la Biblioteca Marvel El Poderoso Thor 14 es un volumen de transición. Y como ocurre con muchas transiciones, tiene algo de mudanza. Pero también permite contemplar en directo cómo Marvel estaba dejando atrás una determinada forma de hacer cómics para convertirse en una maquinaria mucho más grande y compleja. Lee y Kirby continúan ofreciendo conceptos, personajes y momentos formidables, pero la colección empieza a notar las costuras de una editorial que ya no podía funcionar exactamente como unos años antes. El resultado es irregular, más sencillo y menos ambicioso en su estructura, aunque conserva suficientes ideas interesantes como para que este tomo tenga bastante más que ofrecer que una simple sucesión de mamporros asgardianos. No será el volumen que uno elegiría para explicar por qué Thor fue una de las grandes creaciones de Lee y Kirby, pero sí resulta muy útil para entender cómo aquella etapa empezó a despedirse. Y, además, permite disfrutar de una última ración importante del Thor de Kirby antes de que el martillo pase progresivamente a otras manos.
