Ansia de vivir: fábula humana en tiempos dificiles

Si hay un año en el que comenzó a madurar el cómic estadounidense ese fue 1978, el año en el que “Contrato con Dios” se publicó. Puede que antes hubiera, a un nivel underground o minoritario, relatos en viñetas con temática adulta, pero fue Will Eisner quien demostró al gran público que el noveno arte es tan válido como medio de expresión como cualquier otro para expresar cualquier tipo de relato. Relatos como los que situó en los “Tenements” (las construcciones baratas del Bronx neoyorquino), que sirvieron para construir melodramas costumbristas en viñetas. Anclados en lo social, con personajes tan humanos como certeros y que protagonizaron lo que hoy se considera de forma unánime un clásico del siglo XX.

SI “Contrato con Dios” abrió la puerta y consiguió poner en boca de todos el término “Novela Gráfica”, diez años después llegó “Ansia de Vivir” (“A Life Force”), otro certero retrato costumbrista de un bloque de la Avenida Dropside del Bronx durante los años de la Gran Depresión. En el encontraremos a un maduro carpintero judío de origen alemán que se ha quedado sin empleo; a un joven burgés al que la vida, y el crack del 29, le ha despojado de cualquier riqueza material; a un inmigrante ilegal italiano que debe un favor a sus paisanos de la mafia. Solo citamos tres, pero el “dramatis personae” se completa con otros más (un humilde empresario y su hijo con tendencias sindicalistas, una mujer judía que quiere huir de la Alemania nazi y un pobre diablo que, preso de la locura, apenas sale de su vivienda). Todos juntos conforman el paisaje que se describe en “Ánsia de vivir”.

Un paisaje que, sin duda, tiene un marcado tono costumbrista y en el que “la voluntad de supervivencia” se mantiene a pesar de las penalidades descritas en los años que siguieron al crack del 29. Sin dramas exagerados, mostrando la miseria tal cual es: como algo cotidiano e inherente a esas personas que vivieron esos días de recesión. Que, a pesar de todo, tiraron adelante porque no quedaba otra. Por el camino, las oportunidades y amenazas aparecerán. Así como las encrucijadas vitales para unos personajes que se han de acostumbrar a vivir así, porque no hay alternativa cuando no hay más recursos. Porque si estás a punto de caer en lo más bajo de la «Pirámide de Maslow«, con sobrevivir es suficiente.

Todo eso transpiran las páginas de “Ansia de vivir”. Además de la voluntad que nombra el título, Eisner la dota de una humanidad majestuosamente real a sus imperfectos personajes, tan reales como la aridez del bloque donde viven. Sin más épica que la tener recursos un día más, con vidas sencillas que consiguen ir haciendo frente a las penalidades de aquella época. Bien retratada y contextualizada por Eisner a través de recortes de prensa y texto que ayudan a situar cada momento y lugar.

Como siempre, cuando se trata de Will Eisner, sus páginas siguen siendo majestuosas de leer y contemplar. Tanto por las composiciones, que décadas después siguen desprendiendo magnetismo, como por la capacidad expresiva que dotó siempre a sus personajes. Y es que, cuando ves una viñeta dibujada por Eisner a veces no hace falta texto de apoyo, el personaje, tal y como está dibujado, lo dice todo. El texto de dialogo, en ocasiones, solo es un catalizador que potencia lo que ya nítidamente expresa el rostro. Y siempre sin ser redundante, el dialogo que escribe el Maestro complementa y amplifica, no repite lo que expresa el dibujo. Y esos recursos se pueden ver perfectamente en estas páginas.

Robert Crumb dijo de “Ansia de Vivir” que es la mejor obra de Will Eisner. En nuestra opinión, si no lo es, es la que más se acerca. Quizá, al formar parte de la trilogía del “Contrato con Dios”, haya tenido más reconocimiento para el gran público la obra que con su título engloba a los tres cómics que la componen, pero a nuestro juicio “Ansia de Vivir” es la más redonda de todas. Por lo bien que recrea y muestra los años de incertidumbre que se vivieron en la Gran Depresión. Hábilmente sintetizado en páginas que, aun estando siempre a disposición del relato, resultan siendo grandiosas cuando las contemplamos cuatro décadas después de haberse dibujado. Quizá por ello, al igual que la “Trilogía del Contrato con Diós” al completo, Norma haya recuperado este año esta obra con una nueva edición en castellano y catalán, con traducción de Raúl Sastre Letona y Ernest Riera respectivamente, y el cuidado color que dió Santi Arcas al dibujo de portada del Maestro. Dicho lo cual, somos de la opinión que los tesoros en viñetas siempre han de estar disponibles. Y esta fábula humana para tiempos difíciles lo es.

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