Contrato con Dios: la vigencia de lo excelente

Hay cómics destinados a perdurar, a estar disponibles eternamente para nuevos lectores que los descubran, porque por muchos años que pasen, su vigencia se mantiene impoluta. Entre ellos se encuentra el cómic que hoy nos ocupa: “Contrato con Dios y otras historias de los tenements” (“A Contract with God and Other Tenement Stories”), de Will Eisner, que acaba de ser reeditado por Norma, en castellano y catalán, junto al resto de obras que componen “La Trilogía del Contrato con Dios«.

Quizá estemos ante los cómics más significativas del creador de “The Spirit”. Obras que van a estar disponibles de forma unitaria y también englobadas en un jugoso cofre. Sobran razones para que tengan una nueva vida editorial, pues lo que albergan mantiene la fuerza del primer día. Tanto “Ansia de vivir” y “Avenida Dropsie” como la que hoy reseñamos, quizá es la más célebre. A todas ellas les dedicaremos el espacio que merecen, si bien, como no puede ser de otra manera, comenzaremos con la obra que popularizó para la posteridad el término “novela gráfica”: “Contrato con Dios”.

Con este cómic Eisner buscaba un público más maduro y que viera la luz este material a finales de los setenta en Estados Unidos no fue algo sencillo. Al fin y al cabo los cómics seguían considerandose un entretenimiento para niños y adolescentes por aquel entonces, aun con la presencia de las corrientes underground ya existentes. Fue en 1978, con un Eisner ya entrado en su sexta década de vida, cuando alumbró “Contrato con Dios”. Si bien la aceptación fue tibia en un primer momento, su impronta fue calando con los años, descubriéndose como una de las obras capitales no solo del cómic book estadounidense, sino mundial. Una de esas por la que los años y coyunturas no pasan y que hoy, casi cinco décadas después de que viera la luz, mantiene toda sus fuerza en sus páginas.

En ella nos esperan cuatro historias costumbristas llenas de emotividad y melancolía. Relatos urbanos, que beben de los recuerdos del autor criado en Nueva York, si bien no estamos ante un tebeo autobiográfico. Pues hábilmente Eisner construye una ficción que se apoya en las verdades vividas, pero despojadas de lo biográfico. De este modo consigue algo con mayor calado. Ya no es la historia de alguien, es algo más universal y, por ello, con una capacidad de alcance mayor.

Por sus páginas es patente el realismo del que parten los melodramas que aquí esperan. Plasmadas en páginas en las que el maestro de “The Spirit” no solo aplicó todo su savoir faire sino que fue un paso más, dominando tiempo y tono en todo momento. Baste ver las composiciones de página, los encuadres, el nivel de detalle de cada viñeta. La forma, en definitiva, con que guía el autor al lector en el recorrido. Marcando los tiempos con splash pages, utilizando la distribución del espacio físico de cada página como elementos que potencian lo contado. Metiendo de lleno al lector en la historia, viñeta a viñeta. Muchas de ellas, por su maestría y eficacia, no se olvidan. Tanto quien se acerque por vez primera a este cómic como quien vuelva a reencontrarse con él lo podrán comprobar: la vigencia de este “Contrato don Dios” se mantiene intacta. Es lo que tiene la excelencia, que es eternamente certera.

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