Marvel Premiere Spiderman 1: El fin del Spider-Verso. Slott y Bagley desatados

La casa de las ideas espero mucho tiempo en quitar muchas palabras que acompañaban al hombre añara. Pasamos por Amazing Spectacular, Web of y alguno más que seguro que se me olvida. Así que, cuando llega un aniversario, solo queda una opción razonable. Poner en peligro a todos los Spiderman de todos los universos conocidos. Porque si algo ha demostrado Marvel en los últimos años es que el concepto de «demasiados Spidermans» no existe. Siempre cabe uno más. Por eso en este primer Marvel Premiere de «Spiderman: El fin del Spideverso» que reúne los siete primeros números de la serie de Spider-Man escrita por Dan Slott y dibujada por Mark Bagley veremos a mogollón de gente lanzado telarañas y con licra muy ajustada haciendo lo que mejor saben hacer.

La premisa no se anda con demasiadas sutilezas: Morlun ha vuelto y, como aparentemente no tenía suficiente con perseguir a los Spiderman de los distintos universos, ahora cuenta con la colaboración de una entidad todavía más poderosa. El resultado es una amenaza de proporciones cósmicas que pone patas arriba el Spiderverso y obliga a reunir una auténtica manifestación de trepamuros. Peter Parker, eso sí, queda en una posición bastante peculiar, porque esta historia consigue algo que parecía difícil después de tantos años. Construir una aventura de Spiderman en la que Peter no sea realmente el protagonista absoluto. Y eso tiene mérito. También tiene truco. Si tienes suficientes arácnidos en pantalla, siempre puedes apartar al original durante un rato y fingir que estás haciendo algo revolucionario.

Dan Slott conoce perfectamente el terreno en el que pisa. Después de tantos años escribiendo al personaje, sabe dónde están las llaves de la casa de Peter Parker. Sabe dónde están los recuerdos, dónde guarda los traumas y, sobre todo, qué cajón contiene los muñecos de continuidad que puede sacar cuando necesita un guiño para el lector veterano. El guion está repleto de referencias, personajes y conceptos procedentes de distintas etapas del personaje, y Slott se mueve por ellos con la tranquilidad de quien lleva años jugando con el catálogo de Marvel.

El problema es que precisamente esa familiaridad puede convertirse en una pequeña trampa. El Spideverso lleva ya tanto tiempo creciendo sobre sí mismo que empieza a parecer una familia que ha decidido celebrar una reunión y nadie recuerda exactamente por qué está allí. Hay seres arácnidos para todos los gustos, universos que parecen diseñados específicamente para justificar una portada espectacular y amenazas que necesitan subir constantemente de escala para que el siguiente acontecimiento parezca todavía más importante. Pero funciona. Y funciona porque Slott entiende algo fundamental. Spiderman puede soportar una cantidad absurda de disparates siempre que debajo de ellos siga existiendo una aventura reconocible. Aquí hay acción, humor, tragedia, sacrificios, traiciones, muertes y suficiente gente disfrazada de araña como para que cualquier aracnofóbico necesite cambiar de editorial durante una temporada.

Pero entonces aparece Mark Bagley. Si alguien necesitaba demostrar que dibujar Spiderman es como montar en bicicleta, Bagley lleva décadas sin bajarse. Su Spiderman tiene esa energía elástica y dinámica que parece imprescindible para el personaje, pero además aquí se enfrenta a una dificultad adicional. Llenar páginas con cantidades industriales de personajes con alguna arañita en el pecho como mínimo. Y cuando digo industriales, no es una exageración. Hay viñetas en las que uno espera encontrar un pequeño cartel indicando la salida de emergencia por si algún personaje decide multiplicarse otra vez. Bagley, sin embargo, consigue que todo resulte legible y espectacular. Sus personajes tienen movimiento y expresividad especialmente adecuada para una historia que podría haberse convertido fácilmente en un atasco de disfraces rojos y azules. John Dell y Andrew Hennessy se encargan de las tintas, mientras Edgar Delgado aporta el color, completando un apartado gráfico que apuesta por el espectáculo sin olvidarse de la personalidad del personaje.

El reencuentro entre Slott y Bagley tiene una importancia evidente. No habían formado hasta ahora un equipo creativo regular en una serie del hombre araña, y la combinación resulta tan lógica que cuesta entender que haya tardado tanto en producirse. Slott conoce al personaje hasta niveles preocupantes y Bagley lleva asociado su nombre a Spiderman desde hace tanto tiempo que probablemente haya personas que hayan aprendido a distinguir un lanzarredes antes que un lápiz.

Lo curioso es que, pese a toda esta pirotecnia, este tomo consigue cerrar su historia dentro del propio volumen. Una rareza cada vez más apreciable en Marvel, donde un acontecimiento puede necesitar tres prólogos, cuatro cruces, dos miniseries y una guía de lectura que parece la declaración de la renta. Aquí, al menos, tenemos un arco completo. Puede dejar alguna cosa en el aire y probablemente el concepto esté diseñado para seguir creciendo, pero el lector puede cerrar el tomo sin necesidad de comprar inmediatamente otros siete cómics para descubrir qué demonios acaba de pasar.

Los siete números que contiene este primer Marvel Premiere de Spiderman cuentan con 168 páginas en una edición sencilla pero apropiada para una historia que, por su propia naturaleza, pide bastante espacio para desplegar semejante desfile de personajes. Los textos de Julián Clemente vuelven a aportar ese contexto editorial que siempre ayuda a colocar la historia dentro de la larguísima carrera del personaje.

Al final este primer tomo es un tiro muy directo al pecho. Marvel quería recuperar a Dan Slott, juntar por fin al guionista con Mark Bagley en una serie regular y celebrar los sesenta años de Spiderman. ¿La solución? Crear una amenaza capaz de poner en peligro a todos los Spider-Man posibles. Porque aparentemente, cuando tienes un problema con Spiderman, la solución nunca es quitar Spiderman. Es añadir más. Y más. Y otro. Y otro de un universo en el que lleva sombrero. Slott y Bagley entienden perfectamente el tipo de espectáculo que están construyendo y lo ejecutan con oficio, ritmo y bastante cariño por el personaje. Puede que el Spideverso empiece a parecer una franquicia que necesita urgentemente un buen inventario para saber cuántos señores y señoras vestidos de araña tienen almacenados, pero mientras Bagley siga dibujándolos así y Slott sepa jugar con ellos, todavía hay arañas para rato.

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