Nereidas: miedo, libertad y fantasía

A veces uno mira al mar y piensa que lo peor que puede salir de ahí es un tiburón con hambre, una medusa con malas pulgas o algún turista haciendo snorkel con una cámara acuática. Ilaria Palleschi propone una posibilidad bastante más inquietante. Del fondo marino emerjan las nereidas para recordarnos que algunos monstruos no necesitan escamas, colmillos ni tentáculos. Les basta con ser humanos o aparentar serlo. «Nereidas», publicada en España por Liana Editorial con traducción de Inés Sánchez Mesonero, parte de una idea tan antigua como incómoda: la violencia contra las mujeres. Pero en lugar de plantearla desde el realismo más crudo, Palleschi introduce en la historia a las criaturas de la mitología griega y las convierte en una especie de respuesta sobrenatural a una violencia que lleva demasiado tiempo acumulándose. Y aquí está una de las cosas más interesantes del cómic. Las nereidas no aparecen simplemente para repartir justicia poética a golpe de tortazo. Son la materialización de un miedo, una rabia y una necesidad de rebelarse que ya estaban ahí.

La protagonista es Beroe, una adolescente que empieza a cuestionarse las reglas que los adultos han establecido para protegerla. Porque, como suele ocurrir con esas reglas que supuestamente existen por nuestro bien, algunas terminan consistiendo en decirte dónde puedes ir, cómo debes comportarte, qué debes evitar y qué debes hacer para no convertirte en una víctima. Y llega un momento en que uno puede preguntarse si tanta protección no acaba pareciéndose sospechosamente a una jaula con instrucciones de uso. Palleschi consigue que esa mirada adolescente resulte especialmente adecuada para el relato. En este tebeo surgen muchas preguntas como: ¿Por qué las mujeres tienen que aprender a protegerse de determinadas situaciones? ¿Por qué la responsabilidad parece recaer tantas veces sobre quien puede sufrir la violencia y no sobre quien la ejerce? ¿Dónde termina la prudencia y empieza el miedo? El cómic no pretende convertir todo esto en un tratado sociológico, por fortuna, porque probablemente nadie quiere pasar una tarde leyendo 160 páginas de notas al pie sobre patriarcado.

La mitología sirve precisamente para darle otra dimensión a esas preguntas. Las nereidas proceden de un imaginario antiquísimo y Palleschi juega con él para traerlas hasta un problema absolutamente contemporáneo. Es un contraste interesante. Criaturas nacidas de los relatos de la Grecia clásica utilizadas para hablar de algo que, lamentablemente, no pertenece al pasado. Las leyendas cambian, las sociedades cambian, la ropa cambia y ahora tenemos Iphones con más potencia que los ordenadores que llevaron al hombre a la Luna, pero determinados problemas siguen teniendo una preocupante facilidad para sobrevivir.

Uno de los aciertos del álbum es que no necesita convertir constantemente el mensaje en un enorme cartel luminoso. Hay escenas silenciosas que funcionan precisamente por lo que sugieren, y determinados elementos adquieren un significado especial. Entre ellos están los vestidos similares de las mujeres adultas y las perlas asociadas a sus experiencias de violencia, recursos gráficos que permiten expresar visualmente unas imposiciones que el texto no necesita explicar hasta la extenuación.

De ahí, llegamos probablemente al apartado más destacable de Nereidas: el dibujo. Palleschi construye unas páginas de gran atractivo, utilizando el color, las luces y las sombras para crear una atmósfera que encaja especialmente bien con esa mezcla de realidad y fantasía. El mar, naturalmente, ayuda bastante. Es difícil dibujar agua y que no quede bonito; incluso el océano parece tener mejores recursos para crear atmósferas que muchos decoradores de interiores. Pero aquí el atractivo no se limita a llenar las páginas de estampitas marinas. Las imágenes participan en el discurso y ayudan a construir esa sensación de opresión y posterior liberación.

Sin embargo, el guion es bastante más sencillo. Palleschi cuenta mucho en muy poco espacio y eso tiene una doble consecuencia. Por un lado, la lectura resulta ágil y permite que el mensaje llegue con claridad. Por otro, algunas cuestiones quedan algo esquemáticas y determinadas ideas podrían haber necesitado más desarrollo. Por ejemplo, las propias nereidas tienen menos presencia de la que podría esperarse por el título y por la premisa. Es probablemente el principal problema del tebeo. Uno entra esperando encontrarse con una historia en la que las criaturas mitológicas tengan un papel más importante y acaba descubriendo que su función es sobre todo simbólica. No es necesariamente un defecto, pero sí una cuestión de expectativas. Si uno viene buscando una especie de fantasía marina con adolescentes, monstruos mitológicos y una buena cantidad de escamas haciendo cosas espectaculares, puede quedarse mirando al mar esperando que llegue la segunda temporada.

La historia apuesta mucho más por la alegoría. Las nereidas son una presencia que sirve para expresar algo que quizá resultaría mucho más difícil de representar únicamente mediante personajes realistas. El conflicto importante no está realmente bajo el agua, sino en la superficie, en las normas sociales, en los miedos y en esa eterna costumbre de decirle a una mujer que tenga cuidado en lugar de preguntarse por qué debería tener que vivir con miedo.

Eso hace que el cómic funcione especialmente bien como lectura para jóvenes. Su utilidad como introducción a cuestiones como el consentimiento, la violencia de género y las violaciones y demás vejaciones a la mujer consiguen que el relato interese más allá de la fantasía. Y quizá ahí está la verdadera intención de la obra. No pretende resolver un problema gigantesco en 160 páginas, sino abrir una puerta. Después ya vendrán otras lecturas, otras conversaciones y, con suerte, unas cuantas preguntas incómodas. También resulta interesante que Palleschi no construya una historia basada únicamente en el enfrentamiento entre buenos y malos. Hay algo más amplio en la idea de comunidad, de apoyo y de solidaridad entre mujeres. Otra cosa que también deja claro no es una animadversión contra todos los hombres, ya que su final dice mucho más de lo que cuentan los propios bocadillos de texto. Aquí se trata de romper un circulo vicioso que no hace ningún bien a nadie.

Por eso, no es un cómic perfecto ni pretende serlo. Su planteamiento es más ambicioso que su desarrollo y, en determinados momentos, da la sensación de que algunas ideas han tenido que correr para llegar a la meta antes de que se acabaran las páginas. La parte mitológica podría haber dado mucho más juego y el desenlace llega con cierta prisa. Pero también sería injusto exigirle a la obra que fuera otra historia distinta de la que quiere contar. Porque Palleschi tiene claro cuál es su objetivo y lo transmite con bastante limpieza. Las nereidas no necesitan ocupar cada página para hacerse notar. Basta con que estén ahí, debajo del agua, como una especie de recordatorio de que las historias antiguas pueden seguir hablando de problemas muy actuales. Quizá esa sea la pequeña broma amarga de «Nereidas». Hemos inventado monstruos marinos durante miles de años para explicar nuestros miedos, cuando algunos de los monstruos más reales ni siquiera necesitan salir del agua.

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