Volvemos con Conan en un nuevo tomo donde vuelve a demostrar que, cuando uno tiene una espada gigantesca, unos músculos capaces de mover muebles y una alergia bastante seria al diálogo civilizado, prácticamente cualquier problema tiene solución. Otra cosa es que la solución implique incendiar una biblioteca, cargarse media docena de guerreros sobrenaturales o dejar a un mago llorando por amor en mitad de ninguna parte. Pero esas son minucias. Lo importante es que el bárbaro sigue siendo el bárbaro y que Panini continúa avanzando con su recuperación de la clásica Conan the Barbarian en esta «Biblioteca Conan el Bárbaro 22», que recopila los números 127 a 132 de la colección estadounidense.

El tomo continúa la etapa de J. M. DeMatteis, acompañado principalmente por Gil Kane, y aquí conviene advertir que estamos ante un Conan bastante alejado de la aventura bárbara más sencilla y directa. DeMatteis parece tener ganas de llevar al cimerio por terrenos cada vez más fantásticos, con profecías, objetos cósmicos, maldiciones, magos, criaturas imposibles, castillos flotantes y conceptos que parecen sacados de una partida de rol después de que el máster haya decidido que los jugadores ya están demasiado cómodos. Conan sigue siendo Conan, por supuesto, pero el escenario empieza a parecerse menos a una taberna de la Era Hiboria y más a una alucinación de espada y brujería después de tres noches sin dormir.
Uno de los relatos más llamativos es “La mujer de los cabellos de nieve en el yermo”, donde Conan se encuentra en mitad de una tormenta y salva a una mujer de un oso de las nieves. Hasta aquí, todo bastante razonable para alguien que considera una tarde tranquila aquella en la que solamente tiene que matar un oso. Después aparecen una aldea de vanires, esclavistas, un chamán, una mujer misteriosa y una historia de amor bastante más retorcida de lo que parecía al principio. Xean, la misteriosa mujer, resulta ser una construcción mística que se mantiene con vida gracias a un collar, mientras Potarr, el chamán, pretende recuperarla porque, atención, además de ser su esclava resulta que la ama. Porque si algo le faltaba a la fantasía heroica clásica era una relación sentimental basada en esclavitud, magia y una preocupante incapacidad para hablar las cosas como adultos.

La historia tiene ese sabor tan propio del Conan de la época. Tenemos violencia, criaturas extrañas, sensualidad, tragedia y una resolución que deja al cimmerio haciendo lo que mejor sabe hacer cuando los sentimientos empiezan a complicarse: marcharse. Conan puede enfrentarse a ejércitos enteros, demonios y monstruos gigantes, pero ante una conversación complicada su estrategia consiste básicamente en poner tierra de por medio. Un héroe práctico. DeMatteis consigue además introducir cierta melancolía en la aventura, algo que funciona especialmente bien cuando el relato se aparta del simple intercambio de espadazos. La tragedia de Xean tiene un componente bastante retorcido y el desenlace posee ese punto de fantasía cruel que tan bien encaja con el género. Eso sí, estamos hablando de un cómic clásico y algunas situaciones han envejecido de manera como diría aquel “regulinchi”. Después de DeMatteis pasamos a Bruce Jones y cambiamos un poco de tercio pasando de unas aventuras más sobrenaturales a algo un poco más terrenal (aunque la magia siempre esta presente). Son dos relatos que nos recuerdan en parte a lo realizado por Roy Thomas pero con esa falta que no sabría muy bien como describir en un texto.
En el apartado gráfico, Gil Kane aporta una versión de Conan que sigue siendo poderosa y espectacular, aunque su aproximación al personaje no siempre busca la contundencia musculosa y terrenal que asociamos a otros dibujantes de la colección. Kane tiene una enorme capacidad para representar mundos fantásticos y criaturas descomunales, y aquí dispone de material para hartarse: guerreros de piel verde, dinosaurios, magos, castillos flotantes y toda clase de amenazas sobrenaturales. Es decir, alguien debió entregarle el guion diciendo: “Gil, dibuja todo lo que se nos ocurra, y si no cabe en la página, hazlo más grande”. También se nota demasiado si Kane dibuja solo o como en algunas historias lo acompaña Ernie Chan o Danny Bulanadi. El trazo cambia visiblemente y puede que a mucha gente le resulte sorprendente esas viñetas que aparecen en los últimos números.

También merece la pena detenerse en el material adicional de la edición. Panini conserva los correos de lectores y las secciones procedentes de la edición original, algo especialmente agradecido en una colección de este tipo porque permite recuperar parte del contexto editorial de aquellos cómics. De igual manera donde podemos ver paginas originales en blanco y negro con trazo de Gil Kane y tintas de Ernie Chan.
En conjunto, la Biblioteca Conan el Bárbaro numero 22 ofrece una etapa peculiar del personaje. J. M. DeMatteis no parece especialmente interesado en repetir una y otra vez la fórmula más sencilla de “Conan llega a un sitio, alguien intenta engañarlo, aparece un monstruo, Conan mata al monstruo y se marcha con el tesoro”. Aquí hay más ambición fantástica, más conceptos sobrenaturales y una voluntad evidente de ampliar el mundo del personaje. El resultado es irregular, pero también bastante entretenido cuando abraza sin complejos su condición de fantasía pulp pasada de vueltas. Puede que este no sea el Conan más sencillo ni el más reconocible, pero sí es un Conan con ganas de experimentar. Y, seamos sinceros, cuando el experimento consiste en convertir al bárbaro en una especie de arma cósmica, enfrentarlo a gigantes verdes, mandarlo a buscar coronas mágicas y terminar incendiando una biblioteca, resulta difícil acusar al cómic de falta de imaginación. Al final, Conan continúa demostrando que la civilización es un invento sospechoso. Los poetas tienen problemas, los magos tienen planes terribles, los profetas guardan coronas en bibliotecas y los hechiceros convierten a sus enemigos en pájaros cuando se ponen pesados. En cambio, Conan tiene una espada. Y, como cualquier bárbaro con experiencia sabe, una espada soluciona muchas cosas. Las que no soluciona, probablemente puedan solucionarse con fuego.
