Peter Parker vuelve a descubrir que ser Spiderman es una profesión de riesgo. No tanto por los golpes, los villanos homicidas, las explosiones o la gente que quiere arrancarle la cabeza, sino porque cada vez que se ausenta una temporada de su propia vida, cuando regresa alguien ha reorganizado el mobiliario, ha cambiado las cerraduras y, con un poco de suerte, también le ha robado la novia. Lo habitual en la vida de Parker, vaya. Y si además en la ecuación metemos a Veneno, Matanza, un asesino en serie y una colección de cadáveres convenientemente colocados para hacer avanzar el argumento, ya tenemos una fiesta familiar de esas en las que nadie quiere sentarse cerca de la mesa de los niños.

El octavo número del Asombroso Spiderman recoge el arranque de Espiral de muerte, un evento de nueve partes que cruza The Amazing Spider-Man y Venom, con un prólogo y un cierre en forma de one-shot. El tomo incluye Amazing Spider-Man/Venom: Death Spiral, The Amazing Spider-Man #23 y Venom #255, y reúne a Joe Kelly, Charles Soule y Al Ewing en los guiones, con Jesús Saiz, Ed McGuinness y Carlos Gómez encargándose de que todo esto tenga una pinta bastante más espectacular de lo que probablemente tendría si nos limitáramos a describirlo. Porque la idea de partida es bastante sencilla, aunque la situación sentimental y familiar de los protagonistas tenga ya la complejidad de un diagrama de flujo diseñado por alguien con demasiado tiempo libre. Tenemos a Peter Parker, Mary Jane Watson y Eddie Brock unidos por una cantidad considerable de historia, traumas, simbiontes y decisiones cuestionables. Peter sigue siendo Spiderman; Mary Jane se ha convertido en la actual huésped de Veneno después de los acontecimientos de Guerra de Veneno; y Eddie Brock anda asociado con Matanza, intentando mantener a raya las tendencias homicidas del simbionte. Una situación perfectamente normal si uno vive en el Universo Marvel y bastante preocupante si uno pretende explicar el árbol genealógico durante una cena.
La aparición de Tormento termina de complicarlo todo. El nuevo villano es un asesino en serie cuya estrategia consiste en atacar los vínculos personales de sus víctimas. No parece especialmente partidario de eso de enfrentarse al héroe de turno, recibir una paliza y desaparecer hasta el próximo número. Tormento prefiere algo más elaborado. Ir asesinando a personas relacionadas con Peter, Mary Jane y Eddie, avanzando desde los círculos más alejados hasta acercarse progresivamente al centro de cada espiral. Es decir, matar a tus seres queridos en orden de proximidad. Una forma especialmente desagradable de hacer amigos. Y aquí es donde Espiral de muerte encuentra su principal virtud. La historia no utiliza las relaciones entre los personajes simplemente como excusa para encadenar peleas, sino que convierte esos vínculos en el verdadero motor de la trama. El concepto de la espiral funciona bien porque permite que el lector perciba cómo el peligro se va acercando poco a poco a los protagonistas. Sabemos que Tormento tiene un objetivo y sabemos que está dispuesto a llegar hasta el final. Lo interesante es descubrir quién será el siguiente en caer y cuánto tardará la amenaza en alcanzar a Peter, Mary Jane y Eddie.

Joe Kelly, Charles Soule y Al Ewing consiguen además que las tres líneas argumentales tengan personalidad propia sin perder la sensación de formar parte de una misma historia. Algo que no siempre resulta sencillo cuando se juntan varios guionistas y personajes procedentes de series diferentes. Aquí, por fortuna, no da la impresión de que tres autores hayan quedado en una cafetería para decidir quién se queda con cada cadáver. Hay una dirección clara y una progresión bastante bien medida. Especialmente interesante resulta la participación de Charles Soule, porque permite integrar mejor la situación de Eddie Brock y Matanza dentro del conjunto. Que no siguiera la serie de Eddie Brock: Matanza deja inevitablemente algunas piezas flotando por ahí, pero el evento consigue recogerlas y utilizarlas para construir una amenaza que afecta a todos los protagonistas.
La parte de Peter Parker es probablemente la que mejor funciona. Joe Kelly continúa trabajando sobre las consecuencias de la ausencia de Peter y del monumental desaguisado provocado por Ben Reilly y Norman Osborn. Parker regresa a una ciudad que ha cambiado mientras él estaba fuera y tiene que reconstruir relaciones que han quedado hechas unos zorros. Y ahí aparece Tía May, protagonizando una conversación que recuerda por qué las escenas domésticas suelen funcionar tan bien con Spiderman. Peter puede enfrentarse a un ejército de simbiontes sin despeinarse demasiado, pero sentarse a hablar con su tía puede convertirse en una misión de nivel tener una paralela en hacienda.

También funciona especialmente bien el encuentro entre Peter y Veneno. Sobre todo porque Peter todavía no sabe quién se encuentra bajo el simbionte y la revelación de que Mary Jane es ahora Veneno añade una nueva capa a una relación que ya tiene suficiente equipaje como para llenar varias mudanzas. La escena consigue combinar humor, tensión y sorpresa, y Kelly entiende perfectamente que una buena conversación entre Peter y Mary Jane puede resultar tan importante como cualquier batalla contra un supervillano. Además, la situación de Mary Jane abre posibilidades interesantes. Su transformación en Veneno podría haberse utilizado simplemente como otro cambio de statu quo para vender portadas con un Spiderman y un simbionte dándose mamporros, pero aquí se aprovecha para explorar la relación entre ambos personajes desde una posición diferente. Y eso tiene bastante más interés.
En el apartado gráfico tenemos un auténtico festival. Jesús Saiz se encarga del prólogo y vuelve a demostrar por qué es uno de esos dibujantes capaces de convertir una historia de superhéroes en algo visualmente contundente sin necesidad de lanzar veinte rayos por viñeta. Su trabajo aporta una atmósfera especialmente adecuada para una historia que pretende vendernos muerte, amenaza y malos presentimientos. Después entra en escena Ed McGuinness para Amazing Spider-Man y aquí el lector puede relajarse porque Parker ha caído en buenas manos. McGuinness entiende como pocos el componente caricaturesco del personaje. Sus figuras son enormes, expresivas y dinámicas, pero también sabe cuándo bajar las revoluciones para que una conversación tenga el peso necesario. Sus Spiderman parecen capaces de atravesar una pared de un cabezazo y, al mismo tiempo, de hacer el ridículo durante una conversación familiar. Que, siendo Peter Parker, son dos requisitos bastante importantes. Carlos Gómez completa el apartado artístico con su trabajo en Venom. La diferencia entre los tres estilos es evidente, pero no supone un problema. Cada dibujante aporta su propia identidad y, sobre todo, los tres saben lo que se hacen. Que en un evento con semejante cantidad de personajes, cambios de escenario y simbiontes haciendo cosas poco saludables es bastante más importante que conseguir que todo parezca dibujado por la misma persona. El color de Matt Hollingsworth y Frank D’Armata contribuye a mantener esa mezcla de acción superheroica y ambiente siniestro que necesita la historia. Esta historia quiere ser sangrienta, inquietante y espectacular, pero también necesita espacio para los momentos más personales. Y visualmente consigue alternar ambos registros con bastante solvencia.

Eso sí, hay una decisión que me genera ciertas reservas: las muertes de ciertos personajes históricos. No voy a entrar en nombres porque parte de la gracia del evento está precisamente en comprobar quién consigue salir vivo de esta trituradora, pero sí resulta inevitable preguntarse si determinadas muertes recibirán posteriormente el peso que merecen. Una cosa es utilizar una muerte para dejar claro que Tormento va en serio y otra muy diferente es cargarse a un personaje con décadas de historia para que el lector diga improperios durante treinta segundos y después pase la página. Ese es, de hecho, uno de los riesgos de este tipo de eventos. Cuando la premisa consiste en demostrar que nadie está a salvo, la muerte se convierte casi en una herramienta de usar y tirar. Y si todos los meses necesitamos demostrar que la amenaza es brutal matando a alguien importante, llegará un momento en que los lectores empezaremos a mirar alrededor buscando el próximo personaje secundario al que Marvel le haya caducado el contrato.
Panini Comics presenta el material en rústica, con 80 páginas, traducción de Santiago García y diseño de Marina Ariza. Un tomito manejable que permite disfrutar de tres capítulos diferentes, pero perfectamente conectados y que, sobre todo, deja ganas de comprobar cómo continúa la dichosa espiral. Porque Tormento ha encontrado una forma bastante eficaz de hacerle la vida imposible a Peter Parker. No necesita ser más fuerte que Spiderman. Solo necesita saber quién es importante para él. Y viendo la cantidad de gente que Parker ha ido acumulando durante todos estos años, el asesino tiene trabajo para rato.
