La palabra y el gesto. Quizá se pueda definir con esas dos palabras a Jaques Brel (Schaerbeek, Bélgica, 8 de abril de 1929 – Bobigny, Francia, 9 de octubre de 1978). Dos parámetros con los que construyó una de las carreras más solidas de la Chanson francesa de la segunda mitad del siglo XX. Cimentada en versos escritos con una extrema sensibilidad, amplificados a través de una voz destinada a trascender y trasmitidos, en cada concierto, desde lo emotivo. Jacques Romain Georges Brel dejó, en sus cuarenta y nueve años de vida, una profunda huella que todavía perdura, que todavía se escucha.

Baste citar algunos de sus temas como “Ne me quitte pas”, el más universal, “Quand on n’a que l’amour “ o, entre otros, “La Valse A Mille Temps”. Son la prueba de la inmortalidad de su obra. No por nada, sigue ostentando el récord de mayores copias vendidas de un disco en francia con “Les Marquises”, el disco que supuso su retorno y, al final, el último publicado en vida. Retorno, si, porque Brel fue un inconformista y en 1967 se retiró de los escenarios tras haber triunfado en sucesivas ocasiones en el mítico Olympia de París (hay dos discos en directo, de 1961 y 1964 que dan prueba de ello) y haber conseguido que cada actuación fuera un de emociones desplegadas por su voz y gestos. Pero en cuanto vio que aquello ya era rutina, echó el telón y se dedicó al cine y también a recorrer el mundo en barco.
Así era Brel: inconformista. Con la voluntad de realizarse a cada paso, ya fuera para participar en películas, dar la vuelta al mundo en barco o impulsar y protagonizar, por puro impulso artístico, la versión francesa de “El hombre de la Mancha”. Un tipo, sin duda, que nunca tomó atajos y disfrutó de cada camino emprendido. Caminos dispares, como la temática de sus canciones, llenas de matices que todavía hoy perduran. Un tipo que, desde su muerte, se han llenado ríos de tinta sobre su vida y obra. Pero que, por extraño que parezca, su figura no había sido llevada al cómic. Hasta que Salva Rubio y Sagar Fornies saldaron esa cuenta pendiente que tenía la Bande Dessinée franco belga con uno de sus iconos de la Chanson con “Jaques Brel. Una vida en mil compases” (“Brel, une vie à mille temps”), recién editado por Norma en castellano.

En esta edición se recoge la trilogía completa que conforma la biografía en viñetas de Brel, desde la época en la que trabajaba en la empresa familiar en Anderlecht a su desembarco en París. Salva Rubio y Sagar nos llevan por sus primeros días de escasez por la ciudad de la luz hasta la conquista del Olympia, su retiro de los escenarios, las incursiones en el cine y sus viajes en barco. Todo está aquí, perfectamente documentado e hilvanado en una narrativa gráfica poderosa. La que han cimentado Salva Rubio (“El primer Dumas”, “Los Zazous” o, entre otros, “El fotógrafo de Mauthausen”) y Sagar (“Viaje alrededor de mi habitación”, “Remington 1885” o “El Museo”). Ya habíamos sido testigos de la buena química que surge cuando guionista y dibujante se encuentran (“Miles en París”) y en esta nueva ocasión se ha vuelto a dar.
Con un guion ágil, donde la voz en off de Jacques Brel nos lleva por su vida, Salva Rubio ha armado un relato solvente. Capturando una vida y dando la dimensión precisa a cada paso que dio este inconformista de la chanson. Sin ocultar ninguno de los aspectos de su compleja personalidad y sus relaciones familiares, de pareja y con la industria. Con sus luces, pero también con las sombras. Bien contextualizado, pues rezuman algunas viñetas todo el significado de aquella bohemia parisina que se coció en el circuito de club y cabarets donde la chanson se fue haciendo inmortal. En pequeños teatros donde surgieron leyendas de la música popular. En habitaciones humildes y luces de neón. Todo está aquí, en el recorrido vital de Brel. Con la misma nitidez se muestran otros escenarios vitales, como fueron los años finales de este tipo inquieto, siempre dispuesto a hacer lo que le viniese en gana si ello le daba un aliciente vital.

Sagar es el encargado de que Jaques Brel cobre vida en estas viñetas y lo logra con resultados gráficos muy atractivos. Sin tener que esclavizarse del retrato fotográfico, Sagar, nos dibuja a un Brel que transpira vida en cada gesto y mirada. Aportando profundidad psicológica al personaje retratado y llevándonos, página a página, por su vida. Jugando con composiciones de página resolutivas, enriqueciendo gráficamente cada pasaje mostrado. Desde lo más íntimo a lo más universal de la biografía de Brel, todo esta catalizado en estas viñetas realizadas con una elegancia plástica notable. De las que dejan huella. Huella que, por cierto, se puede amplificar en el apartado de extras de este integral, pues como broche final el volumen se acompaña de un completo dossier de Salva Rubio con ilustraciones de Sagar, permitiendo al lector ahondar más en la figura del chansonnier belga.
Mención aparte merecen las viñetas donde vemos a Brel actuar en directo. Sagar a conseguido lo más dificil: capturar el espíritu de este animal de escenario en páginas que logran evocar aquellas interpretaciones, logrando transmitir la intensidad de cada gesto y mirada del intérprete. Páginas de muchos quilates, con una frescura indómita, de las que quedan en la retina del lector.

Al cerrar “Jacques Brel. Una vida en mil compases” queda la sensación de que la Bande Dessiné francesa saldo con justicia que Brel tuviera un cómic a la altura de su legado. Salva Rubio y Sagar lo consiguieron en estas páginas, pues no solo están realizadas “avec élégance”, sino que son, por sí mismas, un placer para recorrer mientras el lector se reencuentra o descubre a una de las figuras claves del pop francés del siglo XX.
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