The Phantom: El Hombre Enmascarado 1949-1951. Imprescindibles tiras de prensa

Ser supuestamente inmortal tiene sus ventajas. No necesitas preocuparte por las arrugas, por la jubilación ni por ese incómodo momento en el que alguien te pregunta cuántos años tienes y tienes que empezar a hacer cuentas desde el siglo XVI. El problema es que, si eres The Phantom, también tienes que dedicarte generación tras generación a combatir el crimen, la injusticia, los villanos con cara de villano y, de paso, rescatar a alguna damisela en apuros. Todo ello mientras llevas un antifaz que te tapa los ojos y un traje ajustado que probablemente no sea precisamente el colmo de la comodidad para correr por la jungla.

Dolmen Editorial continúa recuperando las tiras clásicas de The Phantom, y con este tomo de  «The Phantom: El Hombre Enmascarado 1949-1951» llegamos a una etapa en la que Lee Falk y Wilson McCoy demuestran que para mantener enganchado al lector de un periódico no hacía falta inventar universos paralelos, amenazas cósmicas ni villanos capaces de destruir media galaxia. Bastaba con secuestros, persecuciones, tribus misteriosas, criminales desalmados, algún mono blanco y, por supuesto, un héroe enmascarado dispuesto a solucionar el problema antes de que llegara la siguiente tira.

El volumen recopila 192 páginas en blanco y negro, continuando una colección que ya se ha convertido en una auténtica operación arqueológica de la historieta. Dolmen lleva nada menos que veinte tomos publicados de las tiras diarias y dominicales de The Phantom, permitiendo seguir la evolución de un personaje que nació en 1936, adelantándose incluso al mismísimo Superman. Lee Falk creó así uno de los grandes prototipos del superhéroe moderno. Un justiciero enmascarado, misterioso, aparentemente inmortal y con una identidad secreta que, en lugar de depender de una mutación radiactiva o de una procedencia extraterrestre, se sostiene gracias a una tradición familiar bastante peculiar.

Vayamos a lo importante: las aventuras. Porque una cosa es hablar de la importancia histórica de The Phantom y otra muy distinta comprobar qué ocurre cuando uno abre el tomo y empieza a leer. Y lo que ocurre es que empiezan a pasar cosas. Muchas cosas. A una velocidad considerable. El volumen incluye cuatro aventuras completas y la continuación de Los Thuggees, aunque el lector que llegue directamente a este tomo no tendrá demasiados problemas para seguir la acción. Falk entendía perfectamente el funcionamiento de las tiras de prensa. Cada entrega debía captar la atención del lector y dejarle con ganas de volver al periódico al día siguiente. Aquí alguien es secuestrado, perseguido, engañado, amenazado o arrojado a una situación potencialmente mortal y el Fantasma tiene que aparecer para poner orden.

En Los Thuggees encontramos buena parte de los ingredientes clásicos del personaje: criminales sin escrúpulos, peligros selváticos, damiselas en apuros y, por supuesto, Diana Palmer, la eterna novia del protagonista. Aunque en esta ocasión aparece una amenaza que quizá resulte todavía más complicada para el pobre Fantasma: una princesa enamorada de él. Aquí Falk introduce una subtrama que aporta un toque especialmente divertido a la aventura y que demuestra que el guionista sabía combinar la acción con situaciones más ligeras. Después de todo, un héroe necesita algo más que villanos a los que golpear. También necesita problemas sentimentales.

Uno de los platos fuertes del tomo es Las Estrellas de Cine, la aventura que parte de una premisa que parece escrita por alguien que hubiera decidido mezclar Hollywood, la jungla y una fuga de prisión. Rita Lana y Cary Gary son dos estrellas cinematográficas que ruedan una película en plena selva cuando dos convictos fugados se hacen pasar por extras y secuestran a los actores. El pequeño detalle de que los secuestradores terminen entrando en territorio caníbal demuestra que en este universo tomar malas decisiones es prácticamente una profesión. Pero lo más interesante de esta historia no es solamente el rescate, sino la evolución de Cary Gary. El actor, acostumbrado a interpretar héroes delante de las cámaras, resulta ser bastante menos heroico cuando la situación deja de ser ficción. Y ahí entra el Fantasma para enseñarle algo tan revolucionario como que los héroes no se fabrican únicamente delante de una cámara.

Por destacar la última aventura llamada La Banda Gris, se recupera otro elemento fundamental de la mitología del personaje: Diana Palmer en peligro. La eterna novia del Fantasma vuelve a ser secuestrada por unos criminales fugados de prisión y, naturalmente, nuestro héroe tendrá que ponerse manos a la obra. Porque si Diana Palmer tuviera un euro por cada vez que la han secuestrado, probablemente podría financiar ella misma la próxima expedición del Fantasma.

A estas alturas resulta especialmente interesante observar cómo Falk había construido un universo reconocible, poblado por personajes y elementos que se repiten y que van consolidando la mitología del personaje. Y todo esto ocurre en una época en la que The Phantom todavía estaba muy lejos de los experimentos fantásticos y de ciencia ficción que aparecerían décadas después. Precisamente esa es una de las grandes virtudes de estas tiras clásicas. El Fantasma de esta etapa es un héroe terrenal. Puede parecer sobrenatural por la leyenda que lo rodea, pero sus enemigos son, en esencia, seres humanos. La máscara, el anillo y la fama de inmortalidad forman parte del mito. Lo que realmente sostiene al personaje son sus valores. Por supuesto, también hay que acercarse a ellas teniendo en cuenta su época. La representación de las culturas y pueblos africanos responde a una mirada propia de mediados del siglo XX y algunos elementos pueden resultar hoy problemáticos o claramente envejecidos. No tendría demasiado sentido ignorarlo. Pero precisamente por eso estas recopilaciones tienen valor. Permiten observar cómo ha evolucionado la historieta y cómo un personaje nacido en 1936 ha ido cambiando con el paso de las décadas.

The Phantom: El Hombre Enmascarado de 1949 a 1951 es, por tanto, una magnífica ventana a una época en la que una buena historia podía resumirse en algo tan sencillo como: aparece un problema, el problema se hace enorme, el Fantasma corre por la jungla, alguien dispara, alguien es secuestrado, Wilson McCoy dibuja unas cuantas escenas espectaculares y Lee Falk encuentra la manera de dejar al lector con ganas de continuar mañana. No hace falta mucho más. Bueno, quizá sí: un antifaz, un anillo con una calavera, una calavera en una cueva, un mono blanco, una princesa enamorada, unos cuantos criminales con cara de criminal y una novia que debería plantearse seriamente contratar seguridad privada. El Espíritu que Camina continúa su camino. Y Dolmen, afortunadamente, continúa siguiéndolo.

Deja un comentario