El título de esta crónica es lo que transmitían, con sus ojos y gestos, muchos de los asistentes al concierto que dio Alfredo Piedrafita ayer noche en Barbastro en el Pómez Festival. Y no solo en el momento que esa canción sonó, sino que fue una sensación que se fue amplificando conforme el set list se fue desgranando. Lleno de muchos quilates, como no podía ser de otra manera cuando estamos hablando del legado de Barricada, uno de los grupos más notables de Rock que ha habido en la península ibérica. Alfredo, junto a Boni ,El Drogas e Ibon Sagarna, Ibi ( que sustituyó a Fernando Coronado), dejaron una gran colección de canciones que ya son atemporales. Muchas de ellas himnos que han trascendido la esfera estricta de los aficionados del rock para formar parte de nuestra cultura popular. Canciones como “En blanco y negro”, “Oveja Negra”, “No hay tregua”, “No sé qué hacer contigo” o, entre otras, “Barrio Conflictivo” o “Rojo”, son piezas que ayudan a comprender lo que fue el rock urbano de este país. Un rock lúcido y afilado, alejado de artificios vacuos y pegado a la calle, que hablaba de tu a tu a quienes vivían en barrios y que no escondía las aristas de la vida.
Esas canciones eran solo la punta de un iceberg sólido. Quien buceó en la discografía de la banda lo sabe. Junto a los temas más conocidos afloraban siempre joyas por descubrir, como “Mañana será igual”, “Pídemelo otra vez” “Animal Caliente”, “Esta noche”, “Todos mirando” y tantas otras muchos fueron descubriendo mientras iba creciendo esa “pasión por el ruido” que prendió la banda de Pamplona. Canciones que el paso de los años no han hecho mella en su rotunda solidez y que quizá no sean tan reconocidas pero que, cada vez que suenan en directo, se celebran.

Consciente de ello, Alfredo Piedrafita (Barricada, Miss Octubre) ha recuperado muchas de ellas en su nuevo trabajo, “El mejor de tus días”: un disco en el que las rearma bajo una acertada revisión sonora, en la que ha conseguido un notable “más difícil todavía”, pues cuando las escuchas percibes que la esencia de los temas se mantiene, pero están revestidas de frescos arreglos y una nítida producción realizada junto a Iker Piedrafita (Dikers), que las dota de una consistencia refrescante. Sin artificios, dejando sonar los instrumentos para disfrute del oyente. Sin nostalgia, porque aunque sean temas de cosechas pretéritas pisan sonoridades actuales. Sin renunciar a su ADN, pues esto es rock sin concesiones. Como el que solo pueden hacer los que han cultivado un género musical como verdaderos artesanos. Eso está en el disco editado el año pasado y en la gira de presentación que recaló ayer en Barbastro: “El mejor de tus días. ¡Siempre Barricada!”
Alfredo, al igual que Iker, se engloban en esa categoría: Artesanos del rock nacional que saben manejar los resortes de una canción. De los que saben leer cuando en un tema hay que dar el matiz o exhibir contundencia. Siempre al servicio de la canción que se toca, pues esa es la verdadera estrella: la que suena y llega a conectar con la audiencia. La que, cuando suena el primer acorde, arranca sonrisas de complicidad.

Esas estrellas musicales son las que brillaron en Barbastro desde que arrancó con “Esto es una noche de rock & roll” hasta el último tema. Alfredo, junto a Iker, Javi Calvo e Iñaki Bautista. Estos dos últimos, por cierto, formando una sólida base rítmica donde se despliega la sólida propuesta. Repartiéndose con sus guitarras, padre e hijo, la rítmica y los punteos que cada canción precisa. Armándolas poderosas, llenas de energía para ese publico que ya sabía lo que es “saber llegar a casa antes de que el sol me diga que es de día”. Pero también para aquel que nació después de que “Latidos y Mordiscos”, “La tierra está sorda” o “Flechas Cardinales” se hubieran editado. Todos disfrutaron, los que vivieron Barricada y los que los descubrieron porque era la música “de sus padres”. Porque, en definitiva, lo bueno no tiene ni edad ni caducidad.
Aunque se crió en la Txantrea pamplonica, Alfredo es barbastrense de nacimiento y ayer jugaba en casa. Y se notaba, sobre todo para una generación que crecimos a golpe de rock. Aquella que «su internet» era una red más real: la de los colegas que nos pasábamos los descubrimientos musicales en cintas, discos y cedes de ida y vuelta. La que se congregaba en bares mientras sonaba a todo trapo “En blanco y negro”. Ayer, muchos de ellos se dejaron ir hasta aquella mítica noche de las fiestas de Barbastro de 2007, cuando Barricada, dentro de su gira “Latidos y Mordiscos”, dejó para el recuerdo la mejor noche de rock de aquellas fiestas.

Esa “vieja satisfacción” imperaba en muchas caras. Otras, más jóvenes, disfrutaban de un repertorio imbatible mientras el bolo iba ganando intensidad. Con sorpresas incluidas, como la participación de Rober Bei en «Barrio Conflictivo» o un medley que homenajeó al lúcido punk primigenio que se realizó en el norte de España en la década de los ochenta. Recuperando tesoros escondidos de la discografía de Barricada, con precisas ejecuciones. Muchas frescas revisitaciones. Otras, las de los himnos más incontestables, tocadas con una fidelidad notable. Todas ellas sorprendiendo al personal cuando comenzaban a sonar y haciendo ganar la complicidad entre banda y público. Quizá por eso no revelaremos el set list. Porque es más disfrutable si se descubre canción a canción. Sin tener la hoja de ruta, simplemente dejándote llevar por estos artesanos del rock. Y, a la vista de lo que exhibieron ayer en Barbastro, si vas a un bolo de Alfredo Piedrafita, estás en buenas manos para sentir una autentica noche de rock & roll. De las que deja una sensación inmortal. De esas que no acaban nunca.
