Alien vs. Capitán América: un escudo con sangre ácida

Cuando Dan O’Bannon y Ronald Shusett junto a Ridley Scott idearon al bichejo más acojonante del cine jamás hubiéramos pensado que aparecería en la paginas del abanderado del escudo. Porque una premisa así no necesita presentación, contexto histórico ni una justificación de tres páginas. Necesita que alguien pulse el botón rojo y deje salir a los xenomorfos. Y eso es precisamente lo que hace «Alien vs. Capitán América», una miniserie de cuatro números escrita por Frank Tieri, dibujada por Stefano Raffaele y coloreada por Neeraj Menon que Panini Comics nos sirve en un práctico tomito en rústica de 104 páginas. Una lectura que demuestra que, cuando Marvel se pone a mezclar franquicias, puede salir algo muy divertido o una criatura con tantas extremidades que ya no sabes por dónde cogerla. Aquí tenemos un poco de ambas cosas.

La Segunda Guerra Mundial ya tenía nazis, tanques, aviones, submarinos, espías, batallas, campos de concentración y suficientes atrocidades como para llenar los libros de historia durante siglos. Pero faltaba algo. Faltaba una bestia con sangre ácida dispuesto a salir del pecho de un soldado. Era una carencia evidente que, afortunadamente, Frank Tieri ha decidido solucionar. Hydra encuentra huevos de xenomorfo y, como cualquier organización criminal con dos dedos de frente haría al descubrir una forma de vida extraterrestre especialmente homicida, decide utilizarlos como arma. Porque si conquistar el mundo con superarmas, ejércitos y planes diabólicos no funciona, siempre puedes probar con miles de bichos que tienen la sana costumbre de convertir a tus enemigos en incubadoras.

La idea es estupenda. De hecho, probablemente sea lo mejor de todo el invento. Meter a los Aliens en el contexto de la Segunda Guerra Mundial permite jugar con una combinación de géneros bastante atractiva. Película bélica, terror, superhéroes y ciencia ficción. Y durante buena parte del comienzo Tieri demuestra que sabe exactamente dónde está el botón del espectáculo. El problema aparece cuando descubre que en el Universo Marvel hay muchísimos personajes y parece sentir la imperiosa necesidad de meterlos a todos antes de que alguien le quite el boli. Porque esto empieza como Alien con uniforme militar y termina pareciendo una reunión de antiguos alumnos de Marvel convocada en mitad de una invasión extraterrestre. Está el Capitán América, naturalmente. Está Bucky. Está Nick Furia. Aparecen los Comandos Aulladores, los Invasores, los Kree, el Capitán Mar-Vell y toda una colección de elementos que van entrando en escena con una naturalidad parecida a la de un vecino que se presenta en tu casa mientras estás cenando y pregunta si puede quedarse a dormir. Y claro, uno acaba preguntándose si estamos leyendo Alíen contra el Capitán América o Alíen contra aquel, el otro y el de más allá.

Tieri apuesta por la velocidad y no parece dispuesto a permitir que el lector tenga un segundo para respirar. Aquí pasan cosas constantemente. Cuando todavía estás intentando recordar quién era el señor que acaba de entrar en la viñeta, ya ha explotado algo. Cuando has identificado a los buenos, aparecen los malos. Cuando crees que la historia va a centrarse en los Aliens, aparecen los Kree. Cuando empiezas a pensar que quizá los Kree tengan alguna importancia, aparece otra cosa. Y cuando finalmente crees que el argumento ha llegado al límite de la locura, Tieri mira al lector y dice: «Agárrame el guion».

La consecuencia es que la historia resulta tremendamente entretenida, pero también tremendamente atropellada. Aquí había material para una miniserie bastante más larga y, probablemente, mejor. Cuatro números son demasiado poco espacio para desarrollar semejante cantidad de personajes, amenazas y giros. El guionista tiene que hacer auténticos malabarismos para que todo entre y, en ocasiones, se nota demasiado que está intentando cerrar puertas mientras abre otras con el hombro. Y quizá el mayor sacrificado de toda esta fiesta sea precisamente el Alien. Porque hay que reconocer que el pobre xenomorfo sale bastante mal parado. Estamos hablando de una de las criaturas más aterradoras de la historia del cine de ciencia ficción. Un depredador perfecto que funciona especialmente bien cuando aparece uno solo, escondido en la oscuridad, haciendo que un grupo de humanos se pregunte quién será el siguiente en morir. Aquí, en cambio, hay tantos que terminan pareciendo una plaga de cucarachas extraterrestres. Y entonces llega el Capitán América. Y resulta que el escudo del bueno de Steve Rogers es básicamente el equivalente bélico de una motosierra. Un lanzamiento y adiós Alien. Otro lanzamiento y otro menos. Vuelve el escudo. Otro Alien al cementerio. Y así sucesivamente. Uno empieza a sospechar que los xenomorfos no deberían tenerle miedo al ácido de su propia sangre, sino a esa pieza circular de vibranium que Steve lanza como si estuviera jugando a la petanca.

En el apartado gráfico tenemos a Stefano Raffaele, un dibujante que se enfrenta aquí a una tarea que tampoco es precisamente relajada. Tiene que dibujar soldados de la Segunda Guerra Mundial, superhéroes, escenarios bélicos, tecnología alienígena, criaturas de pesadilla y, sobre todo, una cantidad considerable de sangre. Y lo cierto es que responde bastante bien al desafío. Su estilo, de trazo sucio y con cierto gusto por el detalle, encaja especialmente bien con los xenomorfos. Las criaturas tienen presencia, resultan amenazadoras y cuando Raffaele puede recrearse en ellas consigue algunas imágenes realmente potentes. También se maneja bien con las escenas de acción, donde el cómic necesita que todo explote, se rompa o sea atravesado por alguna extremidad alienígena. El color de Neeraj Menon acompaña bien el tono general y ayuda a construir esa atmósfera oscura, violenta y bélica que necesita la historia. Es un apartado que cumple sin reclamar demasiado protagonismo, que probablemente sea exactamente lo que necesita un cómic tan cargado de elementos.

Por todo lo dicho, es un cómic que funciona mejor cuanto menos se le exige. Si buscas una gran historia de Alíen, probablemente te quedarás con hambre. Si buscas una gran historia del Capitán América, tampoco estamos ante el nuevo clásico del personaje. Pero si lo que quieres es sentarte tranquilamente a contemplar cómo Hydra o Cráneo Rojo(ojo al muchacho de la calavera, no digo más) tiene la brillante idea de utilizar xenomorfos como arma, mientras Steve Rogers reparte ostias, Bucky dispara, Nick Furia pone orden cuando puede y los personajes clásicos de Marvel empiezan a desfilar por las páginas como si hubiera barra libre, entonces adelante. ¿Podría haber sido mejor? Sin ninguna duda. ¿Podría haber tenido más tensión, más terror y menos personajes entrando por la puerta como si esto fuera una fiesta de cumpleaños? También. Pero, demonios, estamos hablando del Capitán América contra Aliens en la Segunda Guerra Mundial. Hay que ser muy estirado para no disfrutar, aunque sea un poquito, de semejante majadería espectacular.

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