Marvel Premiere. El Asombroso Spiderman de Zeb Wells 2: llega el número 900

Muchos de nosotros cuando cumplimos años recibimos una tarta helada(los tebeos son un mundo oscuro de los regalos para los no iniciados), otras reciben un reloj, un viaje, una colonia o ese incómodo mensaje de WhatsApp de un familiar al que hace años que no ven y que termina con un “a ver si nos vemos”. Peter Parker, en cambio, cuando llega a los 900 números de su serie regular recibe un ejército de psicópatas disfrazados, un androide diseñado para matarlo, seis de sus peores enemigos fusionados en una especie de batidora homicida y una cantidad de hostias suficiente para solicitar la baja laboral. Si esto es lo que Marvel entiende por una celebración, miedo me da imaginar cómo organiza los funerales.

Así que aquí estamos en el segundo Marvel Premiere del Asombroso Spiderman de Zeb Wells, editado por Panini Comics. Un volumen que recopila The Amazing Spider-Man #6-8 y que continúa la polémica, divertida y bastante puñetera etapa de Zeb Wells al frente del personaje. Aquí Peter Parker sigue haciendo lo que mejor se le da. Intentar salvar el mundo mientras su vida personal parece redactada por un guionista con una vendetta particular contra la felicidad humana. Porque hay que reconocerle algo a Wells. Si Spiderman puede tener una vida más sencilla, él todavía no ha encontrado el camino.

El tomo comienza nada menos que con el número 900. Sí, 900(bueno realmente es el número seis del volumen cinco). Una cifra que en cualquier otra publicación exigiría un monumento, una estatua, un discurso institucional y probablemente la presencia de algún político inaugurando una placa. En Marvel, sin embargo, significa que toca reunir a todos los enemigos posibles y comprobar cuánto tarda Peter Parker en empezar a arrepentirse de haber salido de casa. El encargado de organizar semejante fiesta es el Cerebro Viviente (esa creación de Stan Lee y Steve Ditko), que decide crear al “monstruo mezclador de villanos”, una criatura que combina los poderes de los Seis Siniestros. Porque cuando tienes seis villanos clásicos disponibles, la solución evidente es juntarlos todos en un mismo cuerpo. Es el equivalente superheroico a abrir la nevera, descubrir que tienes sobras con seis salsas distintas y pensar: “Bueno, si lo mezclo todo quizá no muera”.

La criatura reúne las habilidades de Kraven, el Buitre, el Hombre de Arena, Electro, Mysterio y el Doctor Octopus. Es decir, un menú degustación de desgracias para Peter Parker. Y como no podía faltar nada más, la historia sucede alrededor del cumpleaños de nuestro protagonista. Cumpleaños, fiesta sorpresa, beso, enemigos y un androide con ganas de convertirte en abono. Lo normal cuando tienes amigos en Marvel. La gran virtud de Zeb Wells es que, debajo de todo este espectáculo, consigue recordar qué significa realmente ser el hombre araña. El propio villano termina comprendiendo que la esencia de Peter no está en su fuerza, sus reflejos, las telarañas o la capacidad de hacer chistes malos mientras recibe una paliza. Está en su voluntad de sacrificarse por los demás. Peter puede estar aterrorizado, agotado, cabreado o directamente harto de que el universo vuelva a ponerle una diana en la espalda, pero cuando alguien necesita ayuda, allá va. Porque, al parecer, el concepto de “autoconservación” nunca entró en el programa educativo de Peter Parker. Y ese es uno de los grandes aciertos del número 900. Wells entiende que una celebración debe tener acción, humor, espectáculo y, sobre todo, corazón. El personaje lleva décadas sobreviviendo precisamente porque detrás del disfraz hay un tipo que sigue teniendo problemas muy humanos. Puede enfrentarse a un ejército de villanos y, cinco minutos después, preocuparse por algo tan mundano como su trabajo, su dinero o su vida sentimental.

El dibujo de Ed McGuinness es perfecto para semejante desmadre. Si había que representar una historia con seis supervillanos, un androide gigantesco y un Spiderman recibiendo golpes capaces de alterar la órbita de la Tierra, probablemente no había demasiados candidatos mejores. McGuinness dibuja con una energía descomunal, cuerpos enormes, expresiones exageradas y una capacidad para convertir la acción en un espectáculo casi de dibujos animados. Pero además entiende el humor. Y ahí aparece una de las mejores bromas visuales del tomo. J. Jonah Jameson con los brazos del Doctor Octopus. Porque si hay algo que le faltaba al bueno de Jonah después de décadas de insultar era convertirse físicamente en uno de sus enemigos. Jameson es probablemente el único personaje de Marvel capaz de despertarse por la mañana y pensar: “Hoy voy a demostrar que Spiderman es una amenaza”, para terminar la tarde convertido en un pulpo humano. La dignidad nunca fue su fuerte.

Después de esta monumental fiesta de cumpleaños, el tomo cambia de marcha. Y aquí la cosa se vuelve bastante más intrigante, porque Wells deja de lanzar enemigos contra Peter a toda velocidad y empieza a colocar piezas para lo que parece ser el desarrollo de su etapa. El problema es que Wells tiene la cortesía de no explicarnos prácticamente nada. Peter empieza a trabajar para Norman Osborn. Sí. Norman Osborn. El antiguo Duende Verde. El hombre que ha intentado matar a Peter, destrozarle la vida y convertir su existencia en una pesadilla en numerosas ocasiones. Ese mismo señor es ahora su jefe. Porque, aparentemente, en el universo Marvel no existen las entrevistas de trabajo con referencias laborales.

Pero la cosa mejora cuando Peter empieza a utilizar un traje híbrido inspirado en Spiderman y el Duende Verde. Es una de esas ideas que solamente pueden funcionar en los cómics de superhéroes, porque en cualquier otro contexto un individuo apareciendo vestido con el uniforme de su peor enemigo provocaría una intervención familiar. Aquí, en cambio, queda bastante bien. Y precisamente esa es la intención. El traje representa el extraño momento vital por el que atraviesa Peter. Está entrando en un terreno desconocido y necesita recurrir a elementos que, hasta hace poco, habrían sido completamente impensables. Norman Osborn deja de ser únicamente un enemigo y pasa a ocupar un lugar mucho más ambiguo. Lo cual, tratándose de Norman, es como dejar un bidón de gasolina al lado de una cerilla y decir: “Bueno, a ver qué ocurre”.

Los números posteriores funcionan como una especie de “seguimos preparando cosas”. No hay una gran revelación cada cinco páginas ni un giro capaz de hacer que el lector se caiga de la silla. Hay pequeñas pistas, situaciones que podrían tener consecuencias futuras y personajes que aparecen para recordarnos que algo está ocurriendo, aunque todavía no sepamos exactamente qué. Es una etapa cocinada a fuego lento. Esperemos que no sea a fuego tan lento como una paella en un domingo con cuarenta personas. El enfrentamiento con el Buitre aporta otra dosis de acción y permite disfrutar de unas páginas de John Romita Jr. especialmente vibrantes. Romita Jr. ha sido uno de los dibujantes fundamentales del personaje y aquí vuelve a demostrar que sabe construir una escena superheroica con fuerza y movimiento. El problema es que la excusa argumental para la pelea es el clásico malentendido superheroico. Alguien entiende algo mal. Alguien no explica nada. Alguien se enfada. Y, cinco minutos después, dos personajes están intentando matarse a puñetazos. Es una tradición tan arraigada en Marvel que probablemente Stan Lee tuviera una cláusula contractual que obligaba a incluir al menos uno por historia. En este caso, el conflicto está relacionado con la nieta de Toomes y su decisión de cortar relaciones con él por su pasado criminal. Wells utiliza esa circunstancia para llevar a Spiderman hacia el traje de Osborn y seguir desarrollando la idea de que Peter está entrando en una etapa bastante incómoda.

Esa incomodidad es precisamente lo interesante. Porque nuestro querido Peter siempre ha funcionado mejor cuando su vida está hecha un desastre. Si estuviera feliz, económicamente solvente, enamorado, laboralmente estable y sin enemigos intentando matarlo, probablemente tendríamos que preocuparnos. Algo habría salido mal. El personaje necesita ese equilibrio absurdo entre heroicidad y desgracia cotidiana. Por eso funcionan también las historias cortas incluidas en el volumen. Algunas son pequeñas piezas humorísticas que muestran a Peter en situaciones aparentemente insignificantes. Devolver libros a la biblioteca puede parecer poca cosa después de luchar contra un androide con los poderes de seis supervillanos, pero precisamente ahí está la gracia. Y eso se consigue gracias al trabajo de varios autores entre los que tenemos a Dan Slott, Marcos Martin, Muntsa Vicente, David López, o Todd Nauck entre otros.

Cabe mencionar a un presentador de Late Show americano llamado Jimmy Kimmel que aparece en estas páginas. A estas alturas uno ya no sabe si estamos leyendo un cómic de Spiderman o si Marvel ha decidido que el concepto de cameo ha evolucionado hasta convertirse en una enfermedad. Pero la historia funciona porque recupera esa vertiente absurda del personaje. Spiderman siempre ha tenido una relación muy particular con la cultura popular, los medios y la vida cotidiana de Nueva York. Además, después de 900 números, uno tiene derecho a celebrarlo como quiera. ¿Qué quieres enfrentarte a seis villanos? Adelante. ¿Qué quieres hacer equipo con Jimmy Kimmel? También. ¿Qué quieres ponerte un traje inspirado en el Duende Verde? Perfecto. ¿Qué quieres seguir cometiendo errores sentimentales? Eso ya lo das por descontado.

Panini Comics publica el volumen en formato Marvel Premiere, tapa blanda, 136 páginas y traducción de Santiago García. La edición mantiene una buena reproducción gráfica y añade portadas alternativas y textos de Pedro Monje. Una presentación sencilla y práctica para continuar una etapa que todavía tiene bastante que contar. Y aquí está probablemente la conclusión más interesante. Este segundo volumen de El Asombroso Spiderman de Zeb Wells no pretende resolverlo todo. De hecho, parece bastante interesado en hacer justo lo contrario. Abre puertas, coloca personajes, cambia el entorno laboral de Peter, introduce un nuevo traje, mantiene la tensión sentimental y deja varias preguntas flotando en el aire. Porque cuando un guionista deja misterios sin resolver existe una línea muy fina entre “qué interesante, quiero saber qué pasa” y “como no me expliques esto en el próximo tomo, voy a buscarte a la editorial”. Wells camina alegremente por esa línea. Al final, Peter Parker cumple 900 números y, en lugar de jubilarse, recibe una paliza monumental. Trabaja para Norman Osborn. Viste un traje inspirado en el Duende Verde. Sigue teniendo problemas con Mary Jane. Se pelea con el Buitre por un malentendido. Se enfrenta a seis villanos fusionados. Hace equipo con Jimmy Kimmel. Y todavía tiene que devolver libros a la biblioteca. Después de semejante currículo, quizá la verdadera pregunta no sea quién es Spider-Man. La pregunta es cómo demonios sigue teniendo ganas de levantarse de la cama.

Deja un comentario