Mariposa Mental 2: fantasmas, demonios y traumas del pasado

Quien lleve tiempo leyendo a los mutantes sabrá que muchos no saben quién son realmente. Y luego está Kwannon, que directamente tiene que descubrir quién es, quién fue, quién cree que fue y, de paso, qué demonio le está revolviendo la cabeza. Porque ser una telépata ninja mutante aparentemente no proporciona suficientes problemas, así que en el segundo tomo de «Mariposa Mental» toca añadir fantasmas, recuerdos traumáticos, espíritus japoneses y una buena dosis de “esto seguramente no acabará bien”. Todo muy relajante.

Este tomo recoge material de Psylocke vol. 2 #6-10, con Alyssa Wong al guion y Vincenzo Carratù junto a Moisés Hidalgo encargándose del dibujo. Y si el primer volumen servía para colocar a Kwannon bajo los focos, aquí la intención es bastante más ambiciosa. Meter la mano hasta el fondo en su pasado y sacar de allí todos los esqueletos que, por alguna razón, todavía no habían intentado matarla.

Kwannon nunca ha tenido precisamente una biografía sencilla. Durante años, su identidad estuvo inevitablemente ligada a Betsy Braddock, porque Marvel decidió que dos mujeres podían compartir cuerpo, poderes, nombre y problemas de identidad y que aquello era una idea perfectamente razonable. Ahora que Kwannon puede caminar por su cuenta sin tener que explicar quién es Betsy, toca construirle una personalidad propia. Y Wong entiende que para hacerlo nada mejor que rebuscar en la infancia de la protagonista y descubrir que, sorpresa, tampoco allí había precisamente paz, amor y felicidad.

En lo expuesto en estas viñetas aparecen ideas, personajes y conflictos suficientes para una saga considerablemente más larga, pero la serie fue cancelada después del número diez. Así que lo que podría haber sido una historia desarrollada con calma termina convertido en una carrera contra el reloj. Wong tiene que colocar las piezas, explicar el pasado, desarrollar a los Yokai, profundizar en Kwannon, resolver el conflicto y, ya puestos, procurar que todo termine antes de que alguien en Marvel diga aquello de “cancelamos esto”. Se nota. Muchísimo.

El suspense funciona, pero necesita respirar. La relación entre Kwannon y Mitsuki podría haber tenido mucho más recorrido, y la amenaza de esta última sobre la Mano tenía potencial para convertirse en algo bastante gordo. En cambio, buena parte de ese material pasa por la página a velocidad de ninja con prisa por llegar al tren. También aparecen Greycrow y Devon Di Angelo, que cumplen su función dentro de la historia, aunque su participación da la sensación de estar ahí porque había que aprovechar personajes secundarios antes de que alguien cerrara la puerta definitivamente. Hay momentos en los que uno sospecha que los protagonistas secundarios están haciendo horas extra para justificar su presencia.

Alyssa Wong, eso sí, vuelve a demostrar que entiende perfectamente a Kwannon. La protagonista tiene personalidad, contradicciones y una relación complicada con su propio pasado. No es simplemente “la ninja telepática de Marvel que reparte espadazos mientras pone cara de pocos amigos”. Wong intenta darle una voz propia y, sobre todo, separar a Kwannon de la sombra permanente de Betsy Braddock. Y eso tiene mérito, porque conseguir que un personaje tan ligado históricamente a otro pueda sostener una colección propia no es precisamente coser y cantar.

Luego está el apartado gráfico, que directamente viene a recordarnos que Marvel puede cancelar una serie estupenda pero, al menos, dejarla bonita. Vincenzo Carratù y Moisés Hidalgo hacen un trabajo espectacular. El mundo de Mariposa Mental necesita acción, ninjas, poderes psíquicos, monstruos y elementos sobrenaturales, y ambos dibujantes se entregan al asunto con entusiasmo. Hay personajes estilizados, escenas de combate dinámicas y una imaginería sobrenatural que permite que la serie tenga una identidad visual bastante marcada. Y, por supuesto, están las mariposas. Porque si tienes una protagonista llamada Mariposa Mental, tienes que meter mariposas hasta que el lector empiece a sospechar que alguien en el departamento de diseño de Marvel está cobrando por unidad. Pero aquí funcionan. No son simplemente decoración: forman parte del lenguaje visual de Kwannon y ayudan a construir esa mezcla entre belleza, peligro y fragilidad que caracteriza al personaje. Carratù y Hidalgo también saben manejar muy bien los contrastes. La historia puede pasar de una escena íntima a una secuencia de acción sobrenatural sin que el conjunto se desmorone. Los diseños de los yokai aportan además un componente extraño y perturbador que encaja estupendamente con la historia. Y eso hace que la cancelación resulte todavía más irritante. Y como remate tenemos el color de Fer Sifuentes-Sujo que juega otra liga entre tonos purpuras y brillos que mejoran notablemente el conjunto.

Editado en castellano por Panini Comics, el cierre de la serie no es un mal tomo al que podamos mirar con alivio pensando “bueno, tampoco se pierde gran cosa”. Al contrario. Es un cómic con buenas ideas, una protagonista que por fin empieza a tener espacio propio, una antagonista interesante y un apartado gráfico magnífico. Su problema principal no es la calidad. Es que se acaba. Y se acaba cuando precisamente empieza a ponerse interesante. Marvel nos entrega una historia sobre una mujer perseguida por los fantasmas de su pasado y, en una deliciosa muestra de humor corporativo involuntario, termina convirtiendo la propia colección en otro fantasma del pasado. La serie desaparece antes de poder desarrollar todo su potencial y deja al lector con esa sensación tan agradable de haber invertido emocionalmente en algo que acaba de ser atropellado por el calendario editorial.

En definitiva, «Mariposa Mental» es una estupenda segunda entrega, más oscura, personal y sobrenatural que la anterior. Alyssa Wong consigue profundizar en Kwannon y convertir su pasado en algo más que una colección de traumas convenientemente almacenados. Carratù y Hidalgo proporcionan unas páginas espectaculares. Lástima que la colección no tuviera tiempo para aprovecharlo. Así que aquí tenemos a una telépata ninja capaz de enfrentarse a espíritus, asesinos y demonios, pero derrotada por el enemigo definitivo del cómic moderno: las cifras de ventas. Ni la telepatía sirve contra eso.

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