Flash Gordon 1971- 1973: operación Medusa

Hay que reconocer que «Flash Gordon» tiene un talento extraordinario para meterse en problemas. No un talento cualquiera, no. Un don. Una vocación. Una especie de compromiso personal con el desastre. Lleva décadas viajando por el espacio, enfrentándose a tiranos, monstruos, alienígenas, científicos con demasiado tiempo libre y civilizaciones que parecen haber sido diseñadas por alguien que tenía una imaginación descontrolada y ningún interés por la seguridad laboral. Y después de todo eso, después de sobrevivir a Mongo, a invasiones, secuestros, rayos mortales y demás actividades poco recomendables, nuestro hombre decide abandonar Mongo y poner rumbo a Marte. Porque, evidentemente, después de una temporada en un planeta lleno de peligros, lo que uno necesita es irse de vacaciones a otro planeta lleno de peligros. Flash no conoce el concepto de descanso.

Así arranca este tomo de Flash Gordon con material situado entre 1971 y 1973, recién publicado por Dolmen Editorial. Una recopilación que recupera nuevas aventuras de uno de los grandes iconos de las tiras de prensa y que nos recuerda que la ciencia ficción clásica tenía una enorme ventaja sobre la actual: no necesitaba explicar nada. ¿Cómo funciona una nave capaz de viajar entre planetas? Funciona. ¿Por qué hay aerocoches? Porque estamos en el futuro. ¿Cómo se respira en Marte? Ya veremos. ¿Por qué hay un alienígena capaz de colarse en una estación espacial, robar un vehículo y largarse tranquilamente? Porque alguien tenía que poner en marcha la aventura y no había ganas de perder tiempo con trámites.

El volumen reúne aventuras como Un polizón alienígena, El escuadrón de convictos en Rog, El escuadrón de convictos y los Skraggs, El escuadrón de convictos y el tráfico de drogas, Operación Medusa, Kenoma y el hacker espacial, Willy y los marcianos, Jack Hammer y La misión de Dale. Y resulta curioso comprobar que, pese a todos los avances tecnológicos, el futuro sigue teniendo los mismos problemas de siempre. Hay delincuencia. Hay drogas. Hay criminales. Hay corrupción. Hay tipos intentando aprovecharse de los demás. En resumen, hemos conquistado el espacio y seguimos siendo gilipollas. Eso sí, ahora lo hacemos con aerocoches.

Una de las virtudes de estas tiras es que, bajo la apariencia de aventura ligera, Barry refleja un cambio de sensibilidad. Flash continúa siendo Flash, naturalmente. No vamos a convertirlo de repente en un nihilista que fuma en una esquina mientras cuestiona el capitalismo interplanetario. Pero el mundo que lo rodea se ha vuelto un poco más turbio. Las amenazas son menos inocentes, los enemigos no siempre son simples villanos de opereta y las soluciones pueden tener consecuencias bastante menos cómodas. La aventura “Operación Medusa” es un buen ejemplo de ese tono. Drogas sintéticas, manipulación, delincuencia organizada y tecnología peligrosa empiezan a formar parte del paisaje. El futuro ya no consiste únicamente en conquistar planetas y estrechar la mano de los extraterrestres. También hay tráfico de drogas. Porque evidentemente, si los seres humanos conseguimos colonizar Marte, lo primero que haremos será encontrar la manera de llevar allí nuestros vicios. Muy humano todo.

Dale Arden también gana protagonismo. Participa más, toma decisiones y deja de limitarse a esperar a que Flash termine de salvar el universo. Aunque, siendo sinceros, en el mundo de Flash Gordon tener iniciativa propia suele ser una forma bastante rápida de acabar secuestrada. Pero al menos ya no está únicamente para decir “¡Flash!” mientras mira horrorizada.

En definitiva, este Flash Gordon 1971 – 1973 demuestra que los clásicos no necesitan necesariamente que los modernicen para seguir funcionando. Basta con que estén bien contados, bien dibujados y, sobre todo, bien editados. Así que sí: recomiendo el tomo. Porque hay aventura, ciencia ficción, alienígenas, persecuciones, convictos, drogas, tecnología, desiertos marcianos y un héroe que jamás parece aprender la lección de que dejar el aerocoche sin vigilancia es una pésima idea. Lo que no recomendamos es dejar a Flash Gordon abandonado en Marte. Porque después de sobrevivir a Mongo, Marte y medio universo conocido, sería bastante triste que Flash terminara derrotado por nadie le hace caso

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