Las Ciudades Oscuras Libro 1. Majestuosa e Inmesa imaginación

Hay obras, pertenecientes a una misma saga, que se pueden disfrutar por separado. Sin embargo, si se abordan en conjunto, de la combinación de cada parte deviene una mayor sinergia, pues de forma más nítida se pueden apreciar el concepto global donde subyacen. Es de donde parte la piedra del iceberg que son los cómics que ha leído el lector. Pero eso solo es lo visible de forma evidente. Las raíces que lo sustenta pueden ser más sutiles, pero son el consistente cimiento que sostiene la estructura. Como un edificio.

Ejemplo de ello son “Las Ciudades Oscuras” (“Les Cités obscures”) de François Schuiten y Benoît Peeters, uno de los clásicos de la ciencia ficción de la Bande Dessinée que acaba de recuperar Norma en una edición en formato integral que permite adentrarse en toda la majestuosidad que supone esta saga. Allí nos espera un mundo fantástico, tanto en el sentido imaginativo como en lo conceptual. Uno que está tan cerca del nuestro y, a la vez, tan lejos. Donde funciona con leyes similares, pero no iguales. Donde lo ónirco convive con lo matématico, aportando desde lo racional momentos de esplendor poético.

Si hubiera que utilizar un símil podría plantearse la sensación de sorpresa al ver que una voz aséptica y monocorde fuera capaz de transmitir sensaciones líricas cercanas al éxtasis onírico. Con un revestimiento científico, pero abordando un relato donde lo imaginativo no conoce fin en su exploración. Así vienen cimentándose estas “Ciudades Oscuras” desde los años ochenta. Así han llegado a ser esa obra que, por poliédrica, sutil y seductora, sigue sorprendiendo.

Como el amor, quien lo probó lo sabe. Como el amor, quien lo descubra lo conocerá. En esta obra hay mucho amor. Tanto a lo fantástico como a lo arquitectónico, en una amalgama que se puede recorrer a varios niveles. La primera, simplemente dejándose llevar por un relato que funciona, que sugiere y seduce a cada página. La segunda, que no invalida la primera, recreándose en los guiños y referencias sembradas a lo largo de muchas de sus páginas. Jules Verne, Jorge Luis Borges y tantos otros se encuentran en el sustrato de estas páginas. Así como muchos nombres propios de la arquietctura. Señal de que Schuiten y Peeters cabalgaron a lomos de gigantes cuando comenzaron sus “Ciudades Oscuras”. Eso si, tomando un rumbo propio. Un destino personal. Ese que ha otorgado a su criatura la categoría de clásico del cómic europeo.

Ignoramos si cuando François Schuiten y Benoît Peeters sabían de la importancia de los cimientos que asentaron en 1983 en el magacine “À Suivre”. Lo que si somos sabedores es de la importancia conceptual de lo edificado a lo largo de las décadas. Es lo que exhiben “Las murallas de Samaris”, (“Les murailles de Samaris”), “La fiebre de Urbicande” (“La Fièvre d’Urbicande”), “Los misterios de Pâhry” (“Les Mystères de Pâhry”) y “El archivista” (“L’Archiviste”). Primeros acercamientos a este universo tan onírico en maneras como racional en esencia. Este, en palabras de sus autores, “reflejo de la tierra no sincronizado”, se acompaña de abundante material inédito hasta la fecha, como “Urbicande Ópera”, el libreto de una ópera escrita por Didier Denis, que a día de hoy sigue sin haberse materializado con un estreno.

La edición que ha llevado a cabo Norma parte de “Les Cités Obscures – Integrale vol 1” de Casterman. En ella esperan los cuatro cimientos de la saga de Schuiten y Peeters con una cuidad traducción de Robert Juan-Cantavella. Para completar el mosaico que suponen estas 328 páginas, artículos, fotografías, bocetos y croquis, planos y mapas, retratos y cuadros culminan el “1” de los integrales de “Las Ciudades Oscuras”, cuyo número se exhibe troquelado en portada, haciendo del volumen un autentica pieza de coleccionista. Especialmente si se es de atesorar joyas de ciencia ficción. Como la luminosa luz que arroja el “mundo oscuro”de Schuiten y Peeters. Con una fuerza conceptual y gráfica que, en este formato compilado, se puede apreciar en toda su majestuosa dimensión. Una, que como todo lo inmenso, solo vemos un fragmento. Pero nos hace sentirnos parte cuando lo contemplamos. Y sorprendiendo mientras te seduce y embriaga. Como la primera vez y, como ocurre con lo excepcional, como cuando se vuelve a recorrer.

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