El libro «Conan el Bárbaro en el cómic, el cine y la televisión» es una de esas obras que te hacen sentir un poco mal contigo mismo. No porque pese demasiado (que tampoco es precisamente un folleto publicitario del supermercado), sino porque te obliga a asumir una verdad incómoda. Llevas décadas creyendo que sabías mucho sobre Conan cuando, en realidad, apenas conocías la punta de la espada. Porque sí, todos conocemos al Conan que corta cabezas mientras Arnold Schwarzenegger pone cara de estar pensando profundamente en el significado de la vida entre mandoble y mandoble. Algunos incluso presumen de haber leído a Robert E. Howard, de discutir sobre si prefieren la etapa de Marvel o la de Dark Horse, o de indignarse periódicamente con cualquier adaptación moderna que no huela a cuero, sudor y heavy metal ochentero. Pero Javier Jiménez Barco ha decidido reunirnos a todos alrededor del fuego de la taberna hiboria para decirnos: «Siéntate, pequeño bárbaro. Hoy aprenderás«. Y vaya si aprendemos.

Lo más divertido del libro es que desmonta la idea de que Conan es simplemente un personaje literario que acabó protagonizando un par de películas famosas. El cimmerio ha estado en todas partes. Ha invadido los cómics, el cine, la televisión, los videojuegos, los juegos de rol, los juegos de mesa, el merchandising y prácticamente cualquier soporte que permitiera colocar un señor musculoso blandiendo una espada gigantesca en la portada. Si alguien hubiese propuesto vender yogures en honor a Crom en los años ochenta, probablemente también aparecerían documentados en estas páginas.
El trabajo de documentación de Javier Jiménez Barco es, sencillamente, obsceno. En el buen sentido de la palabra. Uno sospecha que el autor debe tener una biblioteca secreta protegida por un hechicero estigio y varios guardias pictos, porque resulta difícil explicar de otra manera la enorme cantidad de información que es capaz de recopilar. Este no es un libro escrito tras un fin de semana navegando por Internet y viendo vídeos en YouTube. Aquí hay décadas de lecturas, investigación y un cariño absolutamente contagioso por la cultura popular. Además, el autor posee una virtud cada vez más escasa en los ensayos sobre cultura pop. Escribe para que te lo pases bien. No estamos ante un tratado destinado a provocar sueños inducidos por Crom durante la tercera página. El texto es didáctico, ágil y está repleto de curiosidades que convierten la lectura en una auténtica expedición por las diferentes vidas editoriales y audiovisuales del personaje.

Por supuesto, uno de los apartados más jugosos del libro es el dedicado a los cómics. Y aquí es imposible no sonreír al comprobar que la historia de Conan en las viñetas es prácticamente una novela de fantasía en sí misma. Marvel lo publicó cuando la espada y brujería estaba viviendo su gran momento, perdió los derechos, regresó triunfalmente años después, decidió meterlo con calzador en el Universo Marvel junto a los Salvajes Vengadores (porque si un dios del trueno nórdico puede existir en Nueva York, ¿por qué no un bárbaro cimmerio?) y volvió a perderlo antes de que Titan Comics se hiciera con el personaje.
Es maravilloso comprobar cómo Conan ha sobrevivido a editoriales, modas y decisiones empresariales que habrían acabado con cualquier otro héroe pulp hace mucho tiempo. El cimmerio parece regirse por una sencilla filosofía vital. Cuando una licencia expira, simplemente atraviesa una puerta dimensional empuñando su espada y aparece en otra editorial dispuesto a seguir repartiendo hachazos.

El recorrido cinematográfico tampoco decepciona. Las películas protagonizadas por Arnold Schwarzenegger siguen ocupando un lugar privilegiado en el imaginario colectivo, y el libro las analiza con el cariño que merecen, pero sin olvidar que Conan también ha tenido otros rostros, otros formatos y algunos proyectos cuya mera existencia parece fruto de una sesión especialmente intensa de hidromiel entre productores hollywoodienses. Porque la historia audiovisual de Conan es tan fascinante como irregular. Ha protagonizado películas míticas, series de televisión bastante olvidables, producciones animadas para públicos que probablemente no deberían estar viendo a un bárbaro decapitar criaturas infernales, y multitud de intentos por mantener viva la franquicia en diferentes épocas. El libro no juzga desde la nostalgia ciega; contextualiza, analiza y explica cómo ha evolucionado el personaje en cada medio.
Otro de los grandes aciertos del ensayo es que no se limita a recorrer los caminos más transitados. Conan es mucho más que literatura, cómics y cine. El personaje ha protagonizado videojuegos de toda clase, juegos de rol legendarios, figuras de colección y toda una galaxia de productos derivados que demuestran que el muchacho melenudo ha sabido adaptarse sorprendentemente bien al capitalismo más salvaje. Si Conan conquistó reinos en la ficción, en la realidad ha conquistado nuestras estanterías.

Hablando de estanterías, conviene detenerse en la edición de Diábolo Ediciones. Nos encontramos ante un volumen en tapa dura profusamente ilustrado que entra directamente en esa peligrosa categoría conocida como «libro que vas a abrir solo para mirar las imágenes y terminarás leyendo durante una hora«. Portadas históricas, páginas de cómics, fotografías promocionales, carteles cinematográficos y una enorme cantidad de material gráfico convierten cada capítulo en una pequeña exposición dedicada al personaje.
Además, hay algo que me parece especialmente destacable en la obra de Javier Jiménez Barco: su capacidad para transmitir entusiasmo. Uno termina el libro con la sensación de que necesita releer relatos de Robert E. Howard, recuperar aquellos viejos cómics de Marvel, volver a escuchar la banda sonora de Basil Poledouris y, posiblemente, comprarse una espada decorativa que jamás debería utilizar fuera del salón de casa. Ese es precisamente el gran mérito del ensayo. No se limita a informarte sobre Conan; consigue recordarte por qué llevamos más de noventa años fascinados por un bárbaro que resolvía la mayoría de sus problemas mediante una combinación bastante efectiva de acero, músculos y desconfianza hacia la civilización.

En definitiva, «Conan el Bárbaro en el cómic, el cine y la televisión» es exactamente el tipo de libro que cualquier aficionado al personaje llevaba años esperando sin saberlo. Una obra exhaustiva, entretenida y magníficamente documentada que demuestra que la vida editorial y audiovisual del cimmerio es tan apasionante como cualquiera de sus aventuras en la Era Hiboria. Crom no suele conceder regalos a los mortales. Pero si alguna vez decidiera bendecir a los aficionados de Conan con un ensayo definitivo sobre sus innumerables encarnaciones, probablemente se parecería muchísimo a este libro de Javier Jiménez Barco. Y eso, viniendo del dios más gruñón y menos dado a los halagos de toda la fantasía heroica, es decir bastante.
