El universo de World of Warcraft tiene una curiosa habilidad para convertir cualquier reunión familiar en un evento de apocalíptico. Hay padres que desaparecen un fin de semana y vuelven con una camiseta de Benidorm; Alleria y Turalyon desaparecen mil años luchando contra demonios interdimensionales y regresan cuando su hijo ya tiene canas metafóricas y una crisis existencial de manual. En Azeroth, las terapias familiares se sustituyen por espadas legendarias y las conversaciones incómodas se resuelven matando lugartenientes de la Legión Ardiente. Eso es, en esencia, «World of Warcraft – Midnight: Lazos de sangre» (“ World of Warcraft – Midnight: Blood Ties”), la nueva novela de Christie Golden publicada por Panini. Un libro de 352 páginas que funciona como prólogo del capítulo de la saga Midnight de Warcraft y que demuestra que Blizzard sigue creyendo que nada une más a una familia que una amenaza demoníaca dispuesta a destruir el mundo. Y, siendo sinceros, tienen bastante razón.

Christie Golden es prácticamente la madre adoptiva literaria de Warcraft. Lleva tantos años escribiendo novelas ambientadas en Azeroth que probablemente conozca mejor la psicología de algunos personajes que los propios guionistas del videojuego. Si alguien puede hacer que una conversación entre una elfa del Vacío traumatizada por mil años de guerra, un paladín obsesionado con el deber y su hijo con problemas de abandono resulte creíble, es ella. El gran acierto de la novela es que no intenta vendernos otra historia épica sobre salvar Azeroth. Bueno, sí lo hace, porque estamos hablando de Warcraft y el mundo está en peligro aproximadamente cada martes por la tarde, pero el verdadero corazón del libro es mucho más mundano: una familia rota intentando conocerse.
Arator es, probablemente, el personaje más interesante de la novela. Imaginad crecer escuchando que tus padres son dos de los mayores héroes que ha conocido el planeta, solo para descubrir que estuvieron demasiado ocupados luchando contra demonios durante un milenio como para asistir a tus cumpleaños. Es difícil rebelarse contra unos padres así. ¿Te haces músico? ¿Abandonas la orden de paladines? ¿Te dejas perilla y escuchas metal goblin? Las posibilidades son infinitas. El pobre Arator vive atrapado entre la admiración y el resentimiento. Ama a sus padres porque son leyendas vivientes, pero también le gustaría preguntarles por qué su ausencia duró literalmente mil años. No es exactamente el típico conflicto adolescente, aunque seguramente muchos jugadores de WoW habrán pensado algo parecido. Alleria y Turalyon tampoco salen precisamente bien parados en el apartado paternal. Son héroes admirables, sí, pero como padres tienen más agujeros que la cronología oficial de Warcraft. Turalyon continúa siendo el soldado perfecto, incapaz de relajarse incluso cuando intenta conectar con su hijo. Alleria, por su parte, sigue manteniendo una relación complicada con cualquier cosa que implique emociones humanas básicas. Su especialidad es combatir horrores cósmicos, no dar abrazos familiares. Lo mejor del libro es comprobar cómo Christie Golden desmonta el mito heroico de estos personajes. Son imperfectos, están emocionalmente agotados y no saben cómo comportarse como una familia normal. Aunque, siendo sinceros, después de mil años matando demonios por el cosmos, quizá no exista un manual titulado «Cómo ser padres responsables tras una guerra interdimensional«.
La novela funciona especialmente bien durante sus primeros compases. Las dinámicas familiares están muy logradas y las conversaciones entre los protagonistas tienen más interés que buena parte de las batallas. Resulta refrescante ver a personajes tan legendarios enfrentarse a problemas tan terrenales como no saber qué decirle a su hijo adulto. Por supuesto, estamos hablando de Warcraft, así que tarde o temprano alguien tenía que descubrir energía vil en unas ruinas abandonadas. Porque en Azeroth nadie aprende jamás que cuando una base demoníaca lleva miles de años cerrada, lo mejor es colocar un cartel de «NO ENTRAR» y marcharse a casa. Pero no, nuestros héroes deciden investigar personalmente. ¿Qué podría salir mal? La respuesta, evidentemente, es absolutamente todo. Las escenas de acción están bien escritas y Golden demuestra una vez más que conoce perfectamente el tono épico de la franquicia. El problema es que el libro exige bastante del lector. Si llevas veinte años jugando a World of Warcraft, leyendo novelas y devorando el lore oficial, te sentirás como en casa. Si tu experiencia con Warcraft consiste en haber visto la película de Duncan Jones y jugar dos horas en 2007, probablemente necesitarás un glosario y rezar al altísimo para enterarte de que leche está pasando.

Este es quizás el mayor defecto. No es una novela especialmente amable con los recién llegados. El libro está escrito pensando en los aficionados veteranos, esos jugadores capaces de distinguir un eredar de un draenei a veinte metros de distancia y que saben quién era Turalyon antes incluso de que apareciera en Legion. Para el resto de los mortales, algunas referencias pueden resultar tan misteriosas como cuando comienzan explicándote que es la física de partículas. Luego está el factor nostalgia. Blizzard lleva años explotando la nostalgia de los veteranos de Warcraft con una pasión digna de estudio científico. El regreso de los Hijos de Lothar, las referencias constantes al pasado y determinados momentos del libro parecen construidos específicamente para provocar un suspiro emocionado en aquellos que comenzaron su aventura en Azeroth hace dos décadas. Algunos lectores adorarán esta decisión. Otros pensarán que Warcraft debería dejar de resucitar conceptos clásicos y empezar a construir nuevas leyendas. La realidad es que el libro juega constantemente con esa dualidad: honrar el pasado mientras intenta preparar el futuro narrativo de la franquicia.
La edición de Panini Books cumple perfectamente con lo esperado. El volumen presenta las habituales buenas calidades de la editorial, con una traducción solvente realizada por David Heredia y un formato cómodo para disfrutar de una lectura que mezcla fantasía épica y drama familiar en dosis prácticamente idénticas. Al final, «World of Warcraft – Midnight: Lazos de sangre» es exactamente lo que promete ser: una novela de Warcraft escrita para los aficionados de Warcraft. Christie Golden construye una aventura entretenida que sirve tanto para preparar los acontecimientos de Midnight como para profundizar en unos personajes que llevan décadas formando parte del universo de Azeroth. No es la puerta de entrada ideal para los recién llegados, ni pretende serlo. Es un regalo para quienes llevan años recorriendo Azeroth y querían descubrir qué ocurre cuando dos héroes legendarios intentan hacer algo mucho más complicado que salvar el mundo: convertirse en una familia. Porque derrotar a la multitud de enemigos es relativamente sencillo. Explicarle a tu hijo por qué te perdiste sus primeros mil años de vida ya es otra historia.
