Sangre de Barrio: la verdad de las calles sin oportunidades

Hay relatos que perduran. Aunque sean ficciones, de sus viñetas supura un aroma a pie de calle que los hacen creíbles, construyendo el sustrato de lo posible. De unas vivencias que bien pudieran haber ocurrido. Pues son en parte la síntesis de muchas vidas aderezadas con un ritmo literario que invitan a recorrerse. Como cuando paseas por cualquier barrio obrero de una gran ciudad. Donde en el suelo queda marcado el paso de los días junto a la basura. Donde no hay espacio para tiendas chic ni bares de diseño. Donde las jornadas empiezan antes de que salga el sol y las oportunidades son un bien escaso.

Calles como las de L’Hospitalet de Llobregat en los años ochenta del siglo pasado, aunque todavía quedan muchas en la actualidad tanto en esa localidad como en otras de toda la geografía española. Donde “la vida” espera junto a los contenedores de basura. Donde hay que buscársela si no hay más opciones. Donde el camino es el posible, ante unas perspectivas tamizadas por la falta de posibilidades reales de progreso. Y cuando todo el futuro que se ve esta oscuro, el camino elegido puede ser el que se torne más nefasto, aunque sea a priori la salida más fácil.

Ese es el camino que inicia Vicen, el protagonista de “Sangre de Barrio”, la opera prima de Jaime Martín que vuelve a ver la luz en una nueva edición integral de la mano de Norma Editorial. Una historia que, cuatro décadas después, sigue siendo una actual verdad. Incómoda pero cierta. La de muchos jóvenes que, en el final de su adolescencia no tienen oportunidades reales en un mundo cruel lleno de asfalto y cemento.

Cuando nació “Sangre de Barrio” no había móviles, pero el nihilismo juvenil era una constante ante el entorno hostil que proporcionaba la falta de recursos y de empleo. Y en los últimos años de instituto eso puede ser decisivo para optar por la senda de lo fácil, jugando a ser un “macarra” antes de convertirse en uno. Poniendo cara de chungo antes de serlo. Mientras se vacian litronas en el parque y el despertar sexual se combina con los primeros coqueteos con “cosas de mayores”. Y mientras todo parece divertido, un día descubres que el porvenir no llegará. Y entre adicciones de unos y actividades ilegales de otros, la palabra “quinqui” ya no es algo que es ajeno. Sino la forma más coloquial de definir la joven delincuencia que ha cruzado esa línea donde se descubre que “lo más fácil” suele ser lo más caro.

Eso es lo que vierte la “Sangre de Barrio” de Jaime Martín La costumbrista crónica urbana de un chaval que pasa del instituto a la delincuencia. Pegada a lo real, que remite a una determinada época con nitidez. Con páginas urbanas, con banda sonora propia. La de aquellos años y que es a día de hoy inmortal. La que puso música Ramoncín, Burning, Barricada, Rosendo, La Polla Records, Juanito Piquete y los Mataesquiroles y El Hombre del Sako. Al fin y al cabo, el título de “Sangre de Barrio” es un acertado préstamo de un tema de Ramoncín, cuyo cancionero clásico tiene la verdad del asfalto de muchos barrios. Como la frustración y rebeldía que prenden cuando no hay ningún futuro, aunque se tengan años por delante y mucho por vivir.

De esa verdad también bebe también el cómic de Jaime Martín. Por eso sigue siendo a día de hoy vigente. Pues este viaje a la oscuridad entre el costumbrismo y lo criminal sigue siendo certero. Como las calles de L’Hospitalet y Barcelona aquí retratadas. Como esas expresiones de los protagonistas, que cuando las lees es como si las oyeras pronunciadas con acentos y timbres propios. Al fin y al cabo, pasearse por estas “malas calles” sigue siendo igual de efectivo que cuando vieron la luz por vez primera en “El Víbora”. Por eso sirvieron para que, en 1990, Jaime Martín fuera distinguido como el mejor autor revelación en el Saló del Cómic de Barcelona. Un galardón más que merecido. Baste ver que, 36 años después, la “Sangre de Barrio” sigue estando caliente, tan viva com o calles donde se ambienta el relato. Por eso es bienvenida esta reedición. Para volver a ellas, pues el lado salvaje que muestran es una ficción, pero huele a esa verdad incómoda que anida donde no hay posibilidades de progreso y desarrollo.

Deja un comentario