Marvel Knights. El mundo que vendrá: El Castigador: La droga Zombi

La calavera en el pecho de Frank Castle ha sobrevivido a guerras urbanas, mafiosos, ninjas, demonios, ángeles, zombis (bueno, más o menos), y a varios guionistas convencidos de que la mejor manera de revitalizar al personaje era convertirlo en cualquier cosa menos en el Castigador. Si uno repasa la trayectoria editorial del bueno de Frank, llega a una conclusión inevitable. En Marvel hay una rueda de la fortuna con distintas casillas que pone «matarlo», «volverlo loco», «hacerlo sobrenatural», «desfigurarlo» y «darle un trabajo nuevo». Los viernes, alguien la hace girar. Por eso, cuando cayó en mis manos el tomito de «Marvel Knights. El mundo que vendrá: El Castigador», mi primera reacción fue una mezcla de ilusión y prudencia. Ilusión porque Jimmy Palmiotti es un autor que rara vez aburre y porque Dan Panosian lleva unos años firmando algunos de los trabajos más interesantes de su carrera. Prudencia porque el subtítulo «El mundo que vendrá» ya suena un poco a «vamos a hacer algo raro con el personaje y luego ya veremos cómo se lo explicamos a los lectores«.

Para los más jóvenes del lugar, conviene recordar que Marvel Knights fue uno de esos milagros editoriales que ocurren cuando una gran compañía se da cuenta de que está metiendo la pata hasta el fondo. A finales de los noventa, Marvel atravesaba una crisis creativa y económica importante. Joe Quesada y Jimmy Palmiotti llegaron con la intención de demostrar que los personajes clásicos todavía podían protagonizar grandes historias si se les trataba con cariño, talento y un mínimo de sentido común. El resultado fue una auténtica revolución que acabaría influyendo en buena parte de la Marvel moderna. Así que recuperar el sello Marvel Knights siempre despierta cierta nostalgia. Es como reencontrarte con un viejo amigo del instituto al que recuerdas carismático y divertido. Lo único que esperas es que no aparezca vestido de pirata steampunk explicándote que vende criptomonedas.

La premisa de esta miniserie es sencilla y efectiva. Frank Castle viaja a Centroamérica para acabar con un poderoso cartel que ha desarrollado una droga conocida como Zombi. La sustancia convierte a sus víctimas en auténticos esclavos sin voluntad propia. No tardaremos demasiado en descubrir que las cosas no van exactamente como cabría esperar. El cartel consigue utilizar la droga contra nuestro protagonista y lo convierte en una especie de arma viviente al servicio de sus enemigos. Sí, lo habéis leído bien. El Castigador pasa buena parte de la historia siendo el sicario de los malos. Otra vez.

Si existe un personaje al que Marvel parece tenerle reservadas las ideas más extravagantes del catálogo es precisamente Frank Castle. Daredevil tiene crisis existenciales. Spiderman tiene problemas para pagar el alquiler. Hulk destroza ciudades. El Castigador, en cambio, recibe propuestas del tipo: «¿Y si esta vez fuera un ángel vengador del cielo?», «¿Y si fuera Frankenstein?», «¿Y si lidera una organización ninja asesina?» o mi favorita absoluta: «¿Y si simplemente no fuera él mismo durante media colección?«. Lo sorprendente es que muchas veces estas ocurrencias terminan funcionando mejor de lo que deberían.

Jimmy Palmiotti construye un thriller criminal que recuerda por momentos a películas con carteles despiadados, operaciones encubiertas y abundantes dosis de violencia. El problema para algunos lectores llegará precisamente por el tratamiento que recibe Frank Castle. El personaje aparece, sí, pero no es exactamente el Frank Castle que todos conocemos y amamos. Su personalidad queda completamente alterada durante buena parte del relato y eso puede resultar bastante desconcertante si uno esperaba encontrarse al vigilante implacable que lleva cuarenta años solucionando problemas con armas automáticas y una preocupante ausencia de terapia psicológica.

La buena noticia es que Palmiotti sabe perfectamente cómo mantener el ritmo narrativo. La historia nunca se hace pesada y está plagada de escenas de acción que funcionan francamente bien. El guionista entiende que un cómic del Castigador debe ser contundente, entretenido y tener suficientes disparos como para que el departamento de munición del ejército estadounidense se plantee abrir una línea de patrocinio. Además, introduce como secundario de lujo al siempre simpático Everett K. Ross, uno de esos personajes que Christopher Priest convirtió en oro durante su etapa al frente de Pantera Negra. Ross aporta un contrapunto mucho más ligero y humano a la trama. De hecho, en algunos momentos resulta tan carismático que amenaza con robarle el protagonismo al mismísimo Frank. Algo que tampoco resulta especialmente difícil cuando el protagonista está químicamente incapacitado para ser él mismo.

En el aspecto gráfico, Dan Panosian está absolutamente desatado. Si alguien me preguntara qué dibujante elegiría para representar la violencia estilizada y sucia del universo del Castigador, Panosian estaría entre los primeros nombres de la lista. Su trazo posee una personalidad arrolladora, con figuras angulosas, expresiones faciales magníficas y con un estilo tremendamente cinematográfico. Hay páginas que parecen sacadas de un thriller criminal de los años setenta pasados por el filtro del cómic independiente norteamericano. Sus escenas de acción son dinámicas, brutales y poseen ese punto de exageración estilizada que encaja como un guante con la propuesta. Si Frank Castle tuviera cuenta en Instagram, seguramente utilizaría varias viñetas de este tomo como foto de perfil. Mención especial merece el diseño del Castigador durante su etapa como «El Zombi«. Resulta inquietante, perturbador y visualmente muy atractivo. Panosian consigue transmitir el dolor y la rabia del personaje incluso cuando éste apenas puede controlar sus propios actos. No es una tarea sencilla y sale bastante airoso del desafío.

La edición de Panini Comics es la habitual dentro de este tipo de recopilatorios. Con los cuatro números americanos en rústica, 112 páginas y traducción de Gonzalo Quesada, que cumple perfectamente su cometido. Un formato cómodo para acercarse a una propuesta que probablemente generará debates entre los aficionados más veteranos del personaje. Porque aquí reside la gran cuestión: ¿es un buen cómic del Castigador? La respuesta corta es sí. ¿Es un cómic tradicional del Castigador? La respuesta es un rotundo no.

Al final, uno acaba desarrollando cierta ternura por Frank Castle. Pocos personajes han sufrido tantas crisis de identidad editoriales y continúan levantándose como si nada hubiera pasado. Lo han convertido en ángel, monstruo de Frankenstein, líder ninja y esclavo químico de un cartel de la droga. Lo único que falta es que Marvel anuncie próximamente «El Castigador: el inspector de hacienda implacable«. Y lo peor de todo es que probablemente también lo compraríamos. Por eso, «Marvel Knights. El mundo que vendrá: El Castigador» no será la historia definitiva del personaje, pero sí una lectura divertida, violenta y con un dibujo espectacular que demuestra que Jimmy Palmiotti y Dan Panosian saben perfectamente cómo montar un buen espectáculo. Eso sí, si eres un purista del personaje, recuerda leerlo con una mano sujetando el cómic y la otra acariciando tu ejemplar de Punisher MAX de Garth Ennis para mantener la tensión arterial bajo control.

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