El Asombroso Spiderman: Dividido. El libro maldito

Si algo nos ha enseñado Marvel durante los últimos diez años es que Peter Parker no puede ser feliz más de tres viñetas seguidas. Si le va bien en el amor, pierde el trabajo. Si aprueba un examen, un duende psicópata le destroza la vida. Y si por fin madura como personaje, algún editor decide devolverlo a un piso compartido y a la precariedad permanente. Por eso, la publicación de «El Asombroso Spiderman: Dividido» tiene algo de milagro arácnido y de bofetada nostálgica a partes iguales. Porque sí, J. Michael Straczynski ha vuelto. Y no, no ha venido a pedir perdón por las arañas tótem ni a hablar de aquel trauma editorial llamado Un Día Más. Ha regresado para recordarnos por qué tantos lectores seguimos considerando su etapa como una de las mejores que ha tenido jamás el amistoso vecino. Y lo hace viajando en el tiempo, como un veterano profesor universitario que entra en el aula, deja los apuntes sobre la mesa y dice: «Niños, así es como se escribe a Peter Parker«.

Editado por Panini Comics, el volumen recopila los cinco números de The Amazing Spider-Man: Torn y nos devuelve al Peter universitario. El de las preocupaciones mundanas, las clases a las que llega tarde, las relaciones sentimentales complicadas y los villanos que tienen la mala costumbre de invocar horrores cósmicos mientras él intenta aprobar alemán. Porque ser Spiderman ya es complicado; ser estudiante universitario en Marvel es directamente una profesión de riesgo.

La premisa es tan deliciosamente clásica que parece salida de una máquina del tiempo construida con números viejos de los años setenta. Una misteriosa asesina roba un antiguo grimorio oculto en la biblioteca de la Universidad Empire State. Hay muertos, sangre derramada sobre un libro maldito, transformaciones demoníacas y entidades cósmicas esperando al otro lado de un portal. Es decir, lo normal que le puede ocurrir a Peter un martes cualquiera antes de entregar un trabajo de literatura inglesa. Y aquí es donde Straczynski demuestra por qué conoce tan bien al personaje. El libro maldito, los monstruos lovecraftianos y los portales interdimensionales son casi lo de menos. Lo importante es Peter Parker. Siempre ha sido Peter Parker.

Mientras otros autores parecen convencidos de que Spiderman funciona mejor cuando vive atrapado en un bucle infinito de desgracias editoriales y reinicios existenciales, JMS entiende algo fundamental: Peter es un optimista. Es un héroe que sufre, sí, pero que jamás pierde el sentido del humor ni la capacidad de conectar con quienes le rodean. Su Peter vuelve a ser encantador. Es divertido, inseguro, inteligente y profundamente humano. Uno puede escuchar perfectamente su voz en cada diálogo, tanto debajo de la máscara como fuera de ella. No hay impostura ni necesidad de convertirlo en un adulto eternamente deprimido. Este Peter sonríe, bromea y se preocupa por sus amigos mientras intenta evitar el apocalipsis dimensional. Lo habitual.

Además, el guionista aprovecha la historia para recuperar a algunos de los personajes más queridos de la etapa universitaria: Gwen Stacy, Harry Osborn y Mary Jane Watson. Y qué gusto volver a encontrarlos escritos con cariño y personalidad. Las conversaciones alrededor de una hoguera en la playa son posiblemente más interesantes que varias sagas modernas del personaje. Ver a estos jóvenes hablar sobre sus sueños, sus inseguridades y su futuro resulta sorprendentemente emotivo cuando sabemos lo que les espera a muchos de ellos. Straczynski juega constantemente con nuestra memoria como lectores veteranos. Nosotros sabemos cosas que ellos todavía ignoran. Y eso convierte muchos momentos aparentemente sencillos en pequeñas tragedias anunciadas.

Especialmente brillante es la relación entre Peter y Mary Jane. JMS sigue siendo uno de los mejores escritores que ha entendido por qué esta pareja funciona tan bien. Sus diálogos son naturales, tiernos y creíbles. Por supuesto, no todo es perfecto. La continuidad recibe más golpes que el pobre Flint Marko en la primera página del cómic. Straczynski siempre ha mantenido una relación peculiar con las cronologías oficiales, y aquí vuelve a demostrar que las considera poco más que sugerencias amablemente redactadas. ¿Encaja exactamente esta historia entre los cómics clásicos de Spiderman? No demasiado. ¿Importa? Sinceramente, bastante menos de lo que algunos guardianes del canon querrían admitir. Porque el verdadero propósito de este comic no es rellenar huecos en la continuidad, sino capturar la esencia del personaje. Y en eso acierta de pleno.

La historia también incorpora elementos lovecraftianos y de horror cósmico que sorprendentemente funcionan muy bien dentro del universo arácnido. El Proteus Maleficarum podría haber parecido una idea absurda sobre el papel («Peter Parker contra un Necronomicón universitario«), pero JMS consigue integrarlo con naturalidad. Eso sí, la villana principal, Evangeline, es probablemente el punto más débil de la obra. Su diseño es espectacular y su evolución resulta interesante, pero nunca termina de convertirse en un antagonista memorable. Se mueve constantemente entre el monstruo trágico, la asesina arrepentida y la excusa argumental para abrir portales dimensionales. No ayuda que compita en un universo donde Spiderman tiene algunos de los mejores villanos de la historia del cómic. Cuando compartes editorial con el Duende Verde, El Lagarto o Veneno, hay que venir muy preparado para destacar.

Afortunadamente, Pere Pérez está ahí para que se nos olvide cualquier pequeña pega argumental. Qué maravilla de dibujante tenemos en casa. Su trabajo en esta miniserie es sencillamente magnífico. Pere Pérez consigue algo fundamental en un cómic de Spiderman: transmitir movimiento. Cada salto, cada balanceo entre edificios y cada escena cotidiana poseen una fluidez extraordinaria. El personaje parece ligero, ágil y expresivo en todo momento. Pero donde realmente brilla es en las secuencias más humanas. Las miradas de Mary Jane, la tristeza contenida de Peter o las conversaciones entre amigos poseen una naturalidad maravillosa. Pérez entiende perfectamente que Spiderman no es únicamente acción superheroica. Es también drama adolescente, comedia romántica y tragedia cotidiana. El color de Guru-eFX merece igualmente todos los elogios posibles. Sus colores vibrantes potencian el tono nostálgico y aventurero del cómic, consiguiendo que todo luzca luminoso incluso cuando aparecen criaturas procedentes de dimensiones imposibles. Porque el horror cósmico siempre entra mejor con una buena paleta de colores.

Lo más divertido de este cómic es que funciona peligrosamente bien como una carta pasivo-agresiva dirigida a Marvel Comics. Durante cinco números, Straczynski nos susurra al oído: «¿Veis? Era esto. Siempre fue esto«. Peter Parker estudiando, enamorándose, sufriendo por sus responsabilidades y soltando chistes malos mientras intenta impedir que un libro maldito provoque el fin del mundo. Es casi cruel comprobar que un relato ambientado en el pasado del personaje resulta mucho más fresco y entrañable que buena parte de sus aventuras actuales. Uno termina la lectura preguntándose si el verdadero horror del cómic no será descubrir que la mayor amenaza para Peter Parker no son entidades ancestrales de dimensiones prohibidas… sino ciertas decisiones editoriales tomadas en las dos últimas décadas.

Quizá ese sea el mayor mérito de «El Asombroso Spiderman: Dividido». No pretende revolucionar el personaje ni reinventarlo. Todo lo contrario. Nos recuerda por qué funciona tan bien cuando alguien comprende quién es realmente Peter Parker. No necesita ser miserable las veinticuatro horas del día. No necesita sufrir un reinicio existencial cada dos años. No necesita convertirse en un eterno veinteañero incapaz de evolucionar. Solo necesita ser Peter Parker.

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