Sin City 5. Valores familiares. El manejo excepcional de la tensión

La familia, como concepto, es una de las instituciones fundamentales en torno al ser humano. Quizá la más solida, por los lazos de sangre compartidos. Cuando una afiliación de otro tipo consigue tener esos grados de lealtad tan inquebrantable a menudo se le considera una familia. Tal es así que, por ejemplo, como «familias» se definen muchas de los clanes la mafia. También para un grupo de personas sin parentesco cuyos vínculos son tan sólidos que resisten frente a todo. Incluso llegando a ayudarse entre ellos, protegiéndose si fuera necesario.

Por eso el título de «Valores Familiares», el estupendo quinto volumen del Sin City de Frank Miller, uno no espera un compendio de lazos de sangre y vinculación por parentesco. No. Lo que nos evoca el título es una apelación al honor y lealtad de grupo. Uno más fuerte que cualquier disposición legal. De los que apelan a la protección mutua por el sentido de pertenencia. De un sentido extremo de clan. De los que, en caso de afrenta a uno de sus integrantes, conllevaran una respuesta contundente por el resto del grupo.

Esa apelación se ve correspondida por lo que espera en esta ocasión en las calles de la ciudad del pecado. «Valores Familiares» («Family Values») fue el primer relato de la serie concebido directamente para publicarse sin serializarse. Hecho más que palpable en el sólido guion trazado por Miller, donde no hay espacio para las pausas y en el que la tensión que subyace al principio de la historia va ganando altura conforme la trama va desarrollándose.

Una trama, todo sea dicho, que a priori parece no tener ningún elemento que le haga singular. Sin embargo, cuando uno se adentra en los claroscuros y masas de negro de estas páginas descubre que, más que el «qué», es el «cómo» lo que dota de altura a los «valores familiares» de Miller. Por la forma de hacer, de llevarnos los ojos cuando nos adentramos en sus viñetas. Con composiciones de página que capturan la atención desde un primer momento, para no soltarla hasta la última página. Catalizando un guion compacto, donde hay tanto amor por el género negro vertido en sus entrañas como fresca resolución en la forma que es presentado. Con una voz en off que prevalece durante toda la historia, tan poderosa como las páginas que acompaña.

Maximizando las posibilidades que ofrece el cómic como medio de expresión. Eso exhibió Miller en sus «Valores Familiares». Un savoir faire materializado en páginas dignas de estudio, por lo mucho que transmiten, por la capacidad de mostrar lo sórdido y oscuro de las calles de Sin City. También por el excelente manejo de la tensión argumental, aderezado en unas páginas que fluyen por los ojos del lector, por lo bien resueltas y escaladas. Así se sirve este crescendo en viñetas, de los más sublimes que se han visto por las calles de la «ciudad del pecado». Compacto y sólido, de una sola pieza. Con un pie en ese género negro que homenajea. Mientras que se exhibe una narrativa gráfica impecable e impoluta. Envuelta en contrastes de blanco y negro. Donde todo lo que se expone cobra un sentido pleno. De los que atrapa.

Más que un ejercicio de estilo, este cómic es un lección magistral. Una que se puede volver a disfrutar dentro de la colosal nueva edición que está llevando a cabo Norma Editorial. A un mayor tamaño y con traducción de Hernán Migoya. En cartoné y editado en dos variantes. Como viene siendo habitual en esta colección definitiva de la obra maestra de Miller «Valores familiares» se puede disfrutar en solitario o en su versión de lujo, acompañado de un cofre forrado en tela junto a una litografía. Nunca habían lucido mejor las calles de Sin City y con su quinta entrega se vuelve a corroborar. Además en esta ocasión, el volumen cuenta con, aparte de la habitual galería de ilustraciones a cargo de Miller, una adicional de pin ups a cargo de artistas de la talla de Milo Manara, Jock, Joëlle Jones, Tula Lotay, Tanino Liberatore y Bill Sienkiewicz. Todo presentado de forma rotunda, donde el tamaño (22 x 29,95) importa, pues «Sin City» es una obra que merece la pena leer «a lo grande». Como sus «Valores Familiares«, que siguen, por muchos años que hayan pasado, en alza.

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