El combate de Henry Fleming: La roja insignia del valor impregnando las viñetas

1895 fue la fecha en la que la entonces joven literatura estadounidense comenzó su mayoría de edad. La causa que lo provocó fue «La roja insignia del valor» («The Red Badge of Courage«) de Stephen Crane (1871-1900), la primera novela antibelicista norteamericana. Por aquel entonces la Guerra Civil de Estados Unidos (1861 -1865) aún despertaba interés lector. Con solo treinta años de distancia desde su final, aún quedaban supervivientes de lo ocurrido y, además, seguía siendo una herida que estaba cicatrizando entre la sociedad. Sin embargo, hasta la obra de Crane, siempre se habían abordado los relatos de esta guerra sobre un prisma épico. Crane fue el primero que despojó su historia de épica y la humanizó hasta mostrar el horror psicológico que suponía para un soldado entrar en combate.

A lo largo de la obra se ofrecía al lector un viaje psicológico contundente, que partía del idealismo inocente hasta acabar con el pragmatismo del superviviente. Por el camino quedaba el horror, el instinto de supervivencia, la necesidad de huir y también el arrojo necesario (e imprudente) para llevar a cabo según que acciones bélicas. Todas tratadas desde la perspectiva del protagonista, Henry Fleming: un joven muchacho idealista que va a transformarse conforme pasen sus días en el ejercito de la unión.

Con esos elementos se forjó una novela capital cuya vigencia sigue intacta. Sabedor de ello, Steve Cuzor («Una estrella de algodón negro», «O’Boys» o, entre otras, «Blackjack») la adaptó al cómic en «El combate de Henry Fleming» («Le combat de Henry Fleming»), recién editado en castellano por Norma con traducción de Eva Reyes de Uña.

A lo largo de las 152 páginas del cómic, Cuzor consigue mantener la esencia de la novela de Crane de forma notable. Aportando una efectiva secuenciación de viñetas que nos mete de lleno en el conflicto bélico y, a la vez, hacernos partícipes de lo que pasa por la cabeza del protagonista. Así somos testigos del paso del idealismo primerizo al descreimiento tras haber combatido. Con páginas que rezuman el aroma del superviviente, que no es otro de aquel que ha visto el horror de frente y a sobrevivido. Que pensaba ser un héroe y se ha descubierto como un peón más de un juego superior, donde los que dirigen no tienen reparos en sacrificarle en aras de un objetivo.

Si la novela original bebe mucho del monólogo interior del protagonista, el cómic no es excepción. Si bien Cuzor no mimetiza el texto de Crane, lo adapta al medio donde lo expresa, consiguiendo un mayor efecto así. En este tebeo, las expresiones faciales y los silencios son tan elocuentes como los diálogos, maximizándose de esta forma las posibilidades del texto original y poniendo de relieve el tono psicológico del relato, parte que entendemos fundamental para que esta historia funcione. Cuzor da con el tono y tempo preciso para que eso quede mostrado de forma más que efectiva, metiéndonos así de lleno en el horror que vive Henry Fleming. Un horror que no deja indiferente. Entre pólvora, sacrificio, muerte y sinsentidos. En los ojos de quien acaba de conocer la muerte. En un descenso hacia el miedo. Donde bajo la huida y el combate solo importa la supervivencia. Donde los ideales yacen en el campo de combate junto a los caídos. Donde no queda espacio para la épica. Donde no hay espacio para gloria pero si mucha humanidad, con sus muchas sombras.

Así ha edificado Steve Cuzor «El combate de Henry Fleming«. Un combate que conviene presenciar y que no dejará indiferente a quien lo lea. Aportando una gran maestría plástica al texto de Crane. Un relato antibelicista todavía vigente, que con este cómic, toma nuevos bríos. Si has leído la novela original, el cómic te va a llevar al mismo lugar donde Crane te lleva con la novela. Si no es el caso, vas a descubrir uno de los relatos antibelicistas esenciales. De los que dejan huella. Como la cicatriz de un superviviente de la batalla.

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