Omega 30 Aniversario en Pirineos Sur: Apuntes escritos con un guante de mercurio y otro de seda

Como avisamos en el título. Estos son apuntes escritos a quemarropa, en medio de una mar de sensaciones de verso y acordes, de ritmos y melodías. Escritos, parafraseando a Lorca, «con un guante de mercurio y otro de seda». Avisados queda quien quiera continuar, mientras comienzan a sonar en bucle el tema que abría aquel disco que marcó un antes y un después en la música española.

«Como la noche interminable…»

Para muchos de los que alcanzamos la mayoría de edad durante el final del siglo XX, la puerta al flamenco fue el inmortal «Omega» que llevaron a cabo Enrique Morente y Lagartija Nick en el ya lejano 1996. El rock fue el salvoconducto para llegar a este disco y la sorpresa que supuso ver la noticia de su existencia. También el rechazo de los puristas de ambos géneros que suscitó en un principio. Una incomprensión que olvidaba que, en origen, no existe la pureza en ninguna música, pues toda ella es mestiza de las que les han precedido.

Tras el desconcierto e indignación de la ortodoxia, «Omega» echó a rodar en una gira en la que Morente y Lagartija Nick se subieron a escenarios dispares, conquistando tanto espacios propios del flamenco como del Rock u otras músicas. Incluido el de Lanuza aquel 15 de julio de 1997, cuando por suerte para el arriba firmante, Televisión Española retrasmitió el concierto en abierto.

Era una época en la que Pirineos Sur era un festival excitante cuya programación lo hacía único en el panorama nacional (e incluso europeo), situando en el mapa cultural a Sallent De Gállego y Lanuza como una de las citas más destacadas del verano pirenaico. El postureo propio de los tiempos actuales, y una programación más heterogénea y dispersa en sus coordenadas, lo han convertido estos últimos años en un festival más. Ya no queda nada de los rasgos identitarios pretéritos. Solo el reflejo que se diluye en el esfuerzo de apuntar a todo sin concertar nada. A cambio, la masificación de público lo ha ido transformando más en un evento, dejando de ser el estimulante espacio donde lo singular tomaba cuerpo en conciertos irrepetibles, como el que el propio Enrique Morente protagonizó el 15 de julio de 2006 cuando comenzó su show con «Martinete» (de «Sueños de la Alambra«), convirtiendo el auditorio nacional de Lanuza en una cueva del Sacromonte granadino, transportándonos a todos los allí presentes a un lugar inesperado pero insólito.

A veces, por suerte, vuelve a ocurrir. Y por partida doble el viernes pasado, con Jorge Drexler y con Kiki Morente y Lagartija Nick y la revisión en directo de «Omega«, que están llevando a cabo por su 30 aniversario.

Tras Madrid y Córdoba, Lanuza era el tercer escenario donde iba a volver a interpretarse un repertorio de leyenda. El que conformó ese disco que tres décadas después es uno de los momentos cumbre de la música española del siglo XX. Uno en el que Lorca y Cohen son convocados. Donde el flamenco se encuentra con el rock para tejer, no una fusión, sino un lenguaje musical propio en el que cajón y guitarra flamenca conviven con los pasajes psicodélicos, mientras que los versos de Lorca y Cohen sirven de sustrato para que crezca algo nuevo, mestizo y, a la vez, propio y singular. Algo que no fue entendido en un primer momento, pero que ya es legado cultural de nuestra música, tanto en el Flamenco como en el Rock, pero en un espacio propio. Un territorio musical y emocional creado hace treinta años por Morente y Lagartija Nick junto a Vicente Amigo, Tomatito, Juan Manuel Cañizares, M.A. Rodriguez, Montoyita, El Paquete, Tomatito y Estrella Morente.

Joe Strummer buscó a Lorca por las tierras en torno a Granada. En su lugar, encontró a unos jóvenes 091 que llegó a producir. En las filas de los «cero» militaba por aquel entonces Antonio Arias, que fue el que más tarde si encontró a Lorca. De forma más poética, obviamente, Arias, Juan Codorniu, M.A.R. Rodríguez, Eric Jiménez y Jesús Arias se toparon musicalmente con Lorca mientras creaban con Morente este inmortal disco. También con Cohen. Y de ese encuentro nace esta obra que sigue siendo rotunda, fresca y arrebatadora. Donde los ecos del rock underground son la textura perfecta para que el quejío flamenco se acomode entre los versos de Lorca. Donde la lírica de Cohen subyace entre las palmas y guitarras. De ese encuentro surgió este clásico, tan vigente como el día en el que se grabó.

Por eso, y porque dar vida a este repertorio siempre es algo extraordinario, los treinta años de conmemoración del nacimiento de «Omega» bien merecían celebrarse con una gira. Una que ya es realidad gracias a Kiki Morente y los propios Lagartija Nick. Todo eso pasaba por mi cabeza cuando «Manhattan» comenzó a sonar en Lanuza. Con toda la banda en el escenario, Antonio Arias, Juan Codorníu, Eric Jiménez, Juan José Machuca, Nano del Amalio, Jorge Pis, Popo Gabarre, Curro Conde, Noemi Humanes, Aroa Palomo, Dani Bonilla y Antonio Carbonell comenzaron a tejer la textura perfecta para que Kiki Morente hiciera acto de presencia para comenzar a conquistar «la gran manzana». «Poeta en Nueva York» se hacía carne musical otra vez. En una voz distinta, que no buscaba la emular el registro de su padre, sino una interpretación propia, hecha desde el respeto al legado, pero con el personal mimo para dar con el punto de equilibrio en el que pasado y presente volvieran a encontrarse.

Así comenzó un set intenso, lleno de duende y electricidad. Donde no hubo, por extraño que pueda parecer, espacio para «Pequeño vals vienes» pero sí para recuperar esa joya oculta que es «Oye, esta no es manera de decir adiós«. Donde «La Aurora de Nueva York» emocionó y «Omega» nos llevó a un psicodélico éxtasis espiritual (a destacar la sólida precisión de Eric en la batería, contribuyendo decisivamente a la catarsis que es la ejecución del tema). Por el camino «Niña ahogada en el pozo» sonó hipnótica junto a la voz de Antonio Arias y el baile de Israel Galván, que cada vez que aparecía en escena daba una lección de expresión lírico corporal.

Auténticas joyas musicales fueron interpretadas, aún con capacidad para conectar, transmitir y emocionar desde esa verdad que no necesita de apariencias ni imposturas. «Vuelta de paseo», «Vals en las ramas», «El pastor bobo», «Norma y paraíso de los negros», «Aleluya» y «Ciudad sin sueño», por citar solo algunos títulos, fueron elementos inherentes a una catarsis flamenca. En la ejecución musical predominó la fidelidad a los originales registrados. Sin mimetismos, pero con un sentido revisionista de proteger los momentos álgidos que atesoran estas canciones. Por encima, Kiki homenajeando el trabajo vocal de su padre. Sin necesidad de imitarlo, dejando fluir su voz propia en cada tema, así «Omega» volvió a la vida en Lanuza. Como una catarsis que recuerda donde está lo que realmente importa. En lo que va más allá de la apariencia y exhibe la esencia. Como el «Pirineos Sur» que fue. Como «Omega» es. Porque, por mucho que hayan pasado 30 años, de «Omega» siempre se ha de hablar en presente.

«No solloces
Silencio, que no nos sientan, que no nos sientan
Tengo un guante de mercurio y otro de seda, y otro de seda
Se cayeron las estatuas
Al abrirse la gran puerta.»

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