Hay libros que analizan fenómenos culturales con la solemnidad de quien descubre una nueva partícula subatómica. Y luego está «El Legado de Dragon Ball: Influencia global y el futuro de un fenómeno cultural», una obra que parte de una premisa difícilmente discutible. Si alguien tuviera que explicar a unos arqueólogos alienígenas qué demonios le ocurrió a la humanidad a finales del siglo XX, bastaría con enseñarles un tomo de Dragon Ball y ponerles el opening de la serie. Probablemente entenderían más de nosotros que leyendo mil tratados de sociología. Porque sí, podemos debatir durante horas sobre la importancia de Shakespeare, Cervantes o Beethoven, pero pocos autores pueden presumir de haber conseguido que millones de personas en todo el planeta intentaran lanzar ondas vitales en el patio del colegio. Akira Toriyama lo hizo. Y lo hizo sin necesidad de complejos discursos filosóficos. Le bastó un niño con cola de mono, unas bolas mágicas y una capacidad casi sobrenatural para dibujar personajes imposiblemente carismáticos.

SAeNcSA (Óscar Agrelo) y ShenronZ lo tienen claro desde la primera página. Dragon Ball no es únicamente un manga. Es un acontecimiento cultural comparable a esos momentos en los que la humanidad decidió domesticar el fuego o inventar Internet. Quizá esto suene exagerado, pero pregúntenle a cualquier cuarentón español qué hacía a las cinco de la tarde en los noventa y les responderá sin pestañear: correr hacia casa para no perderse el capítulo de turno. Eso, amigos, es poder.
El libro se presenta como un recorrido por la figura de Akira Toriyama, la génesis de su obra y la inmensa sombra que ha proyectado sobre la cultura popular. Y lo hace desde una posición que no pretende esconder su pasión. Aquí no estamos ante un ensayo frío y académico escrito por alguien que considera que Son Goku es «un personaje de relevancia intertextual dentro de la narrativa secuencial japonesa«. No. Aquí hay dos autores que aman profundamente el material que están analizando, y eso se nota en cada página.

El riesgo de un libro así es evidente. Convertir el entusiasmo en un ataque de fanatismo digno de Vegeta después de tres cafés. Sin embargo, SAeNcSA y ShenronZ consiguen mantener un equilibrio bastante sólido entre el homenaje y el análisis. El resultado es una lectura amena, cargada de curiosidades y datos que harán sonreír incluso a quienes llevan décadas acumulando ediciones kanzenban, figuras y algún que otro trauma provocado por la muerte de alguno de los personajes. Varias veces.
Uno de los grandes aciertos de la obra es dedicar un espacio importante a Akira Toriyama. En tiempos donde parece que las franquicias nacen espontáneamente en los despachos de grandes corporaciones, resulta refrescante recordar que detrás de este imperio multimedia había un hombre que prefería quedarse en casa dibujando vehículos extravagantes antes que convertirse en una celebridad mundial. Toriyama siempre tuvo algo de contradicción andante. Creó uno de los fenómenos más importantes de la cultura popular mientras intentaba mantenerse alejado del foco mediático.

El recorrido por sus trabajos anteriores permite comprender mejor cómo fue construyendo su estilo. Obras como Dr. Slump ya mostraban muchas de las virtudes que acabarían definiendo Dragon Ball: humor absurdo, personajes inolvidables y una capacidad innata para convertir lo imposible en cotidiano. Porque si algo tenía Toriyama era una habilidad única para hacer que aceptáramos cualquier disparate. Un cerdo que habla, un dinosaurio conduciendo un coche o un anciano verde que vive en un planeta lejano eran cosas perfectamente normales mientras él estuviera sujetando el lápiz.
Pero si hay un apartado especialmente interesante, es el dedicado a la influencia global de la franquicia. Porque es fácil olvidar hasta qué punto Dragon Ball ha moldeado el entretenimiento moderno. Sin Goku, probablemente no existirían muchos de los mangas y animes actuales. Y tampoco serían iguales incontables videojuegos, películas o series. En esa parte del libro además de las referencias del texto tenemos unos códigos QR que nos llevan a videos de Youtube para completar la experiencia.

Otro de los puntos fuertes del libro es el análisis dedicado a Dragon Ball Daima. Una producción especialmente significativa por tratarse de uno de los últimos proyectos en los que Akira Toriyama participó activamente. Los autores examinan la serie con detalle, analizando sus virtudes, sus referencias y su papel dentro del futuro de la franquicia. Es un apartado particularmente emotivo si tenemos en cuenta el reciente fallecimiento del autor. La sensación que transmite el libro es clara: aunque Toriyama ya no esté entre nosotros, su obra sigue creciendo, evolucionando y acompañando a nuevas generaciones. El legado continúa. Y probablemente seguirá haciéndolo durante décadas, para alegría de los aficionados y desesperación de quienes llevan treinta años intentando explicar que existen otros mangas además de Bola de Dragón.
La documentación es otro aspecto digno de mención. El texto está plagado de curiosidades y pequeños detalles que enriquecen la lectura. Algunos son conocidos para el aficionado veterano; otros resultan sorprendentemente reveladores. En cualquier caso, el conjunto funciona como una especie de enciclopedia sentimental sobre todo lo que rodea al universo creado por Toriyama.

Quizá el único «problema» del libro sea precisamente el mismo que constituye su principal virtud: su pasión. Hay momentos en los que la admiración de los autores resulta tan evidente que uno espera que, al pasar la página, aparezca Shenron concediéndoles un deseo. Pero sería injusto reprochárselo. Al fin y al cabo, estamos hablando de una obra concebida como homenaje, y los homenajes rara vez se escriben desde la distancia. Además, es difícil mantener una postura completamente objetiva cuando uno habla de una serie que marcó la infancia de medio planeta. La objetividad absoluta y Bola de Dragon son conceptos incompatibles. Es como intentar medir el poder de un super guerrero con una calculadora de supermercado: tarde o temprano todo explota.
En lo referente al estilo, SAeNcSA y ShenronZ optan por una prosa accesible y dinámica. El libro editado por Dolmen Editorial evita caer en el exceso de academicismo y apuesta por una lectura cercana, casi conversacional en algunos momentos. Esto facilita enormemente que tanto el lector ocasional como el fan más entregado encuentren algo de interés entre sus páginas. En definitiva, «El Legado de Dragon Ball» es exactamente lo que promete ser. Un tributo apasionado a una de las obras más importantes de la historia del entretenimiento. Un viaje por la vida de Akira Toriyama, una reflexión sobre la influencia de su creación y una celebración de un fenómeno que, contra todo pronóstico, continúa más vivo que nunca. Porque al final, quizá la verdadera magia de Bola de Dragon nunca estuvo en las transformaciones, las batallas imposibles o las siete bolas mágicas. Tal vez residía en algo mucho más sencillo. En la capacidad de reunir a millones de personas alrededor de una misma historia y hacerles creer, aunque solo fuera durante veinte minutos, que entrenar lo suficiente podía solucionar cualquier problema.
