Hubo un tiempo en el que Marvel estaba tan cerca del precipicio que cualquier reunión editorial debía comenzar con la pregunta: “¿Seguimos siendo una empresa o ya somos un bonito recuerdo de los noventa?”. Las ventas caían, las ideas escaseaban y algunos personajes parecían haber entrado en una especie de limbo creativo del que solo se salía mediante resurrecciones, clones o chaquetas de cuero imposibles. En aquel panorama desolador, alguien tuvo una idea brillante: crear Marvel Knights y devolver el protagonismo a personajes que llevaban demasiado tiempo pidiendo ayuda a gritos. Y, siendo sinceros, pocos héroes han gritado tanto, metafórica y literalmente, como Matt Murdock.

Daredevil siempre ha sido el saco de boxeo del Universo Marvel. Spiderman tiene mala suerte, Bruce Banner tiene problemas de gestión de la ira y Matt Murdock vive atrapado en una telenovela italiana escrita por un sacerdote con depresión. Su vida es un catálogo de desgracias: pierde seres queridos, pierde la fe, pierde juicios, pierde novias y, ocasionalmente, pierde la capacidad de tomar una decisión mínimamente razonable. Por eso era el candidato perfecto para liderar la resurrección de Marvel. Nadie sabe volver a levantarse mejor que alguien acostumbrado a caer por las escaleras de la vida una vez al mes. Este Marvel Omnibus de Panini Comics junto a SD Distribucciones recopila Marvel Knights: Daredevil #1-15, #20-25, #51-55 y #0.5, además de la miniserie Daredevil: Father con un total de 728 páginas en tapa dura que pesan aproximadamente lo mismo que la culpa acumulada de Matt Murdock desde 1964.
La primera gran sorpresa es comprobar que Kevin Smith fue el encargado de devolver al personaje a primera línea. Sí, Kevin Smith, el hombre capaz de hablar durante cuatro horas seguidas sobre la Estrella de la Muerte sin necesidad de respirar. Y eso, inevitablemente, se refleja en su escritura. «Diablo Guardián» es una historia extraordinariamente noventera, en el mejor y en el peor de los sentidos. Los personajes hablan sin parar, reflexionan sobre absolutamente todo y parecen competir entre ellos para ver quién consigue llenar más bocadillos por página. Hay momentos en los que uno tiene la sensación de que Matt podría desactivar una bomba mientras recita un ensayo sobre la culpa, la redención y la importancia de las relaciones interpersonales. Pero funciona. Kevin Smith entiende al personaje. Entiende que Daredevil es un héroe construido sobre contradicciones. Es un abogado que se toma la justicia por su mano, un católico que viste como un demonio y un hombre capaz de escuchar el latido de una persona a varios metros de distancia que, sin embargo, sigue siendo incapaz de detectar una relación sentimental tóxica, aunque le explote delante de la cara.

«Diablo Guardián» juega con todos esos elementos y entrega una historia que sigue siendo fundamental para entender al Daredevil moderno. Hay giros memorables, escenas que se han quedado grabadas en la memoria colectiva de los aficionados y una voluntad evidente de devolver la relevancia al personaje. Puede que algunos elementos hayan envejecido con la misma dignidad que un teléfono con antena extensible, pero el núcleo de la historia sigue funcionando sorprendentemente bien. Por supuesto, buena parte del mérito corresponde a Joe Quesada. Antes de convertirse en uno de los arquitectos de la Marvel moderna, Quesada era simplemente uno de esos dibujantes capaces de convertir cualquier página en un espectáculo. Su Daredevil es exagerado, imposible y tremendamente carismático. Las mandíbulas desafían las leyes de la anatomía, las poses parecen extraídas de una campaña publicitaria y nadie, absolutamente nadie, adopta una postura natural durante más de dos viñetas seguidas. Y, sin embargo, todo encaja. Las páginas de Quesada desprenden una energía difícil de explicar. Con las tintas de Jimmy Palmiotti y el color de Richard Isanove, la Cocina del Infierno se convierte en un personaje más, un lugar vivo, peligroso y perpetuamente bañado por sombras y luces imposibles.
Lo fascinante de este omnibus es que captura un momento irrepetible en la historia de Marvel. No estamos ante una editorial cómoda consigo misma. Estamos viendo a una compañía reinventarse sobre la marcha, probando cosas nuevas y apostando por autores con voces muy definidas. Eso provoca que el volumen tenga una personalidad arrolladora. Cada historia se siente distinta, cada autor aporta algo propio y el resultado final es mucho más interesante que la suma de sus partes. Y entonces llega David Mack para recordarnos que el cómic también puede ser arte experimental.

La presentación de Eco supone uno de los momentos más importantes del volumen. Maya López es uno de esos personajes que parecen destinados a permanecer. Tiene una presencia magnética, una historia fascinante y una conexión con Matt Murdock que funciona desde el primer momento. Lo cual resulta admirable si tenemos en cuenta que iniciar una relación con Matt equivale a firmar un contrato en el que aceptas un porcentaje considerable de tragedia futura. David Mack aborda la colección desde una sensibilidad completamente diferente. Sus páginas son introspectivas, atmosféricas y profundamente personales. El contraste con Kevin Smith es enorme, pero precisamente por eso la lectura resulta tan estimulante. Es como asistir a un concierto en el que una banda de rock deja paso a un recital de poesía existencial sin previo aviso. Eco acabaría convirtiéndose en una pieza importante del Universo Marvel, y leer su debut hoy permite apreciar hasta qué punto esta etapa fue capaz de generar conceptos y personajes con un enorme recorrido posterior.
También hay espacio para pequeñas joyas como Actuando para la cámara, escrita por Bob Gale, guionista de Regreso al futuro. Y hay algo maravillosamente apropiado en que un hombre que escribió una trilogía sobre viajes temporales termine escribiendo una historia en la que alguien decide demandar a Daredevil. La premisa es fantástica. Matt Murdock debe ejercer como abogado en un caso relacionado con su alter ego superheroico, algo que debería suceder mucho más a menudo. Después de todo, si vas a crear un personaje cuya identidad secreta consiste en ser abogado, lo mínimo es dejarle usar el título universitario de vez en cuando. Además, se une el dibujante Phil Winslade y Chris Churkry aportando un estilo que no destaca especialmente pero que no desentona con el estilo general del tomo.

La gran incógnita del volumen siempre ha sido «Daredevil: Father«. Joe Quesada junto a Danny Miki tomó las riendas como guionista y dibujante para construir una historia profundamente personal sobre la figura paterna, la pérdida y la identidad. Es una obra imperfecta, irregular y, en algunos momentos, desconcertante. También es una de las partes más interesantes del ómnibus. Porque Father tiene algo que resulta imposible fingir: sinceridad. Quesada ama a Daredevil. Eso queda claro en cada página. Hay ecos de Frank Miller, referencias constantes a la historia del personaje y una voluntad evidente de explorar qué significa realmente ser Matt Murdock. El problema es que, ocasionalmente, la historia parece olvidar que necesita avanzar mientras Matt continúa acumulando problemas emocionales. Por otra parte, siendo Daredevil, sería extraño que ocurriera de otra manera.
Es imposible ignorar la importancia histórica del material recopilado. Este tomo representa el puente entre el Daredevil clásico y el moderno. Sin estas historias resulta difícil imaginar la posterior llegada de Brian Michael Bendis y Ed Brubaker. Aquí están las semillas de todo lo que convertiría al Hombre Sin Miedo en uno de los personajes mejor tratados de Marvel durante las siguientes décadas. También conviene destacar la impresionante cantidad de extras incluidos. Una introducción de Julián Clemente, traducción de Gonzalo Quesada, bocetos, diseños, portadas y material complementario ayudan a contextualizar una época en la que Marvel todavía estaba descubriendo qué quería ser en el nuevo milenio.

Al final eso es exactamente lo que representa este omnibus: Una editorial buscando su identidad a través de un personaje que lleva toda su existencia buscando la suya. Matt Murdock nunca ha sido el héroe más poderoso ni el más popular. Nunca ha liderado equipos intergalácticos ni ha salvado el universo con un chasquido de dedos. Su mundo siempre ha sido más pequeño, más humano y, precisamente por ello, más doloroso. Sus enemigos son criminales, asesinos y, ocasionalmente, él mismo. Quizá por eso seguimos volviendo a Daredevil. Porque todos conocemos a alguien como Matt Murdock. Alguien brillante y autodestructivo, capaz de ayudar a los demás mientras se hunde lentamente en sus propios problemas. Alguien que sigue levantándose incluso cuando sería perfectamente comprensible permanecer en el suelo.
«Marvel Knights: Daredevil» entendió eso mejor que nadie y este volumen es la prueba. No contiene las mejores historias jamás protagonizadas por Daredevil, pero sí algunas de las más importantes. Es una obra excesiva, irregular y maravillosamente imperfecta. Tiene diálogos interminables, mandíbulas imposibles, toneladas de culpa católica y suficientes traumas como para justificar décadas de terapia. En otras palabras, contiene todo aquello que convierte a Daredevil en Daredevil. Y, sinceramente, no lo querríamos de ninguna otra manera.
