Hay ciudades que parecen empeñadas en esconder un secreto debajo de cada piedra. Toledo es una de ellas. Basta pasear por sus calles para que alguien te hable de templarios, alquimistas, pasadizos imposibles, espadas legendarias o cuevas donde ocurrió algo misterioso hace quinientos años. Con semejante material, lo raro sería que nadie hiciera un cómic de aventuras ambientado allí. Por suerte, los hermanos Jesús y Salva del Viso decidieron hacerlo hace ya un tiempo, y ahora regresan con «Roger Rojas y el Secreto del Orbe Oscuro», publicado por Serendipia Editorial, una continuación que amplía el universo iniciado en «Roger Rojas y la Bestia del Rey Salomón» y que vuelve a demostrar que Toledo o Segovia puede competir con Gotham, Londres o Arkham cuando se trata de esconder conspiraciones sobrenaturales.

La historia nos devuelve a Roger y su grupo de amigos justo cuando Toledo se prepara para celebrar el Corpus Christi, una de las fiestas más espectaculares de España. El Corpus no es simplemente un decorado bonito donde colocar persecuciones y explosiones. Es un personaje más. Las calles cubiertas por toldos, las flores, la procesión, la Tarasca, el bullicio, los visitantes, todo forma parte del ritmo de la trama. La ciudad respira, vive y condiciona cuanto sucede. Mientras miles de personas disfrutan de la fiesta, Roger y compañía descubren que una misteriosa organización secreta anda detrás de un antiguo poder capaz de alterar el destino del mundo. Sí, suena bastante ambicioso para un grupo de chavales de barrio, pero precisamente ahí reside parte del encanto de la serie. No estamos ante millonarios con armaduras tecnológicas, mutantes con poderes cósmicos ni detectives con décadas de experiencia. Son adolescentes que, probablemente, preferirían estar haciendo cualquier otra cosa antes que enfrentarse a sociedades ocultas con delirios de grandeza.
Esa cercanía convierte a Roger en un protagonista muy fácil de seguir. Salva del Viso vuelve a apostar por ese concepto del «héroe poligonero«, alguien que no nace destinado a salvar el mundo, sino que simplemente acaba metido en un problema gigantesco. Es el clásico viaje del héroe trasladado a un contexto muy reconocible para cualquier lector joven. No hacen falta castillos encantados en mitad de Escocia cuando tienes el barrio del Polígono y una ciudad que lleva dos mil años acumulando leyendas. Aunque Roger sigue ocupando el lugar central de la portada, resulta evidente que esta vez quien más crece es Sofía. Su evolución resulta bastante más interesante que la del propio protagonista y aporta una dimensión que enriquece la aventura. Es una decisión inteligente por parte del guion, ya que permite que el grupo vaya desarrollándose poco a poco en lugar de convertir a Roger en un personaje que acapare constantemente toda la atención.

El guion de Salva del Viso funciona especialmente bien cuando mezcla elementos históricos con la fantasía. Ahí aparecen referencias a Tarasca y buena parte del imaginario toledano. Lo interesante es que estas referencias nunca parecen metidas con calzador para presumir de documentación. Forman parte del mundo de Roger de manera natural, como si todas esas leyendas siempre hubieran estado esperando a que alguien decidiera conectarlas entre sí. Además, el cómic consigue algo complicado: despertar curiosidad. Es muy probable que más de un lector termine buscando en internet si determinadas leyendas existieron realmente o visitando Toledo con otros ojos. Esa es una virtud enorme en cualquier obra de ficción: entretener mientras consigue que el lector quiera saber más sobre aquello que acaba de descubrir.
Gráficamente, Jesús del Viso vuelve a demostrar que conoce la ciudad prácticamente piedra por piedra. El nivel de documentación resulta evidente desde las primeras páginas. No se limita a dibujar edificios reconocibles; captura la atmósfera de Toledo durante el Corpus. Hay una enorme cantidad de detalles repartidos por las viñetas que ayudan a crear una sensación constante de autenticidad. Quien conozca la ciudad disfrutará identificando rincones, mientras que quien nunca haya estado allí probablemente termine con ganas de visitarla. El dibujo mantiene un estilo muy dinámico, especialmente eficaz durante las escenas de acción. El trazo resulta claro y nunca se pierde el sentido de la lectura, algo que parece sencillo hasta que uno recuerda cuántos cómics modernos convierten una persecución en un rompecabezas visual. Aquí todo fluye con naturalidad. Además, según te fijas en muchas de las viñetas vemos grandes referencias al tebeo como es un logo de la AIDP o un comic de Conan. Si te fijas en cada detalle se reconoce un gran trabajo por parte del dibujante, algo que agradece muchos cada vez que pasas una página.

Quizá donde más se nota que estamos ante una primera mitad de una historia mayor sea en el desarrollo de la trama. Hay momentos en los que da la sensación de que muchas piezas todavía están colocándose sobre el tablero. Algunas incógnitas permanecen abiertas y ciertas revelaciones parecen preparadas más para lo que vendrá que para ofrecer una resolución plenamente satisfactoria en este volumen. No es necesariamente un defecto, pero sí hace que el desenlace deje un inevitable sabor a «continuará». Precisamente por eso creo que será la segunda parte del Orbe Oscuro la que permita valorar realmente este arco argumental. Muchas veces ocurre que una historia dividida en dos funciona mejor cuando puede leerse completa, y tengo la impresión de que este será uno de esos casos.
Otro aspecto destacable es que el cómic resulta muy accesible para lectores jóvenes sin renunciar a atraer a un público adulto. Esa es una combinación complicada. Los más jóvenes encontrarán una aventura llena de misterio, criaturas legendarias y acción constante. Los adultos disfrutarán reconociendo referencias históricas, culturales y urbanísticas que enriquecen la lectura sin hacerla pesada.

Con este volumen Serendipia Editorial vuelve a ofrecer una edición muy cuidada, con buena presencia, una reproducción del dibujo excelente y un formato que hace justicia al trabajo gráfico de Jesús del Viso. Es uno de esos cómics que entran por los ojos incluso antes de abrir la primera página. En conjunto, «Roger Rojas y el Secreto del Orbe Oscuro» confirma que esta saga posee una personalidad muy definida. No intenta copiar modelos estadounidenses ni convertirse en un manga disfrazado. Tiene identidad propia, aprovecha el enorme potencial narrativo de Toledo y demuestra que las aventuras juveniles también pueden construirse a partir del patrimonio cultural español sin perder un ápice de emoción.
Ahora solo queda esperar que la continuación del Orbe Oscuro termine de rematar la jugada. Si mantiene el nivel de imaginación de los hermanos del Viso y consigue cerrar todas las piezas que aquí se ponen en movimiento, estaremos ante una de las propuestas de aventura juvenil más interesantes surgidas en el cómic español de los últimos años. Mientras tanto, este volumen sigue recordándonos que Toledo no solo es una ciudad preciosa para hacer turismo. También es el lugar perfecto para esconder una conspiración milenaria. Siendo sinceros, si existiera un artefacto capaz de cambiar el destino del mundo, todos sabemos que acabaría escondido en una cueva toledana y no en el trastero de un villano cualquiera.
