Hay profesiones de riesgo: domador de cocodrilos, desactivador de bombas, community manager de una gran compañía o vendedor cara al público y, justo por encima de todas ellas, personaje secundario en un cómic de Conan. Porque si eres un bandido, un hechicero, un noble corrupto, un mercenario o simplemente un pobre infeliz que ha decidido mirar mal al cimerio, puedes ir despidiéndote de tus planes de jubilación. Conan no cree en las segundas oportunidades; cree en las espadas de buen acero y en resolver los conflictos con una eficiencia que haría llorar de emoción a cualquier fabricante de vendas. Por eso en esta quinta «Biblioteca Conan: Las crónicas de Conan», Panini Comics recupera dos etapas fundamentales de la brillante etapa de Dark Horse, con el regreso del mítico Roy Thomas y una espectacular adaptación de La reina de la Costa Negra. ¿El resultado? Más monstruos, más conspiraciones, más viajes imposibles y una cantidad obscena de cadáveres que confirma una vieja verdad: seguir a Conan siempre es una gran idea, siempre que no formes parte del reparto de secundarios.

El gran reclamo del volumen es el regreso de Roy Thomas al personaje. Y eso no es precisamente un detalle menor. Si alguien ayudó a convertir a Conan en una leyenda dentro del cómic estadounidense, ese fue Thomas. Décadas después de haber construido buena parte del mito en Marvel junto a John Buscema, vuelve a empuñar la pluma para demostrar que todavía recuerda perfectamente cómo piensa, cómo actúa y cómo habla el cimerio. No intenta reinventarlo ni convertirlo en un antihéroe moderno lleno de conflictos existenciales. Bastante tiene Conan con sobrevivir a cada página como para ponerse a analizar sus sentimientos. Thomas entiende que el personaje funciona precisamente porque es una fuerza de la naturaleza. Un hombre que puede ser brutal, inteligente, impulsivo, noble cuando le interesa y tremendamente práctico siempre.
La primera parte llamada “El Camino de los Reyes” («Road of Kings») actúa como puente entre aventuras anteriores y la futura adaptación de “La reina de la Costa Negra”(“Queen of the Black Coast”), pero jamás transmite la sensación de ser un simple trámite editorial. Todo lo contrario. La historia tiene entidad propia y construye un viaje plagado de conspiraciones, asesinos, monstruos, ciudades decadentes, antiguas ruinas y suficientes peligros como para que cualquier persona sensata hubiese dado media vuelta en la primera página. Conan, naturalmente, acelera hacia ellos. La aparición de Olivia pone en marcha toda la maquinaria narrativa. Sus sueños proféticos y el misterio que rodea a su regreso convierten un simple viaje en una odisea donde nunca sabes qué amenaza aparecerá en la siguiente esquina. Y ahí está buena parte del encanto de esta historia. No se limita a ofrecer una sucesión de peleas, aunque tampoco escatima en ellas. Hay intrigas políticas, traiciones, mercenarios persistentes y una sensación constante de que el mundo hiborio sigue vivo, aunque Conan solo pase por allí para destrozarlo durante unas cuantas horas.

Thomas también recupera uno de los rasgos que a veces otros autores olvidan: Conan no es simplemente un armario con espada. Howard siempre dejó claro que el cimerio poseía una inteligencia práctica extraordinaria, una capacidad innata para adaptarse a cualquier situación y un instinto de supervivencia casi sobrenatural. Aquí vuelve a sentirse ese equilibrio. Sí, reparte espadazos con entusiasmo, pero también observa, deduce, improvisa y engaña cuando resulta necesario. Es un bárbaro, no un bruto.
El apartado gráfico corre principalmente a cargo de Mike Hawthorne, un artista que en su momento tuvo la difícil misión de suceder a Tomás Giorello, una tarea comparable a sustituir al cocinero de tu restaurante favorito justo después de haber ganado una estrella Michelin. La comparación era inevitable y muchos lectores levantaron una ceja con cierto escepticismo. Sin embargo, Hawthorne sale bastante mejor parado de lo que algunos esperaban. Su estilo resulta más dinámico y ligeramente caricaturesco que el de Giorello, especialmente con el excelente color de Dave Stewart potenciando los contrastes y las atmósferas. Quizá pierda algo de realismo, pero gana en expresividad y energía. Sus personajes transmiten movimiento constante y las escenas de acción funcionan con enorme fluidez. No busca copiar a Buscema ni a Giorello. Tiene personalidad propia, y eso siempre se agradece. Dave Stewart vuelve a demostrar por qué está considerado uno de los mejores coloristas del medio. Sus paletas convierten selvas, desiertos, catacumbas y fortalezas en escenarios vibrantes, reforzando el tono aventurero sin caer en el exceso digital que tan mal envejece en otras producciones contemporáneas. Cada página respira fantasía clásica. Falta por mencionar a Dan Panosian junto a Dan Jackson que nos ofrecen dos números que bien podrían tener mas recorrido se quedan con un gusto estupendo, pero demasiado corto.

La segunda parte del volumen supone un cambio importante con la llegada de Brian Wood al guion y la adaptación de uno de los relatos más queridos de Robert E. Howard: La reina de la Costa Negra. Puede parecer una apuesta segura (y lo es), pero también implica asumir la enorme responsabilidad de reinterpretar una de las historias fundamentales del personaje. Wood opta por una aproximación bastante respetuosa con el material original. No intenta modernizar la obra de Howard ni introducir grandes giros innecesarios. Prefiere dejar que sean Conan y Bêlit quienes sostengan la narración, y acierta plenamente. La relación entre ambos continúa siendo uno de los romances más potentes que ha dado la fantasía heroica, precisamente porque nunca cae en el sentimentalismo fácil. Ambos son depredadores. Ambos viven al margen de las leyes. Ambos entienden que el mañana quizá no llegue nunca.
Visualmente, Becky Cloonan y James Harren aportan un enfoque muy distinto al de Hawthorne. Cloonan imprime una elegancia sorprendente a los personajes, especialmente a Bêlit, mientras Harren despliega toda su fuerza en las secuencias más violentas y salvajes. El resultado es una combinación muy atractiva que mantiene el nivel artístico del tomo sin limitarse a repetir fórmulas anteriores. Dan Jackson completa el apartado cromático con un trabajo igualmente sólido que respeta la identidad visual de la serie.

Uno de los grandes aciertos de este volumen es precisamente esa variedad de autores. Sobre el papel podría parecer una recopilación algo irregular, pero la realidad demuestra lo contrario. Cada equipo creativo aporta su personalidad mientras mantiene intacta la esencia del personaje. Conan continúa siendo Conan independientemente de quién sostenga el lápiz o escriba los diálogos. Esa es una de las mayores fortalezas del bárbaro: sobrevive a todo. A los monstruos, a los hechiceros, a los imperios decadentes y también a los cambios de equipo creativo.
Panini continúa realizando un trabajo magnífico con esta Biblioteca Conan. Recupera una etapa de Dark Horse que durante años fue difícil de conseguir. Para quienes únicamente conocían al Conan clásico de Marvel, este volumen demuestra que el personaje siguió protagonizando historias de enorme calidad lejos de la Casa de las Ideas. Este tomo que contiene los números Conan: Road of Kings 1-12 y Conan the Barbarian 1-6 con traducción de Joan Josep Mussarra y multitud de extras como portadas dibujadas por Dale Keown, John Paul Leon o Karl Moline y un epilogo escrito por Roy Thomas.

Después de terminar de leer estas páginas volvemos a reconocer que Conan nunca ha necesitado complicarse la vida para resultar fascinante. Sus historias hablan de libertad, supervivencia, ambición, codicia, amor, traición y aventura en estado puro. Cambian los enemigos, cambian los escenarios y cambian los artistas, pero el espíritu permanece inalterable. Por eso, esta quinta «Biblioteca Conan: Las crónicas de Conan» es una lectura tremendamente disfrutable que combina el regreso de un maestro con una magnífica adaptación de uno de los relatos imprescindibles del bárbaro. Conan vuelve a demostrar que recorrer el Camino de los Reyes es peligrosísimo, sobre todo si eres uno de los pobres desgraciados que decide ponerse delante de él con una espada en la mano. La esperanza de vida en la Era Hiboria ya era reducida de por sí; cruzarse con el cimerio la convierte directamente en una anécdota estadística.
