Giallo #9: Pequeños viajes a grandes pesadillas

Al abrir la novena entrega de «Giallo» nos encontramos con una invitación a viajar. No es espera un viaje de placer, sino la amarilla travesía por el abismo de las seis historias que lo componen. Haciendo honor a su nombre, que es, como muchos ya sabéis, la forma con la que se denomina el terror y suspense a la italiana desde que Mondadori hiciera escuela en el país transalpino con sus novelas baratas sobre crímenes después de la segunda guerra mundial. Una sangrienta corriente que pronto bañó las salas de cine con esos clásicos de Mario Bava, Lucio Fulci y Dario Argento; y de la que Carlos María Porras dedica un breve y certero artículo en este magazine publicado por Leviathan Labs. Una cabecera por la que no pasa el tiempo, permaneciendo sus escalofríos latentes. Preparados a que cualquier amante del terror se asome a sus viñetas. Es pues momento de asomarse a estos pequeños viajes a grandes pesadillas. Unos que están a la altura de la contundente portada de Lorenzo Colangeli y que, con la fina precisión de aquel fino y célebre cirujano de White Chapel, pasaremos a diseccionar a continuación.

El periplo comienza con la segunda parte de «La amarga nevada«, de Giacomo Pitzalis y Luigi Porceddu, donde continua el amargo retorno del protagonista del relato a su tierra natal, añadiendo elementos más dramáticos si cabe al relato y dejando tras su paso la sensación de saber más sobre el destino del incauto protagonista. Señal de que esta historia seriada tiene los elementos necesarios para dejar huella. Aunque sea sangrienta y cruel…

La siguiente escala nos lleva al Mediterráneo, ese mar tan nuestro en el que tantas tragedias se han producido. Como la que nos cuentan Massimo Rosi y Riccardo Faccini con » Las hijas de Calíope«: un siniestro relato en el que lo mítico entronca con una tragedia humana propia de nuestros días: la de jugarse la vida por llegar a Europa. Por el camino, un ejercicio soberbio de síntesis y precisión, tanto argumental como gráfica, porque en apenas pocas páginas Rossi y Faccini nos llevan a uno de los siniestros clímax de esta entrega.

Esa es, quizá, una de las mayores fortalezas de esta cabecera: que sus relatos son efectivas muestras de terrores instantáneos. Ya sea por la capacidad de meter de lleno al lector en las dimensiones de pesadilla que albergan, ya sea por la sabia combinación de folclore popular con sangrientos golpes de efecto, cada uno de las historias sacuden con un escalofrío. Como «La última superviviente«, de Mario Moschera y Manuel Caringi. Un relato que lo mismo bebe del Giallo como abraza contundentemente lo slasher, pero en esta ocasión sin ningún tipo de salvación para nadie.

Tras estos sangrientos impactos, y con el acertado impasse que supone el artículo antes comentado de Carlos María Porras, continúa el menú de sustos con «Emergencia Sangre«, de Roberto di Leo y Elena Ominetti, donde presenciaremos el recorrido que llevará a cabo una ambulancia enfrentándose a los peligros de la noche. Esos que anhelan la sangre y harán lo imposible por alimentarse de ella…

Como se puede comprobar, en este terror en viñetas lo sangriento convive con el folclore popular. Muestra de ello es la siguiente parada de estos viajes por el terror: «Stigma Diaboli«, efectivo golpe de efecto de Massimiliano Grotti y Fabrizio Gallicia que entronca con la tradición popular sobre brujería y criaturas del averno. Tras ello, la última parada corresponde a «Los Abuelos», donde Daniel Custer y Alberto Cimadevilla juegan con el concepto freudiano de lo siniestro como inherentemente familiar. Oculto en parte, pero que cuando se desvela muestra el horror en toda su expresión, dejando una gélida sensación de escalofrío en el ambiente, de esas que eriza los poros de la piel.

La sensación que deja tras su lectura esta entrega es la mejor prueba de lo que aquí espera cumple con su objetivo: asomarnos al terror con efectivos relatos. Un terror que, aunque se muestre en viñetas en blanco y negro, tiene supurando en su tinta el «Giallo» del siniestro género italiano. Desprendiendo sus efectos conforme se recorren sus páginas, dejando huella y sustos tras su paso. Una huella amarilla, con sabor a sangre.. Ciertamente, el psicópata de la portada de este «Giallo #9» dibujada por Lorenzo Colangeli sonríe porque lo que guarda en sus páginas interiores es terror del bueno. Urgente y contundente. Como un buen susto.

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