Bone: Los scouts y las mostrorratas. Leyendas creciendo a cada página

Bone es una de esas series que parecen inmunes al paso del tiempo. Mientras otros cómics necesitan reinicios, eventos, portadas metalizadas o un héroe convertido en zombi para llamar la atención, Jeff Smith sigue demostrando que basta con un buen puñado de personajes carismáticos, una imaginación desbordante y un dominio absoluto del lenguaje del cómic. «Bone. Los scouts y las mostrorratas», publicado por Astiberri a todo color, no pretende competir con la epopeya principal, sino ampliar su universo desde un terreno mucho más juguetón, como si alguien decidiera contar las leyendas de un pueblo sentado alrededor de una hoguera mientras las salchichas se chamuscan y un monstruo espera pacientemente detrás del siguiente árbol.

Eso es exactamente este volumen: una colección de historias exageradas, imposibles y deliciosamente absurdas en las que Smiley Bone ejerce de narrador para un grupo de jóvenes scouts. Y, siendo Smiley quien cuenta los hechos, la frontera entre la realidad, el recuerdo y la fanfarronería desaparece antes de la segunda página. No estamos leyendo un documento histórico sobre los orígenes de Boneville. Estamos escuchando las aventuras del típico abuelo que asegura haber derrotado a un oso con una cucharilla de postre y que, además, consigue que todos los niños le crean.

El gran protagonista es Big Johnson Bone, ancestro legendario de la familia y responsable de fundar Boneville. Jeff Smith y Tom Sniegoski construyen alrededor de él una figura que mezcla explorador, héroe del folclore estadounidense y vendedor de humo profesional. Es una especie de Paul Bunyan con forma de Bone, capaz de sobrevivir a cualquier desastre natural, enfrentarse a mostrorratas gigantes, desafiar dragones y salir siempre victorioso gracias a una combinación de fuerza bruta, suerte sobrenatural y una autoestima que haría sonrojar incluso a Phoney Bone.

Lo divertido es que el propio cómic nunca termina de confirmar cuánto hay de cierto en estas historias. La exageración forma parte del ADN del relato. Cada nueva aventura parece más imposible que la anterior, y precisamente ahí reside buena parte del encanto. Son cuentos populares trasladados al universo Bone, donde la lógica importa bastante menos que provocar una sonrisa.

Esta edición también recupera y recolorea material que originalmente apareció en blanco y negro bajo el título «Estúpidas, estúpidas mostrorratas». El cambio resulta mucho más importante de lo que podría parecer. El color aporta una viveza extraordinaria a unos dibujos que siempre se han caracterizado por su claridad narrativa. Los bosques parecen más acogedores, los dragones más imponentes y las mostrorratas todavía más expresivas en sus constantes ataques de estupidez organizada. Porque sí, los monstruitos peludos siguen robando cada escena en la que aparecen.

Pocas criaturas del cómic consiguen ser tan amenazadoras y tan ridículas al mismo tiempo. Son monstruos capaces de sembrar el caos durante una viñeta para convertirse inmediatamente después en víctimas de su propia torpeza. Jeff Smith entendió hace décadas que el humor funciona mucho mejor cuando los villanos también participan en el chiste, y estas criaturas continúan siendo una de las mejores demostraciones de ello.

Uno de los mayores aciertos del tebeo consiste precisamente en ampliar la historia de Boneville sin convertirla en una lección de historia ficticia. No hay largas explicaciones ni cronologías innecesarias. Todo se descubre mediante cuentos populares, exageraciones y leyendas. Es una forma mucho más divertida de construir un universo que llenar páginas de información enciclopédica. Jeff Smith continúa demostrando por qué es uno de los grandes narradores gráficos contemporáneos. Su dibujo posee una limpieza casi insultante. Cada personaje transmite emociones con apenas unos pocos trazos. Sus composiciones resultan clarísimas incluso cuando la acción se vuelve caótica, y el ritmo cómico sigue funcionando con la precisión de un reloj suizo. Parece fácil hasta que uno intenta encontrar otro autor capaz de hacer lo mismo. Por eso, Bone sigue siendo un pequeño milagro. Los personajes, reducidos prácticamente a figuras blancas con ojos negros, poseen más personalidad que muchos héroes hiperdetallados del cómic moderno. Smith domina la expresividad corporal con una naturalidad extraordinaria. Basta una inclinación de cabeza o una ceja levantada para provocar una carcajada. También resulta admirable cómo adapta el tono según las necesidades del relato. Cuando toca aventura, los paisajes transmiten grandeza. Cuando llega el humor, la elasticidad de los personajes recuerda a los mejores cortometrajes de animación clásica. Ambas facetas conviven sin estorbarse jamás.

Es cierto que quienes busquen la intensidad dramática de la saga principal quizá encuentren este volumen más ligero. No pretende alcanzar la profundidad de los grandes momentos de Bone ni desarrollar conflictos complejos. Funciona como una pausa divertida, un regreso amistoso a un mundo que muchos lectores echaban de menos. Y precisamente por eso funciona tan bien. Además, sirve como magnífica puerta de entrada para nuevos lectores. Aunque conocer la serie principal multiplica la cantidad de guiños y referencias, cualquiera puede disfrutar estas aventuras sin sentirse perdido. El humor funciona por sí solo y la estructura episódica facilita una lectura muy accesible.

Astiberri presenta una edición muy cuidada que hace justicia al material original con la traducción de Rubén Lardín y Gonzalo Quesada. El color revitaliza estas historias y convierte esta recuperación en algo más que una simple reedición.  Se siente como una celebración del universo Bone y de todo aquello que convirtió la obra de Jeff Smith en un clásico moderno. Al final, «Bone. Los scouts y las mostrorratas» no intenta reinventar la rueda ni ampliar artificialmente una franquicia. Hace algo mucho más inteligente. Invita al lector a volver a sentarse junto a una hoguera para escuchar una buena historia. Quizá sea completamente falsa. Probablemente Big Johnson Bone jamás pegó al invierno para crear la primavera, ni derrotó él solo a media población de mostrorratas, ni hizo todas esas heroicidades imposibles. Pero, sinceramente, eso importa bastante poco. Las mejores leyendas nunca han necesitado ser verdad para resultar inolvidables, y Jeff Smith vuelve a recordarnos que, cuando un cómic sabe entretener con tanta naturalidad, la única reacción posible es dejarse llevar y disfrutar del viaje con una sonrisa permanente.

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