
El género negro es una de las constantes de los relatos populares. A lo largo de la historia, los relatos sobre crímenes siempre han estado allí. Desde la literatura y las novelas de folletín y los pulps, pasando por la pequeña y gran pantalla, alimentando el morbo por conocer el mal encarnado que representa un asesino. A su lado, un enigma por resolver acompaña estas tramas ya inmortales. Unas que, como no podía ser de otra manera, en las viñetas también han encontrado acomodo.
Dados los parámetros del noir, es difícil ser original. Incluso en las diversas ramificaciones argumentales y variaciones. A priori, parece un campo muy trillado donde está todo dicho. Pero de vez en cuando aparecen pequeños espacios de creatividad por cultivar. Donde sembrar una nueva historia que entronque con la tradición del género y aportar a su vez, por la forma en que es contada y los elementos que introduce, los rasgos suficientes para erigirse como un relato con nombre propio.

Es el caso del tebeo que hoy nos ocupa: “Cloroformo”, de Pablo Guarnido, editado este año por Cartem. Un ejemplo de que, cuando se tiene algo bueno que contar y se sabe como hacerlo, puede aparecer una historia de las que deja huella. Para corroborarlo basta por recorrer las apenas 72 páginas de esta “opera prima”. Una que mas que un debut, posee los rasgos de una obra de madurez. Tanto conceptual como plástica. La de Pablo, hermano del célebre Juanjo Guarnido, que con este nombre también se ha hecho un nombre propio en el mundo del cómic. Pablo ya ejerció como editor en la última década del siglo pasado del fanzine granadino «Crash», donde se hizo cargo de algunas páginas. Si bien su trayectoria profesional la dedicó a la docencia, los tebeos siempre han estado presentes en su vida. Tanto por la evidente presencia de su hermano, el gran Juanjo Guarnido, como por una afición y querencia propia.
Afición que, con el tiempo, devino en este «Cloroformo», donde Pablo lo ha fiado todo a un guion sólido, en el que nada sobra y que, desde el comienzo de la historia, mete de lleno al lector en un enigma por resolver a contrarreloj. Uno que sitia la acción seis años después de unas desapariciones que quedaron sin aclarar. Seis años después, un fortuito accidente va a desencadenar la posibilidad de resolver esos crímenes, la reunión de los dos policías que trabajaron en vano en el pasado y la urgencia de que, en apenas una noche, pueden dar con la clave del enigma. Uno que huele a cloroformo y supura ese halo siniestro que inunda a lo más oculto del alma.

Esos son los elementos que fluyen por estas viñetas, secuenciadas en un guion preciso y adictivo. De los que no se abandonan hasta concluirlos. De los que meten de lleno en la historia a quien se asoma a sus páginas. Con un dibujo funcional donde prima, ante todo, el relato. Donde la tensión va escalándose en una secuenciación de viñetas efectiva y la escala de grises empleada potencia lo mostrado. Así se erige “Cloroformo” dejando dos nombres propios tras su lectura. La de la obra en sí misma, por la huella que deja su excelente desarrollo y ejecución. Y también el de Pablo Guarnido, que con este trabajo ha dejado sobradas muestras de “savoir faire” para hacerse con un nombre propio en el mundo del cómic español.
