Polaris : más hostias que regalos

El ataque de los gamusinos caníbales politoxicómanos” esa frase aparece en este tebeo y si eso no te convence para comenzar a leer te dejaré otra cosa clara. Si eres de los que todavía creen que los Reyes Magos viven seis meses al año descansando después de repartir regalos y los otros seis preparando caramelos para la cabalgata, Jorge Villena en su web comic «Polaris» viene dispuesto a atropellar tu infancia con un camión cargado de ángeles y demonios. Porque aquí Melchor, Gaspar y Baltasar no llegan en camello siguiendo una estrella. Llegan repartiendo hostias como si hubieran cobrado un plus por cada criatura infernal enviada de vuelta al averno.

Polaris parte de una idea que, sobre el papel, parece una de esas ocurrencias nacidas a las tres de la mañana entre amigos: «¿Y si Melchor, Gaspar y Baltasar fueran cazadores de monstruos?». Lo sorprendente es que no solo funciona, sino que funciona condenadamente bien. Villena coge una de las tradiciones más reconocibles de nuestra cultura, la mezcla con folclore oscuro, terror sobrenatural, humor negrísimo y una cantidad obscena de violencia estilizada, y el resultado tiene más personalidad que muchas franquicias millonarias que llevan veinte años intentando parecer originales.

El mayor acierto del cómic es que nunca intenta justificarse demasiado. No pierde cien páginas explicándote por qué existen vampiros, demonios o gamusinos caníbales. Están ahí. Son un problema. Y los Reyes Magos llevan siglos solucionándolo con una eficiencia que haría llorar de emoción a cualquier funcionario de Hacienda. La suspensión de la incredulidad dura exactamente tres páginas. A partir de ahí aceptas que Gaspar puede destripar monstruos mientras un sapo parlanchín suelta comentarios que harían sonrojar a un camionero. Luego está Melchor. Probablemente uno de los Reyes Magos más alejados del imaginario tradicional. Aquí no reparte regalos tiene un aire de aristócrata que podría acabar con el mismísimo Thanos. Tiene esa mezcla de héroe perfecto, guerrero curtido y tipo al que claramente le han tocado demasiados turnos de noche luchando contra criaturas infernales. Es como si Geralt de Rivia hubiera crecido viendo 30 Monedas y un ángel le dijera que tenía que proteger a un chavalín en un pesebre. Y al final esta Baltasar con su problemas que es mejor no desvelar para no romper la gracias del tebeo.

Desde mi punto de vista, las comparaciones con la serie de Álex de la Iglesia son inevitables. Hay ese mismo gusto por mezclar religión, monstruos, violencia y humor absurdo sin pedir permiso a nadie. Pero Polaris no vive de copiar. Tiene identidad propia. Donde otros intentarían parecer profundos metiendo tres monólogos filosóficos sobre la fe, Villena opta por dejar que un demonio explote contra una pared mientras alguien hace un chiste de dudoso gusto. Y curiosamente funciona igual o mejor. El ritmo tampoco concede tregua. Aquí no existen esos capítulos donde los protagonistas se sientan durante cuarenta páginas a recordar su infancia mirando el horizonte con expresión intensa.

Por otro lado, el dibujo de Jorge Villena merece una mención aparte porque entra por los ojos con la delicadeza de una patada en una puerta. Su estilo tiene una energía brutal. Las escenas de combate transmiten movimiento constante, las criaturas resultan grotescas y fascinantes al mismo tiempo y la composición nunca pierde claridad pese al caos. Todo parece diseñado para que el lector pase la página diciendo: «A ver qué barbaridad ocurre ahora«. Y normalmente la respuesta es «una aún mayor«.  Además, el diseño de monstruos demuestra que Villena disfruta enormemente haciendo sufrir a sus personajes. Muertos vivientes, Ángeles que no son habituales en su forma, demonios de pesadilla, criaturas sacadas del folclore y engendros imposibles aparecen con una naturalidad insultante. Es como si hubiera abierto un manual de mitología, hubiera arrancado las páginas y hubiera decidido mezclarlas todas en una batidora llena de sangre.

El humor merece un aplauso porque jamás intenta caer bien. Es ácido, irreverente y muchas veces completamente cafre. No busca el chiste elegante; busca la carcajada culpable. Ese momento en el que te ríes y acto seguido piensas que probablemente no deberías haberlo hecho. Esa mezcla entre violencia exagerada y comentarios absolutamente fuera de lugar convierte muchas escenas en pequeños festivales de incorrección política perfectamente calculada. Lo mejor es que, detrás de toda esa gamberrada, existe un universo con muchísimo potencial. La idea de convertir a los Reyes Magos en guardianes secretos de la humanidad da para construir una mitología enorme. El cómic va dejando migas de pan sobre organizaciones, criaturas, enemigos y secretos que hacen que quieras seguir leyendo. No porque te obliguen con un final tramposo, sino porque realmente apetece explorar ese mundo.

También hay que reconocer que Polaris sabe perfectamente cuál es su público. No intenta contentar a todo el mundo. Si buscas introspección existencial de veinte páginas o personajes que solucionan sus conflictos hablando de sus sentimientos bajo la lluvia, probablemente te has equivocado. Aquí los problemas suelen resolverse con una espada, un hechizo con ratas expulsadas por uno de los orificios corporales. Y la verdad es que resulta bastante refrescante.

Al final, esta historia es exactamente lo que promete. Una mezcla imposible entre los Reyes Magos, el terror sobrenatural, la fantasía urbana, el humor más cafre y una cantidad generosa de mala leche. Es como si alguien hubiera metido el belén en una licuadora junto a 30 Monedas, unas cuantas películas de acción, un manual de criaturas mitológicas y un barril de sarcasmo. Contra todo pronóstico, el resultado no solo funciona, sino que tiene una personalidad arrolladora. Jorge Villena demuestra que todavía quedan autores capaces de coger una idea aparentemente disparatada y convertirla en un universo propio lleno de identidad. Y eso, en un mercado donde a veces parece que todo son versiones del mismo superhéroe con distinto peinado, vale su peso en oro. Así que olvídate de la cabalgata, de los caramelos y del carbón. Después de leer «Polaris», la próxima vez que veas a los Reyes Magos quizá te preguntes si debajo de esas túnicas esconden una espada encantada y una lista de demonios pendientes de ejecutar. Y, sinceramente, esa imagen mola muchísimo más que otra foto sujetando un niño llorando en un centro comercial.

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