Anarcoma: eterna transgresión


“A stiletto scrapes the pavement
Leaving a red streak of paint
Breaks a sweat upon the sailors
To them she is a saint
Tattoo on the muscle
That says
‘In love forever I’
She’ll take them and she’ll break them
Oh come hold me till I die”


Suena la voz de Marc Almond mientras inauguramos estas líneas. La canción, como no podía se de otra manera, es la que dedicó el artista británico a uno de los iconos del cómic underground barcelonés, “Anarcoma”, creado por Nazario allá por 1977 en las páginas de “Rampa”, cuyo salto cuantitativo hacia el gran público llegó años después con “El Víbora”. Desde entonces, su poder transgresor se mantiene inmaculado.

Cuando «El Víbora» vió la luz, se convirtió en la revista de cómics más provocadora de la joven democracia española, sabiendo combinar lo irreverente con viñetas de calidad más que contrastada. Ejemplo de ello es este detective travesti, una suerte de híbrido entre Humphrey Bogart y Lauren Bacall cuya impronta llega hasta nuestros días. No solo por el ser el primer travesti protagonista de una serie, sino por hacerlo de forma desenfada y totalmente hedonista.

“Anarcoma” fue el vehículo para que Nazario luque retratra el ambiente homosexual y transexual de aquella movida de Barcelona gestada mientras los cimientos de la dictadura se resquebrajaban. Una Barcelona en la que cabía de todo por las calles de la Rambla, el Raval y el Gótico. Entre la anarquía y la carcoma que todo lo corroe. Esa fue la intersección conceptual para bautizar y crear a este personaje ya inmortal, que bebió con descaro de todo lo que esas calles mostraban en sus noches. Calles peligrosas en las que la homosexualidad aún era un tabú social, pero que albergaban una fauna y flora tan propia del paisaje barcelonés como la estatua de Colón.

De ese contexto nacen estas viñetas. Unas que beben con la misma pasión de elementos propios de la ciencia ficción que del universo callejero homosexual. Donde lo prohibido y lo sórdido conviven. Donde la droga es un elemento más y el sida una palabra sin significado todavía. Ahí nació Anarcoma que de forma seriada dejó su figura andrógina como uno de los iconos que cruzó nuestras fronteras.


Años después, Nazario no pudo resistir los cantos de sirena de la pintura y se entregó a ella en cuerpo y alma, dejando atrás el cómic. Sin embargo, su “Anarcoma” sigue viva y Ediciones La Cúpula la recuperó en 2017 en la que es la edición definitiva que compila toda la obra gráfica completa relativa al personaje. El mundo, desde entonces, se ha hecho más pacato y conservador, pero, por suerte, “Anarcoma. Obra gráfica completa” acaba de conocer su cuarta edición, con una tirada de 1.200 ejemplares dispuestos a corroer nuevamente la estrechez de miras.

Con “Anarcoma”, Nazario no buscó reivindicar nada. Solo divertir a cualquiera que se asomara al personaje. Es obvio que no es un personaje para menores, pero si lo es para cualquier adulto, con independencia de sus gustos y costumbres. Solo hay que tener querencia por propuestas irreverentes y originales. Y de ambas iba bien servida la ciatura de Nazario. Por valiente e irreverente, es uno de los clásicos de nuestro tebeo. Por provocador y por derecho propio, “Anarcoma” es una sórdida y atractiva constante que merece la pena reencontrarse de vez en cuando y para siempre. Por gamberra y lúcida, pero también para rastrear como evoluciona el lápiz de Nazario en sus historias. Por todo eso, siempre es bueno que “Anarcoma” vuelva a las librerías, con su paso sórdido y decadente y la luz propia de quien hace lo que le da la gana sin pedir permiso. Libre de represiones. Por todo eso es eterna esta transgresión hecha cómic.


”Anarcoma, Anarcoma, Anarcoma
I could be yours
You could be mine”

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